grandes ideas

¿Qué es una sociedad libre y qué características tiene? Una en la que se ha desarrollado una tradición que va más allá de solo tener las libertades estándares. Una mentalidad que tiene rasgos especiales.

Introducción

La definición de una sociedad libre y las características que la forman son complejas y están relacionadas entre sí. Comprender esto evita el error de demasiada abstracción.

Cuando alguien dice «luchar por la Libertad», eso es abstracto y contiene dosis sospechosa de propaganda. Se necesita más que esa vaguedad, como en este caso, examinar rasgos de lo que se considere una sociedad libre.

No a la libertad personal que puede encontrarse incluso dentro de regímenes totalitarios, sino al tipo de sociedad que tiene una estructura que se acomoda a la defensa de tradición de la libertad.

Más a fondo aún, a la mentalidad de la gente que crea esa sociedad.

La idea fue encontrada en la obra de Minogue, K. (2001). The Liberal Mind. Liberty Fund, pp. 145-155.

Punto de partida

Estudiar a la libertad podría ser igual a la enumeración de realidades sociales y políticas. O bien al razonamiento sobre su naturaleza para la elección de elementos que permitan entenderla.

Examinar a la libertad es una tarea compleja porque quien lo hace, suele tener un sesgo a su favor. Tiene interés en promoverla. Las situaciones históricas muestran cómo fue alcanzada, pero no lo que es.

De aquí surge la propuesta de Minogue: examinar la «Oración Fúnebre» de Pericles, donde existe la «primera formulación» de una sociedad libre.

Las características de una sociedad realmente libre

Hacer eso es igual a ver lo que hacía a Atenas distinta y grande. Características no tanto políticas, sino morales y relacionadas unas con otras.

1.Valor o reacción ante crisis

La primera de las características de una sociedad libre es el valor. Pero uno entendido como el punto medio ente cobardía y temeridad. No es el valor que se tiene frente a un enemigo, sino la manera en la que se actúa frente a una crisis o emergencia nacional.

En esas ocasiones, puede reaccionarse de tres maneras distintas.

• Una, la reacción tribal, cuando la gente actúa como un organismo y único, bajo el mando de un líder. El autor habla de, por ejemplo, la reacción popular en Japón y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

• La otra reacción es un rompimiento social, la desintegración de instituciones y personas que solo persiguen la supervivencia, y donde todos desconfían de todos, al estilo de Francia en 1940.

• En una sociedad libre se reacciona de otra manera, difícil de describir. En ella la emergencia nacional produce unión social pero también hay continuidad en la individualidad. No se cae ni en la incredulidad ni en el fanatismo.

Un «inusual consenso de opinión sobre las prioridades», escribe Minogue, sin que se cree una «devoción ciega» de los objetivos.

Esto se percibe: la sociedad libre no sufre cambios fuertes debido a la emergencia nacional, ni en su estructura ni en sus costumbres. Es una sociedad muy flexible, como Gran Bretaña entre 1939 y 1945.

2.Racionalidad

Eso lleva a otra forma de entender al valor o la valentía, como una forma de conocimiento.

En otras palabras, racionalidad, la que aleja de las otras reacciones posibles en una emergencia nacional: no se cae ni en las pasiones ciegas ni en el deseo fanático de seguridad. Es la diferencia entre pasión y razón.

Una combinación de valor y tolerancia, que se percibe en la sociedad que vive la emergencia, a la que enfrenta pensando, razonando, con capacidad de tomar decisiones. Es cooperación libre.

3.La verdad

Hay un elemento que es vital para la cooperación libre, dice Minogue, el respeto a la verdad.

La emergencia nacional, la prisa con la que quiera atenderse, podrá distorsionar a la verdad. Si el objetivo es hacer algo antes que entender, la realidad será ignorada.

Es lo que sucede en los regímenes totalitarios, que sobreviven alimentados por crisis nacionales y cimentados en creencias irreales que no pueden ser cuestionadas.

La verdad y el respeto que se le tenga no es tan simple como una acción voluntaria. Sí es una actitud general y es parte de una larga tradición de hacerlo.

Una situación en la que existen personas e instituciones que no sucumben a los esfuerzos que puedan hacerse para suprimir la verdad.

Esto describe muy bien a la sociedad libre. La universidades y su independencia caracterizada por la búsqueda de la verdad, más otras instituciones autónomas, libres de influencia gubernamental, son vitales.

Es una especie de actitud valorada, que es enemiga de dogmas mantenidos y manifestada en un amplio número de organismos independientes.

