Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tolerancia y Verdad
Eduardo García Gaspar
24 septiembre 2014
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Sucede con frecuencia. Lo hace quien quiere negar algo. androjo

Pero no cuando quiere afirmar otra cosa.

Es un extraordinario truco mental.

Produce comodidad y evita el esfuerzo mental. Hace poco encontré, de nuevo, este fenómeno.

Todo comenzó con algo que dije, que la libertad económica crea más riqueza para todos que los regímenes intervencionistas. Di algunas razones y hablé de algunos casos.

Nada realmente profundo, ni que no se sepa ya. La persona que me escuchó tuvo una reacción interesante.

“Bueno, todo es relativo, ésa es tú opinión y yo pienso lo contrario. Cada quien tiene su verdad y la mía es que el socialismo funciona mejor y es más humano, aunque respeto tu opinión”, me dijo la persona.

Su posición es fantástica y merece ser examinada en sus distintas partes.

La primera y más obvia es la del jabón: no había manera de agarrar y fijar a la persona en un punto para discutir. Se resbalaba de las manos y de iba de un sitio a otro.

Eso es muy cómodo. Permite abandonar discusiones sin sentir pérdida alguna y, lo mejor, sin tener que decir nada más.

La segunda es el mal uso de palabras. Me refiero a la confusión entre opinión y verdad. Las personas tenemos opiniones y ellas pueden o no coincidir con la verdad. Esto hace que opiniones opuestas no pueden ser ambas verdades (aunque ambas pueden ser falsedades).

Es un error de lenguaje el hacer equivalentes a las opiniones con las verdades. Uno de los errores de nuestros tiempos, el de dar a las palabras la definición que más convenga.

Otra parte de la posición de esa persona es la contradicción en la que cae. Afirma ella que cada quien tiene su verdad, pero al mismo tiempo hace una afirmación que toma como absoluta.

Cree sin duda que todo es relativo, lo que crea un problema: si todo es relativo entonces también lo es esa afirmación y todo termina en un galimatías incomprensible.

Cuarto, en esa posición existe un profundo desprecio por la verdad. No importa cuál sea, ni cómo llegar a ella. Todo lo que importa es la opinión personal, la que sea, aunque sean distintas u opuestas.

Esto presenta un problema de solución o coexistencia de opiniones variadas y contrarias.

¿Cómo solucionar esa rivalidad entre opiniones sin recurrir a la búsqueda de la verdad?

La solución es ingeniosa y consiste en decretar a la tolerancia como el mecanismo que permite la coexistencia de opiniones opuestas. Es decir, se declara como valor máximo a la tolerancia.

La tolerancia convertida en respeto a la opinión ajena, ya no requiere conocer si las opiniones con correctas o falsas. Todas son simplemente equivalentes y dignas de igual respeto.

El punto tiene consecuencias. Una en especial es fascinante. ¿Puede convivirse en una sociedad en la que todas las opiniones son verdad?

Me parece un imposible subsistir en un medio ambiente en el que errores, falsedades e inexactitudes son tomadas como verdad.

Puesto de otra manera, la sociedad en la que la verdad no es respetada y buscada se debilita al socavar las reglas más mínimas de comportamiento. Cualquier conducta sería digna de respeto, por falsa y extrema que pueda ser.

Las cuatro partes en las que he examinado la posición de la persona ilustran un caso de la mentalidad progresista de nuestros días.

Uno de sus rasgos centrales es el abandono de la búsqueda de la verdad, tomando a la tolerancia como el mecanismo que la sustituye.

La consecuencia es el debilitamiento del ánimo que valora el uso de la razón y el enriquecimiento mutuo que producen las argumentaciones sólidas. Sin ese esfuerzo y sin las tensiones que así se crean, las personas se vuelven perezosas e inhábiles, seres fácilmente presas del pensamiento uniforme y temerosas de tener convicciones.

Cuando se abandona la creencia en la verdad, la vida se convierte en una selección de la mentira de moda bajo la cual se vivirá. Bajo estas circunstancias, no hay posibilidad de defender nada.

Es el mundo de pesadilla creado en la canción Imagine: imagina que nada exista por lo que valga la pena luchar.

Es cuando resulta un deber, por impopular que sea, recordar algunas ideas. José María Barrio las ha expresado muy bien:

“Si algo es verdad lo es con entera independencia de lo que diga yo, o quien sea… Quien está convencido de que algo es verdad, de lo primero que está convencido es que, si eso es verdad, lo es con absoluta independencia de que él lo diga”

Por lo tanto, acusar de soberbio a quien piensa que está en la verdad no es nada más que una falacia ad hominem. Una falacia que se revierte a quien la usa, porque también puede ser acusado de lo mismo.

Al final, mi punto es la preocupación que causa el abandono de la verdad y su sustitución con la idea políticamente correcta y destructivamente peligrosa de la tolerancia indiscriminada.

Post Scriptum

La cita es de Barrrio Maestre, J. M. (2011). Gran Dictadura. Anatomía del Relativismo. Madrid: Ediciones RIALP.

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