Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Estado de Negociación
Eduardo García Gaspar
8 diciembre 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El caso es clásico. Vuelve a demostrarse que hay más en el fondo que en la androjosuperficie.

Y a mostrar, de nuevo, que la superficie es llamativa.

Me refiero a la situación mexicana actual: problemas de inseguridad y problemas de inquietud.

Comencemos por un suceso simple.

La noticia reportó que “… el presidente Peña Nieto sostuvo que la corrupción que prevalece en México ‘es un asunto de orden cultural’ que no es privativo de nuestro país” (El Universal, 8 septiembre 2014).

La afirmación del presidente dio lugar a críticas. Fue interpretada, por ejemplo, como “…no sólo da, de manera subliminal, luz verde a actos de corrupción. Su frase va más allá: los consiente, los explica y hasta los justifica” (sinembargo.com, 27 septiembre 2014).

En realidad, no. Pensar que la corrupción es parte de los usos y costumbres del país, no significa aprobarla, sino solo proponer una idea. Decir que los sacrificios humanos de los aztecas eran parte de su cultura no implica aprobarlos.

De eso, que sucedió en septiembre, regresemos al este momento. Hace unos días, un conferencista presentó una idea genial.

Después de hacer una breve descripción histórica del sistema político mexicano, concluyó que efectivamente la corrupción ha sido parte de los usos y costumbres durante siglos. Nada nuevo hay en la corrupción actual.

La forma de expresarlo estuvo ligada a la idea de Estado de Derecho, ese sistema republicano de leyes e instituciones, en oposición a un Estado de Negociación entre facciones, un sistema de acuerdos entre partes por fuera de la ley.

Es decir, México no ha tenido un Estado de Derecho, lo que tiene es un Estado de Negociación.

Y eso significa que existen leyes pero que no se aplican realmente. Por ejemplo, las demostraciones en las calles son ilegales cuando bloquean vías de comunicación, pero se toleran y protegen. O bien, se negocia con sindicatos aunque los acuerdos sean ilegales y signifiquen impunidad.

El país no ha tenido un Estado de Derecho, lo que tiene es un Estado de Negociación. Y eso es lo que se ha tenido por siglos, sea durante el virreinato, o durante las etapas siguientes de independencia y revolución, con sus luchas por el poder.

La realidad puede verse: el aprovechamiento inmoral de las posiciones políticas ha sido una constante.

Y en este sentido, el presidente tiene razón, es un asunto cultural. La realidad tiene sus consecuencias. En la superficie, por supuesto, lo llamativo concentra toda la atención.

Una y otra vez, he visto que las personas se quedan en las críticas del asunto de “la casa blanca y la esposa del presidente”… como si el problema se concentrara en esos hechos y en esas personas.

Esos usos y costumbres, mucho me temo, están enraizados por todas partes y más allá de lo que sospechamos. Quienes forman las fuerzas de protesta por el asesinato de los estudiantes en Ayotzinapa, no están exentos de tales costumbres: desprecian las instituciones y las leyes y entran al proceso de negociación con exigencias.

El vandalismo en el centro histórico de Oaxaca es un ejemplo de esa mente que capitaliza una tragedia en beneficio de su propia posición negociadora, el de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Y llega a reclamar la renuncia del presidente.

Todo esto y muchas cosas más muestran esa costumbre de negociación fuera de la ley.

Y, cuando la negociación fracasa, el resultado es violento sin realmente posibilidad de aplicar la ley. Peor aún, aplicarla, para muchos, equivaldría a violar derechos humanos, una forma de pensar que es al menos curiosamente distorsionada.

Me parece que el punto central es claro. Tenemos en este país un Estado de Negociación, no un Estado de Derecho.

En esto se resume la genial idea del conferencista. Genial porque explica mucho de lo que sucede y que tiene un síntoma visible en esa mentalidad de sentar en una “mesa de diálogo” a quienes han violado la ley con claridad.

El Estado de Negociación, me parece, es mucho menos estable que el Estado de Derecho. El primero tiene crisis frecuentes ocasionadas por la fallas que se presentan en los desacuerdos entre partes.

Por ejemplo, sindicatos que pierden privilegios, como en el caso de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y el conflicto posterior con su sindicato.

Comencé hablando del riesgo de perderse en la superficie y, por ejemplo, concentrarse en creer que el problema es solo presente y tiene remedios sencillos, como la renuncia de un presidente o una nueva constitución o un gobierno de reconstrucción nacional.

Post Scriptum

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Me parece en extremo superficial, aunque natural, la conducta de quienes se concentran en el el tema de “la casa de la Gaviota”, con memes, videos, chistes, twitts y demás.

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