Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Asunto de Espacios
Eduardo García Gaspar
13 octubre 2014
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


Es un tema de zonas, de áreas. androjo

No solo de recursos, sino de extensiones y lugares. De sitio y cabida.

Me refiero al gobierno y el lugar que ocupa.

Conforme ocupe más espacio, menos lugar habrá para el ciudadano.

Como una ley física: dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo.

Comencemos por lo más obvio, el dinero. Conforme más dinero tome el gobierno de los bolsillos de los ciudadanos, menos tendrán ellos para gastar. Es una transferencia en la que la opción es la obvia: el dinero que gana el ciudadano lo puede gastar él mismo, o lo puede gastar el gobierno.

Los extremos ayudan a entenderlo. En una situación de impuestos con tasa de 0%, los ciudadanos mantienen en sus bolsillos todo lo que producen. Del otro lado, con una tasa de impuestos del 100%, el gobierno gasta todo lo que produce el ciudadano. No hay otra posibilidad.

Pero lo que bien vale una segunda opinión es llevar esa misma idea a otro plano, el de los espacios y lugares.

Conforme más funciones se adjudique el gobierno, menos campo de acción habrá para los ciudadanos. Conforme más regulaciones establezca, menos margen de acción tendrán las personas.

Es un asunto de quién hace qué. Y cuanto más cosas asuma el gobierno para sí mismo, menos podrá hacer el ciudadano. No es ideológico, es mero sentido común.

Cuanto más haga el gobierno, más poderoso será y, por su parte, el ciudadano será puesto de lado, como alguien que hace cada vez menos.

Margaret Thatcher lo ha expresado bien:

“… el Estado no es el creador de una sociedad sana. Cuando el Estado se hace demasiado poderoso, la gente piensa que cada día cuenta menos. El Estado exprime a la sociedad, no solo su riqueza, sino sus posibles iniciativas, su energía, su voluntad de mejorar, innovar y conservar lo que es mejor”.

La palabra clave es exprimir. Puede verse con la misma lógica que antes, examinando los extremos.

En uno de ellos, no hay gobierno y corresponde a los ciudadanos hacer todo, el 100% de las cosas que haría el gobierno. Del otro lado, se tendría una situación en la que a través del gobierno se hiciera todo y los ciudadanos nada.

Extremos que ayudan a entender que ya en la realidad, sucede lo mismo: el espacio que ocupa el gobierno es el espacio del que sale el ciudadano. Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo.

Si el gobierno tiene el monopolio de la producción de electricidad, ese espacio no puede ser ocupado por el ciudadano que quiera producirla.

Las cosas pueden ser complejas en la realidad. Por ejemplo, como en México, el gobierno ocupa el espacio educativo al que no puede entrar el ciudadano. Este puede poner escuelas privadas, pero el estado tiene una defensa, la de dar educación gratuita para el estudiante (que otros pagan mediante impuestos).

O, también sucede con alta frecuencia, que los espacios que puede ocupar el ciudadano son llenados por los gobiernos con obstáculos y dificultades, como reglas, leyes e impuestos, que tienen el efecto neto de disminuir espacios para el ciudadano.

En resumen, recursos que toma el gobierno son recursos que pierde el ciudadano. Espacios que ocupa el gobierno son espacios que pierde en ciudadano. Es un juego similar al de suma cero, lo que uno gana el otro pierde.

Una vez entendido esto, veamos el efecto que tiene la pérdida de espacios ciudadanos.

Se pierden esos espacios, pero no solo ellos, también todas las iniciativas, las ideas y las contribuciones que la gente podría haber hecho en tales espacios. Es una pérdida de capital humano, un desaprovechamiento de talento.

Un desperdicio notable. El más amplio dispendio en el que pueda pensarse. Es tirar recursos por la ventana creyendo que el gobierno puede hacerlo todo mejor que todos.

Esto es lo que lleva a una norma de proporcionalidad: pasando un cierto límite de funciones estatales aceptables, cada invasión gubernamental de espacios que corresponden al ciudadano es un freno a la creación de prosperidad.

Es decir, los regímenes en los que el gobierno desplaza al ciudadano progresan menos que esos en los que los gobiernos dejan espacios en los que las personas tienen libertad de iniciativa.

No es esto un tema de preferencia ideológica, es simplemente una realidad de mero sentido común. Otra de las evidencias en contra del estado de bienestar y el intervencionismo estatal.

Post Scriptum

La cita está en Aguirre, E. (2009). Discursos Para la Libertad. Madrid: CiudadelaLibros.

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