La situación opuesta niega a la sociedad libre. Donde existe influencia estatal en las instituciones, universidades, religiones, asociaciones, no hay ese rasgo de respeto a la verdad.

4.Tolerancia

Asociada con el respeto de la verdad, manifestada en independencia institucional privada, está otra característica moral de la sociedad libre, la tolerancia.

Es otro producto de la tradición y no una acción voluntaria.

Es ser respetuoso de otros, respetando libertades, pero comprendiendo que se vive bajo la ley. Es lo opuesto al enfrentamiento nacional de opiniones fanáticas que no dejan a la autoridad otra opción que suprimirlas o ser destruido.

La difícil distinción entre lo público y lo privado, sin embargo, otorga un espacio a la privacidad individual, donde los gobiernos tienen poca posibilidad de entrar.

5.Habilidad para deliberar

Son estas cosas que describen el carácter de las personas y definen a su sociedad. Son las que muestran la forma de ser de la persona libre, la que decide en situaciones de libertad.

La decisión tomada muestra el carácter de quien lo ha hecho, como cuando abiertamente se asume una posición clara frente a otros.

Estas deliberaciones que llevan a decisiones que ilustran el carácter personal, pueden clasificarse en cuatro categorías, dice Minogue:

• La deliberación que hacen los filósofos, analizado un problema moral.

• La deliberación que hacen las personas comunes y que resuelven problemas morales de manera intuitiva, quizá impulsiva, sin seguir un proceso de análisis disciplinado.

• La deliberación inmediata, en la que el problema y su solución son simultáneos, antes de siquiera saber del problema.

• La deliberación inexistente, un caso especial, en el que se rehuye el problema debido al disgusto que acarrearía su deliberación. Ya no se razona, sino que se acepta, por ejemplo, una solución tribal.

En una sociedad libre, con gran variedad de instituciones autónomas, las personas enfrentan decisiones continuas sobre lo que deben hacer. Así desarrollan habilidad para deliberar y resolver los problemas que enfrentan.

A partir de la infancia

Desde la niñez, en la enseñanza y en la vida diaria, se aprende esa habilidad.

La enseñanza ortodoxa no evita la exposición a otras ideas, logrando una educación neta que no «sucumbe a la histeria» con facilidad y, por eso, tampoco a una ortodoxia inflexible.

Una sociedad de este tipo confunde a la persona que no tiene costumbre de deliberar y que prefiere un sistema que le facilite el colocar a cada persona en una posición única e invariable.

Algo que no puede hacerse en una sociedad que no admite juicios sustentados en variedad de posiciones y funciones.

En una sociedad libre, las personas tienen menos una posición especializada que una versátil. Tienen movilidad y no una posición social fija. La palabra que los describe es ‘independientes’, lo que les hace posible organizarse por sí mismos y recelar de quienes sean que quieran dominarlos.

Otra faceta del carácter moral del independiente, su disgusto frente a la sumisión a otros, pero también ante la sumisión de otros. Ni dominar ni ser dominado. Una posición que regresa a la idea de la tradición que respeta a la verdad.

Es el interés en saber más, en conocer cómo es la realidad y no la intención de hacer que las cosas se acomoden a una idea preconcebida. Es el respeto a la verdad que puede chocar con las ideas propias acerca del mundo e influye en la manera en la que se trata a otros

6.Variedad de instituciones numerosas

En una sociedad libre se tendrá la “proliferación de instituciones y asociaciones creadas por grupos de gente”, sea para fines concretos o permanentes.

Una manera de manifestar interés en asuntos públicos y asuntos de derechos. Algo que se aprende y con lo se experimenta. En una sociedad no libre, es el gobierno quien asume las iniciativas de esas organizaciones.

La sociedad libre, en resumen

Examinar la idea de una sociedad libre permite distinguir entre el combate que busca la libertad y otra cosa muy distinta, crear las condiciones que sirvan para hacer que la defensa de la libertad sea una costumbre establecida. Una tradición de la sociedad misma.

Sucede que tener deseos de libertad tiene muchos significados. Puede significar la búsqueda de autonomía e independencia personal, pero también «la fantasía» de la liberación de todo límite a la conducta.

O incluso, la libertad nacional, por la que al final suele imponerse el elemento nacionalista sobre el de la libertad.

Hablar de una sociedad libre usualmente significa afirmar que en ella existe libertad de expresión, elecciones políticas, presunción de inocencia en juicios y otras instituciones.

Es cierto, pero no es todo, queda por resolver qué es lo que hace posible a esas manifestaciones de una sociedad libre.

