Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Teoría Como Regalo
Eduardo García Gaspar
9 junio 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Todo comienza con un deseo particular. El deseo de todo gobernante. androjo

Más que deseo, ambición. La de tener más poder.

Igual que un niño, cuyo sueño es tener más juguetes. Cuantos más, mejor.

El poder es el juguete del gobernante.

Es la realidad y tiene una faceta interesante que soluciona un problema de imagen. Piense usted en el gobernante que quiere más poder y lo obtiene sin explicarlo ni justificarlo.

No se verá tan bien como el que obtiene más poder y tiene de su lado una teoría que lo justifica.

Un ejemplo obvio: sin la teoría de Marx y Engels, la Revolución Rusa de 1917 no habría sido nada más allá que un golpe de estado que derrocó a una monarquía y estableció una dictadura.

Lo mismo en China, sin el acomodo que hizo Mao Tse-tung a las ideas de esos dos, no habría maoísmo y este hombre habría sido visto como un dictador y nada más que eso.

Pocas cosas tan agradables hay para un gobernante que encontrar un respaldo teórico a sus ansias de poder. Hugo Chávez lo hizo, con cierta mediocridad, al hablar del Socialismo del Siglo 21. Sin el respaldo académico del socialismo, Cuba no sería nada más que una dictadura odiosa para todos.

Imagine ahora a un gobernante cualquiera, que no quiere ser tan extremo como los anteriores, pero que busca más y más poder. Anda en busca de un respaldo teórico respetable que legitime ese mayor poder. Y, de repente, se encuentra con un regalo valioso.

Una serie de personas le explican las ideas de J. M. Keynes, el famoso economista inglés. Le dicen que la caída de la economía se debe a la caída de la demanda agregada, que los mercados libres no pueden solucionar esto, que lo que sí puede hacerlo es la intervención del gobernante.

Le dicen, además, que debe intervenir para solucionar el problema, aumentando el gasto público, lo que significará elevar ingresos, crear empleos y elevar la demanda agregada. El gasto público, incluso con déficit, es bueno, le dicen, porque aumentará los ingresos de las personas y ellas gastarán más.

Palabras dulces, las más dulces posibles, para quien se alimenta de poder y no encuentra mayor placer que el gastar.

El gobernante, por tanto, se queda con una idea esencial: debe él intervenir en la economía, su gobierno debe crecer y todo eso será bueno. Conforme más gaste, mejor para todos.

Ahora, el gobernante puede justificarse a sí mismo y ante otros: si gasta de más, si tiene déficits, no importa, porque todo eso es para el bien del país. Creará empleos, combatirá pobreza, creará prosperidad. Todo, por medio de más poder y más gasto.

No importa que de cierta forma estas ideas que él ha escuchado tengan sus limitaciones. Estrictamente sólo dicen que cuando hay una recesión, el gasto gubernamental y la reducción de impuestos, ayudarán a salir de ella. Pero la idea que se queda es otra.

Lo que se queda es lo que el gobernante quiere escuchar: si gasto más la economía tendrá un boom y el mérito será de él. Así se llega a la posición ideal del gobernante: su sed de poder ha sido justificada con una teoría respetable, académica, con libros, gráficas, análisis y partidarios entre los intelectuales.

Y más tarde sucede otra cosa notable. Las ideas keynesianas pueden haber caído en el olvido o estar desprestigiadas, que eso no importa. Lo que sobrevive es una inercia general, un tanto vaga y oculta, que ha creado una premisa inconsciente: el gasto público es bueno y más gasto público es mejor.

Por ejemplo, en México se comenta:

“Ante una baja de crecimiento en su primer año de gobierno, el presidente Peña Nieto parece que retoma al gasto público como principal palanca del crecimiento. En 2014 se ejercerá el mayor gasto público de la historia de México” (Luis Pazos, El Financiero, 20 noviembre 2013).

El gobernante ha llegado así a una posición ideal, ésa en la que ya no tiene que justificar su mayor poder con una teoría. Casi todos simplemente presuponen que gastar más es mejor y eso se hace sin que tenga entrada ningún análisis de sus consecuencias.

Y acontece también que buena cantidad de personas y grupos han cambiado sus hábitos y costumbres. Se ha convertido en beneficiarios del gasto público, del que han hecho su modus vivendi. Su supervivencia misma depende del gasto público.

Reducirlo equivaldría a un atentado contra su estándar de vida. Estos grupos y personas son una fuerza física que mueve al gasto público hacia arriba y combatirán su reducción incluso con violencia extrema.

Todo comenzó con ese regalo dado al gobernante, la teoría que sea, pero que le da un aire de respetabilidad a lo que solamente es una simple y perversa ambición de poder.

Post Scriptum

Para más ideas sobre el tema, véase ContraPeso.info: Finanzas Públicas.

La noción de que a mayor gasto público más florecerá la economía es asombrosamente primitiva, al suponer una relación causal lineal, que llevaría a concluir que un gasto infinito produciría un bien infinito.

Ignora que el gasto público es financiado por impuestos, presentes y futuros, y que haría que la más deseable situación fuese la de impuestos a una tasa del 100% que sustituyera el gasto personal con el gasto público.

Más aún, los aumentos de gasto público suponen sin razón que los gobiernos gastan mejor y con más productividad que las personas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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