Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Nirvana Parcial
Eduardo García Gaspar
9 julio 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay algo llamativo en la liberación. androjo

Como una especie de estado de felicidad posible solo en romper yugos.

En el deshacerse de creencias y poner todo de lado.

Hay algo de nirvana occidentalizado en esto.

La ausencia de ataduras de todo tipo. Como una felicidad en la nada.

Hay rasgos específicos en esta tendencia a la liberación personal: liberarse de la religión y la moral, quedar libre de sus ataduras; de las órdenes de los todos los que intentan proponer reglas de conducta, de las tradiciones, de lo socialmente aprobado.

Todo eso es interpretado como opresión indebida.

La palabra es clave para comprender mejor el fenómeno, “liberación” es muy diferente a libertad.

Porque vista como valor, la libertad es algo digno de defender, un concepto complejo que implica obligaciones y reglas de convivencia. Incluso, la libertad es una idea religiosa, cristiana, que lleva a consecuencias personales gigantescas.

La liberación, por otro lado, es un concepto crudo, irreflexivo. Algo que con una facilidad pasmosa se convierte en la justificación de la comodidad pasiva: la renuncia de la responsabilidad, el rechazo de todo sentido de deberes, al abandono de toda regla de conducta.

Este nirvana de liberación tiene un aliado poderoso en un fenómeno muy de nuestros tiempos, los derechos sociales.

Es gracias a ellos que la pasividad de la liberación puede mantenerse: esos derechos son reclamos legales que se implantan sin que ellos tengan la menos dosis de obligación ni responsabilidad.

El liberado de normas, tradiciones, reglas, valores, desarrolla entonces una posición paradójica.

Al mismo tiempo que se siente liberado cae en una posición de alta dependencia. Pasa a ser un dependiente estatal, alguien que sintiéndose que nada lo detiene ni obliga, resulta ser un subordinado del gobierno.

Porque es el gobierno el que concede esos derechos sociales sin requerir obligaciones personales derivadas del derecho. Pero es el gobierno el que crea esa curiosidad mental, la de derechos sin obligaciones. Y de ese artificio legal depende la liberación.

Un caso claro es el de la liberación sexual, la que se entiende como el reclamo a ser promiscuo sin enfrentar consecuencias ni aceptar obligaciones. Las distribuciones estatales de condones y anticonceptivos, la legalización del aborto, retira las consecuencias y costos que antes implicaría la actividad sexual sin freno.

No es el único caso la liberación sexual, aunque quizá sea el más visible. Incluso hay, por ejemplo, liberación del trabajo, cuando se paga seguro de desempleo o se impide el despido por trabajo mal hecho.

La obsesión con la liberación tiene un caso interesante en el derecho a la opinión personal y al ser escuchado, sin que ello requiera la más mínima preparación ni uso de la razón. Pero la mayor liberación de todas es la liberación con respecto a la verdad.

Parece como si la vieja frase de “la verdad os hará libres” haya pasado a ser “la verdad os hará esclavos” y se quiera dejar entonces a la atadura que representa el creer en la existencia de la verdad.

Una situación curiosa porque la verdad es al final de cuentas la última y mayor defensa de la libertad.

Es esto lo que hace también a la liberación una mentalidad paradójica: creyendo que se está libre de todo, en realidad se acaba siendo un siervo de todo, del gobierno, de la opinión estándar, de la moda intelectual. Un siervo de la irresponsabilidad que lleva a la exaltación de impulsos y pasiones a las que se adjudica el papel de liberadoras.

La liberación, por último, piensa ser la forma en la que se sale de las opresiones, de las frustraciones que vienen de reglas, valores, responsabilidades y obligaciones.

Su origen quizá pueda ser explicado en una de las dualidades claves de nuestros tiempos, la de opresores-oprimidos.

Si las responsabilidades de hijos oprimen la actividad sexual, es bueno liberarse de ellas. Igual para el resto.

Si oprime la idea de enfrentar la verdad, nada es mejor que liberarse de ella. la posición es primitiva, cruda, imprudente, pero resulta cómoda y se presta a frases contagiosas que se vuelven reglas políticamente correctas.

En resumen, lo que he hecho es al final de cuentas una defensa de la libertad al separarla de algo con lo que suele ser confundida con frecuencia, la liberación al estilo de un nirvana occidental en el que hay una ausencia total de responsabilidades, pero donde no se abandonan los deseos, al contrario.

Post Scriptum

Creo que debo agregar un elemento adicional de la liberación así entendida es una buena porción de la mentalidad progresista de nuestros días, en la que el vacío moral que deja la liberación de obligaciones es llenado por el intervencionismo moral del gobierno, donde las responsabilidades únicas aprobadas son sociales y de terceros.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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