Una sociedad libre no solamente puede ser la enumeración de esas instituciones, también debe incorporarse «el tipo de conducta que está lo suficientemente extendido entre todas las clases de la población (pero especialmente las clases políticas) como para permitir y mantener instituciones libres».

Bonus track: más sobre eso que define a una sociedad libre y que la sostiene así.

Una mejor sociedad libre

Por Eduardo García Gaspar 

Es algo difícil. Complejo, porque va a donde muchos no quieren. O tal vez, no pueden, o no imaginan. Nos lleva a comenzar por lo obvio. Se trata de contestar una pregunta simple.

La pregunta de qué haría posible a una sociedad libre y mejor.

Una sociedad en la que la vida presente posibilidades de mejora para todos. La sociedad en la que la mayoría de las personas preferiría vivir. Pienso que las respuestas serían variadas pero girarían en torno a los siguientes ejes.

Avance económico

El primero de ellos es el de la prosperidad económica. Una sociedad en la que exista avance y oportunidad razonable de participar de ella. Me refiero al bienestar material y las posibilidades de mejorar el estándar propio de vida.

A este campo pertenecen las propuestas de libertad económica, de socialismo, de intervencionismo económico y otras más. Está bien expresada en la frase de querer más empleos mejor pagados.

Libertad política

El segundo de los ejes, me imagino, es el político. Las personas preferirían a una sociedad libre que a una que no lo sea. Podemos resumir esto en un deseo democrático y republicano.

Se trata del rechazo a las tiranías, a las dictaduras y a los totalitarismos.

A este campo pertenecen las propuestas de estado mínimo, de estado de bienestar y otro tipo de arreglos políticos que deben respetar a las libertades individuales. La sociedad ideal por lo tanto, sería una con un arreglo democrático/republicano, al mismo tiempo.

Los dos ejes anteriores dan respuesta a las características de una sociedad en la que se quiere vivir. Una sociedad próspera en lo material, que permitiera a las personas participar de ese crecimiento económico y, al mismo tiempo, tuviera un arreglo político que permitiera amplias libertades personales.

Esta sociedad sería considerada libre y mejor, me parece, que otra en la que no hubiera prosperidad, o esta fuera menor y las libertades estuvieran amenazadas. En ambas respuestas se concentra en la discusión acostumbrada.

Me refiero a las discusiones entre socialismo y capitalismo, y las discusiones entre gobierno grande y gobierno pequeño.

Falta otra característica de la sociedad libre

La pregunta que surge de inmediato es si esas dos dimensiones lo cubren todo o al menos la mayoría de las cosas que hacen deseable a una sociedad. Me parece que no.

Existen otras cosas propias de la naturaleza humana que van más allá de lo material y de lo político.

Esto sirve de entrada para presentar un eje distinto a los anteriores, ni político ni económico. Algo que solemos olvidar y, peor aún, descartar sin mucha conciencia de sus consecuencias.

Una sociedad virtuosa… y libre

La tercera dimensión que quiero presentar de una sociedad mejor es su sistema moral.

Una moral sana, un sistema ético objetivo y universal. Este es el único posible cimiento de largo plazo para construir una sociedad con una economía floreciente y un gobierno respetuoso de libertades.

Sin esa moral no podrá sostenerse en el largo plazo esa sociedad que pensamos que es la más deseada.

Lo anterior nos lleva necesariamente a intentar responder de dónde sale ese sistema moral objetivo y universal. Antes de responder a eso debe reconocerse otra cosa, el principal enemigo de ese sistema moral es el relativismo. Descartar al relativismo es condición indispensable de una sociedad buena, próspera y libre.

Creo que la única fuente de esa moral para una sociedad próspera y libre, tiene un origen principal. Me refiero a la religión, es decir, a la aceptación de una dimensión espiritual en las personas, más allá de lo material.

Todo eso es lo que permite desarrollar una buena capacidad para distinguir entre lo bueno y lo malo, a la verdad de la mentira. Capacidad que es indispensable para la salud de la sociedad y sostenida en los tres pilares mencionados por R. P. George.

Esto es lo que da carácter a las personas para que ellas sean las causas de una economía floreciente y de un sistema político de libertades.

Por tanto, mi respuesta a qué es una sociedad mejor, una en la que se desearía vivir más que en otra, comienza por señalar la necesidad de una moral sana, objetiva y universal, que se manifieste en la conducta de las personas y en las instituciones políticas.

[La columna fue actualizada en 2019-12]