Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Sociedad Libre
Selección de ContraPeso.info
1 junio 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: AmaYi
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La definición de una sociedad libre y los elementos que la forman son complejos y están relacionados entre sí. Comprender esto evita el error de la abstracción.

Cuando alguien dice “luchar por la Libertad”, eso es abstracto y contiene dosis de propaganda. Se necesita más que esa vaguedad, como en este caso, examinar rasgos de lo que se considere un Estado Libre.

No a la libertad personal que puede encontrarse incluso dentro de regímenes totalitarios, sino al tipo de sociedad que tiene una estructura que se acomoda a la defensa de tradición de la libertad. Más a fondo aún, a la mentalidad de la gente que crea esa sociedad.

La idea fue encontrada en la obra de Minogue, K. (2001). The Liberal Mind. Liberty Fund, pp. 145-155.

Estudiar a la libertad podría ser igual a la enumeración de realidades sociales y políticas; o bien al razonamiento sobre su naturaleza para la elección de elementos que permitan entenderla.

Estudiar a la libertad es una tarea compleja porque quien lo hace, suele tener un sesgo a su favor. Tiene interés en promoverla. Las situaciones históricas muestran cómo fue alcanzada, pero no lo que es.

De aquí surge la propuesta de Minogue: examinar la Oración Fúnebre de Pericles, donde existe la “primera formulación” de una sociedad libre.

Hacer eso es igual a ver lo que hacía a Atenas distinta y grande. Características no tanto políticas, sino morales y relacionadas unas con otras.

La primera de ellas, el valor, pero uno entendido como el punto medio ente cobardía y temeridad. No es el valor que se tiene frente a un enemigo, sino la manera en la que se actúa frente a una crisis o emergencia nacional.

En esas ocasiones, puede reaccionarse de dos maneras distintas. Una, la reacción tribal, cuando la gente actúa como un organismo y único, bajo el mando de un líder. El autor habla de, por ejemplo, la reacción popular en Japón y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

La otra reacción es un rompimiento social, la desintegración de instituciones y personas que solo persiguen la supervivencia, y donde todos desconfían de todos, al estilo de Francia en 1940.

En una sociedad libre se reacciona de otra manera, difícil de describir. En ella la emergencia nacional produce unión social pero también hay continuidad en la individualidad. No se cae ni en la incredulidad ni en el fanatismo.

Un “inusual consenso de opinión sobre las prioridades”, escribe Minogue, sin que se cree una “devoción ciega” de los objetivos. Esto se percibe: la sociedad libre no sufre cambios fuertes debido a la emergencia nacional, ni en su estructura ni en sus costumbres. Es una sociedad muy flexible, como Gran Bretaña entre 1939 y 1945.

Eso lleva a otra forma de entender al valor o la valentía, como una forma de conocimiento. En otras palabras, racionalidad, la que aleja de las otras reacciones posibles en una emergencia nacional: no se cae ni en las pasiones ciegas ni en el deseo fanático de seguridad. Es la diferencia entre pasión y razón.

Una combinación de valor y tolerancia, que se percibe en la sociedad que vive la emergencia, a la que enfrenta pensando, razonando, con capacidad de tomar decisiones. Es cooperación libre.

Hay un elemento que es vital para la cooperación libre, dice Minogue, el respeto a la verdad. La emergencia nacional, la prisa con la que quiera atenderse, podrá distorsionar a la verdad. Si el objetivo es hacer algo antes que entender, la realidad será ignorada.

Es lo que sucede en los regímenes totalitarios, que sobreviven alimentados por crisis nacionales y cimentados en creencias irreales que no pueden ser cuestionadas.

La verdad y el respeto que se le tenga no es tan simple como una acción voluntaria. Sí es una actitud general y es parte de una larga tradición de hacerlo. Una situación en la que existen personas e instituciones que no sucumben a los esfuerzos que puedan hacerse para suprimir la verdad.

Esto describe muy bien a la sociedad libre. La universidades y su independencia caracterizada por la búsqueda de la verdad, más otras instituciones autónomas, libres de influencia gubernamental, son vitales. Es una especie de actitud valorada, que es enemiga de dogmas mantenidos y manifestada en un amplio número de organismos independientes.

La situación opuesta niega a la sociedad libre. Donde existe influencia estatal en las instituciones, universidades, religiones, asociaciones, no hay ese rasgo de respeto a la verdad.

