Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
“Yo Puedo Hacerlo”
Eduardo García Gaspar
29 octubre 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Pocos son sus opositores formales. Muchos son sus enemigos ocultos. androjo

Me refiero a la libertad.

Sería una locura política decir que el gobierno debe eliminar libertades.

Y, sin embargo, las elimina de otra manera, más sutil.

Un ejemplo mexicano. En la constitución se elimina la libertad de ser propietario de petróleo. Pero la violación se reviste con disfraces de soberanía y propiedad colectiva.

En la mente de muchos otros, la libertad toma una forma curiosa. Ser libre, dicen ellos, es tener alimento y casa y vestido y otras cosas.

Solo así puede serse libre, afirman convencidos. En realidad no, o mejor dicho no completamente. Es una verdad a medias, una mentira creíble.

La verdadera libertad no es tener, por ejemplo, comida, ni casa. La real libertad es ser capaz por uno mismo de proveerse de esos bienes. Libre es el que por su propio esfuerzo logra tener un plato de comida. Pero si lo tiene porque otro se lo da, eso no es ser libre.

La distinción bien vale una segunda opinión.

Bajo un esquema de estado de bienestar, el gobierno provee a muchos con servicios como pensiones, educación y otros más. La teoría es que esa proveeduría mejora la calidad de vida de la gente y los hace libres para vivir como ellos lo deseen.

Me parece obvio que no es en realidad libre quien depende de otros para su subsistencia. Pero sí lo es quien por sí mismo puede hacerse de recursos que le lleven a alimentarse por sí mismo, por ejemplo.

Una cosa es vivir con, por ejemplo, programas de ayuda pública, otra cosa es ser libre valiéndose por uno mismo.

Esto cambia las cosas de manera muy notable. Si usted quiere y defiende a la libertad, es mejor no exaltarla en términos abstractos. Alguien puede surgir y creer que una persona puede ser libre si se le da comida y sustento.

Usted debe defender a la libertad de otra manera menos vaga, más específica.

La de entender a la libertad por sí misma, como la existencia de condiciones que la permitan. La ausencia de limitaciones y de obstáculos que la limiten.

En México, por ejemplo, la mayoría de los alumnos reciben educación como regalo estatal. Alguien podría decir que eso los lleva a la libertad, pero serían libres realmente si por sí mismos lo pudieran hacer de acuerdo con sus opiniones.

Entonces, defender a la libertad es en realidad cuidar la larga serie de circunstancias pequeñas y grandes, que pueden limitarla en sus manifestaciones concretas.

Si, por ejemplo, el gobierno prohibe fumar en restaurantes, esto es un caso concreto de anulación de la libertad del propietario del restaurante.

La cosa se pone ya interesante. Defender a la libertad en abstracto sirve de poco porque cualquiera puede definirla de la manera que más le guste e, incluso, disfrazar anulaciones de libertad como conquistas sociales.

Defender a la libertad, entonces, es tener un juicio o criterio claro que permita detectar los ataques que la libertad recibe. Una especie de radar mental que arroja luces de peligro cuando la libertad está en riesgo, por ejemplo, estatizando los servicios médicos como en EEUU.

Es el tener una conciencia refinada que sepa reconocer cuándo la libertad está en peligro. Reconocer las circunstancias de las que hablé antes: los pequeños y grandes sucesos que la ponen en riesgo.

Es decir, la libertad real y verdadera solamente es posible cuando existen muchas personas con esa conciencia de riesgos de libertad.

Visto de otra manera, la libertad es solo posible cuando las personas la entiendan y valores con una conciencia que la cuide y proteja.

Hablo de una especie de celo liberal que cuida libertades propias y ajenas, como la del que defiende el libre comercio a pesar de no ser importador ni exportador directo.

Digamos, en otras palabras, que es esa actitud de decir “yo puedo, no necesito ayuda del gobierno, déjame hacer las cosas por mí mismo”. Esto es igual a hablar del carácter del ciudadano, de su fortaleza y sentido de independencia.

El contraste no puede ser mayor. Para un progresista, la gente puede ser liberada cuando los gobiernos se hacen cargo de su felicidad y se convierten en una agencia de solución de problemas personales (AMLO en México es un buen ejemplo).

Para un liberal, en cambio, la libertad la tiene quien por sí mismo soluciona sus problemas, sin ayuda pública. Y puede ser libre quien encuentra motivo de satisfacción en el valerse por sí mismo.

No es realmente libre quien espera que el gobierno llegue a su rescate con, por ejemplo, ayudas a madres solteras.

Comencé diciendo que los defensores de la libertad cometen un error si no entienden que la libertad es mejor entendida en casos específicos que la ponen en peligro, como por ejemplo, impuestos excesivos. De allí llegué a una conclusión que me parece razonable.

La libertad podrá ser defendida con efectividad solo por personas con una conciencia capaz de reconocer los ataques a la libertad.

Esos ataques son variados, vienen disfrazados de bondad, tienen connotaciones positivas y, lo peor, suelen gozar de la aprobación de personas ingenuas y bien intencionadas.

Únicamente una conciencia liberal perspicaz podrá detectar esos engaños y ella existe en quien tiene la capacidad de sentir el “yo puedo hacerlo”.

Post Scriptum

Una noción relacionada con estas ideas es la de laissez faire, que acarrea la anotación de dejarnos hacer, de no nos estorbes.

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