Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Derecho, Dos Visiones
Eduardo García Gaspar
29 septiembre 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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La expresión tiene peso. Se le valora. androjo

Y, sin embargo, es un tanto inútil. Puede significar varias cosas.

Por eso no tiene gran utilidad en las conversaciones.

Ni en los diálogos. Me refiero a “derechos humanos”.

El punto bien vale una segunda opinión.

Veamos un ejemplo, el “derecho al trabajo”. Suena bien, adorna discursos, recibe aplausos. Pero bien a bien no tiene significado específico. Y eso se sabe desde hace tiempo. Más de 150 años, al menos.

Tocqueville lo explicó en 1849 así. Una manera de entender el derecho al trabajo…

“… puede ser que el Estado trate de dar a todos los trabajadores que se lo pidan el empleo de que carecen, con lo que se convertirá poco a poco en empresario… se verá conducido inevitablemente a ser el principal y pronto único empresario…”

Hay otra manera de entender el derecho al trabajo:

“… si no quiere dar trabajo por sí mismo y con sus propios recursos a todos los obreros que se lo pidan, sino obligar a los particulares a que se lo den, entonces se ve fatalmente arrastrado a esa minuciosa reglamentación de la industria…”

Eso sucede cuando el derecho al trabajo se ve como un reclamo general, absoluto, imposible de ignorar y obligatorio.

Es la visión del reclamo con obligación de satisfacer. Y esas dos formas de satisfacerlo implican el crecimiento gubernamental. Para dar empleo él mismo, o para obligar a otros que lo den.

Pero, si pensamos diferente y no salimos de la caja en la que nos ha metido el entender derechos como reclamos, podremos tener un mejor panorama.

¿Qué sucede si dejamos de entender a los derechos humanos como reclamos y los vemos como libertades?

En este caso, por ejemplo, hablaríamos de la libertad de trabajo, no del reclamo de empleo. La cosa cambia drásticamente.

Presenta la oportunidad para que la persona decida no trabajar. Puede ser que por el contrario, decida trabajar como empleado, obrero; o bien pruebe su suerte abriendo una empresa.

La cosa es ya muy diferente cuando se ven libertades. El papel gubernamental cambia notablemente.

Mientras que en el caso anterior, el gobierno es una agencia de colocación obligatoria, en este caso es un guardián de la libertad de trabajo, penalizando a quienes la obstaculicen indebidamente.

Esta idea puede ser ilustrada, quizá mejor, en el caso de las opiniones.

Si se entiende como libertad de expresión, que es la frase acostumbrada, eso significa decidir o no expresarse; y, más aún, decidir o no atender las expresiones de otros. Si eso fuera entendido como derecho a la expresión, las cosas serían diferentes.

Podría entenderse como la obligación a expresarse y la obligación a ser escuchado. En la práctica, usted estaría forzado a leer, por ejemplo, todos los libros y revistas. Más o menos lo mismo que la obligación de trabajar y de dar empleo en el caso anterior.

Mi punto, me parece, es claro. La expresión de “derechos humanos” es confusa en sí misma y puede llevar a distintas acciones.

Cuando se entiende, como en la actualidad, como un reclamo que debe satisfacerse, ella produce un gobierno inflado cuya responsabilidad es satisfacer tales reclamos,

Pero cuando se entiende como libertad, el papel del gobierno se concentra en reconocer y hacer respetar tales libertades.

En nuestros tiempos de demasiada televisión y poca reflexión, es costumbre establecida que los derechos se entiendan como reclamos que deben ser satisfechos por el gobierno mismo o por medio de su intervención. Un caso es claro.

Se instruye a las nuevas generaciones, en las escuelas, que tienen derechos sexuales y que ello significa que deben reclamar información al respecto, al igual que métodos anticonceptivos y similares.

Y que la sociedad debe satisfacer esos reclamos. Por supuesto, “sociedad” significa un gobierno que usa fondos públicos para ese fin.

Con una consecuencia que suele ser pasada por alto. Suceden muy distintas cosas dependiendo de cómo sean entendidos los derechos.

Si la gente los comprende como reclamos, ella se enseña a demandar, exigir y solicitar. Su actitud es pasiva, la de esperar a que le sean satisfechas sus solicitudes.

Ese es todo el esfuerzo que está dispuesta a hacer. En caso extremo, saldrá a la calle a protestar. No hay en esta posición el menor asomo de responsabilidad.

Si la gente comprende a los derechos como libertades, no toma el hábito del reclamar, sino la virtud del esfuerzo personal, del trabajo y la disciplina.

Sabrá que si quiere lograr algo, será ella la que tenga que intentarlo y que no lo recibirá sin esfuerzo. Y se dará cuenta de que existe la responsabilidad.

Post Scriptum

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La cita es del discurso de A. de Tocqueville el 12 de septiembre de 1948, en la Asamblea Constituyente de Francia. Tomado de Aguirre, E. (2009). Discursos Para la Libertad. Madrid: CiudadelaLibros,

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