Asociada con el respeto de la verdad, manifestada en independencia institucional privada, está otra cualidad moral de la sociedad libre, la tolerancia. Es otro producto de la tradición y no una acción voluntaria.

Es ser respetuoso de otros, respetando libertades, pero comprendiendo que se vive bajo la ley. Es lo opuesto al enfrentamiento nacional de opiniones fanáticas que no dejan a la autoridad otra opción que suprimirlas o ser destruido.

La difícil distinción entre lo público y lo privado, sin embargo, otorga un espacio a la privacidad individual, donde los gobiernos tienen poca posibilidad de entrar.

Son estas cosas que describen el carácter de las personas y definen a su sociedad. Son las que muestran la forma de ser de la persona libre, la que decide en situaciones de libertad. La decisión tomada muestra el carácter de quien lo ha hecho, como cuando abiertamente se asume una posición clara frente a otros.

Estas deliberaciones que llevan a decisiones que ilustran el carácter personal, pueden clasificarse en cuatro categorías, dice Minogue:

• La deliberación que hacen los filósofos, analizado un problema moral.

• La deliberación que hacen las personas comunes y que resuelven problemas morales de manera intuitiva, quizá impulsiva, sin seguir un proceso de análisis disciplinado.

• La deliberación inmediata, en la que el problema y su solución son simultáneos, antes de siquiera saber del problema.

• La deliberación inexistente, un caso especial, en el que se rehuye el problema debido al disgusto que acarrearía su deliberación. Ya no se razona, sino que se acepta, por ejemplo, una solución tribal.

En una sociedad libre, con gran variedad de instituciones autónomas, las personas enfrentan decisiones continuas sobre lo que deben hacer. Así desarrollan habilidad para deliberar y resolver los problemas que enfrentan.

Desde la niñez, en la enseñanza y en la vida diaria, se aprende esa habilidad. La enseñanza ortodoxa no evita la exposición a otras ideas, logrando una educación neta que no “sucumbe a la histeria” con facilidad y, por eso, tampoco a una ortodoxia inflexible.

Una sociedad de este tipo confunde a la persona que no tiene costumbre de deliberar y que prefiere un sistema que le facilite el colocar a cada persona en una posición única e invariable. Algo que no puede hacerse en una sociedad que no admite juicios sustentados en variedad de posiciones y funciones.

En una sociedad libre, las personas tienen menos una posición especializada que una versátil. Tienen movilidad y no una posición social fija. La palabra que los describe es “independientes”, lo que les hace posible organizarse por sí mismos y recelar de quienes sean que quieran dominarlos.

Otra faceta del carácter moral del independiente, su disgusto frente a la sumisión a otros, pero también ante la sumisión de otros. Ni dominar ni ser dominado. Una posición que regresa a la idea de la tradición que respeta a la verdad.

Es el interés en saber más, en conocer cómo es la realidad y no la intención de hacer que las cosas se acomoden a una idea preconcebida. Es el respeto a la verdad que puede chocar con las ideas propias acerca del mundo e influye en la manera en la que se trata a otros

En una sociedad libre se tendrá la “proliferación de instituciones y asociaciones creadas por grupos de gente”, sea para fines concretos o permanentes. Una manera de manifestar interés en asuntos públicos y asuntos de derechos. Algo que se aprende y con lo se experimenta. En una sociedad no libre, es el gobierno quien asume las iniciativas de esas organizaciones.

Examinar la idea de una sociedad libre permite distinguir entre el combate que busca la libertad y otra cosa muy distinta, crear las condiciones que sirvan para hacer que la defensa de la libertad sea una costumbre establecida. Una tradición de la sociedad misma.

Sucede que tener deseos de libertad tiene muchos significados. Puede significar la búsqueda de autonomía e independencia personal, pero también “la fantasía” de la liberación de todo límite a la conducta. O incluso, la libertad nacional, por la que al final suele imponerse el elemento nacionalista sobre el de la libertad.

Hablar de una sociedad libre usualmente significa afirmar que en ella existe libertad de expresión, elecciones políticas, presunción de inocencia en juicios y otras instituciones. Es cierto, pero no es todo, queda por resolver qué es lo que hace posible a esas manifestaciones de una sociedad libre.

Una sociedad libre no solamente puede ser la enumeración de esas instituciones, también debe incorporarse “el tipo de conducta que está lo suficientemente extendido entre todas las clases de la población (pero especialmente las clases políticas) como para permitir y mantener instituciones libres”.

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

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