Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Activista, Una Nueva Profesión
Eduardo García Gaspar
26 marzo 2015
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


Es una nueva profesión. Una ocupación reciente. androjo

Es un oficio moderno, una manera de ocupar el tiempo. Me refiero al activismo, al activista.

Es algo que bien merece una segunda opinión.

Comienza siendo un modo de identificación, una manera de definirse asimismo, en buena parte creada por los medios de comunicación. Ellos tienen la necesidad de identificar a las personas, de ponerles una etiqueta. Y buena parte de las celebridades que aparecen en ellos son llamados activistas.

Una especie de credencial personal, una tarjeta de identificación, que así define a una de las ocupaciones célebres de nuestros tiempos. Esa persona dedicada a una causa preseleccionada por ella misma, generalmente la solución de eso que ella entiende como el gran problema social.

Tiene sus características el activista.

Primero, ya dije, es alguien que se dedica a una tarea seleccionada por ella. El activista busca algo que pueda hacer, un problema social y entonces todos sus esfuerzos se concentran en solucionarlo.

Segundo, esto le hace ser una persona de una sola dimensión, alguien concentrado en un solo problema, solamente ese problema y nada más.

Tercero, el activista es eminentemente práctico. Sin pensar mucho sobre el problema, él busca antes que nada, agitar e inquietar al resto de la gente. Busca hacer que el problema que la seleccionado sea también el problema de todos. Y lo hace intranquilizando a la gente, poniéndola nerviosa, alborotándola, angustiándola.

La tribulación que provoque en otros constituye un triunfo para el activista. Quiere convencerlos que el mayor problema es la desigualdad femenina, la desaparición de especies, el cambio climático, la desigualdad material, lo que sea que él haya seleccionado.

O los derechos de los migrantes, las etiquetas nutricionales en los empaques, la trata de personas, transparencia gubernamental, legalización de las drogas, defensa de las etnias, y otras causas de gran variedad.

Posteriormente, después de esa agitación, que cuanto más grande mejor, el activista busca implantar su solución. Esa fórmula que garantizan que el problema seleccionado por él desaparecerá del mundo.

La clásica solución del activista no es un ejemplo de creatividad, ni originalidad.

Es una solución un tanto pueril, demasiado simple. La solución del activista es el aumento del poder de los gobiernos.

No importa cuál sea el problema su solución central está en un mayor poder gubernamental. Una nueva ley, un nuevo impuesto, más regulaciones y cosas similares.

El activista es entonces, alguien que dedica su tiempo a presionar al gobierno para que se haga lo que él propone. Organizan marchas, coordina protestas, presiona a legisladores, o cualquier otra actividad que esfuerce al gobierno a tomar la solución que él propone.

Todo el esfuerzo del activista se dedica a su labor de agitación y muy poco a pensar. El activista es primariamente emocional, sensible, emotivo. Su foco central es la conmoción. Está él lleno de emoción, de sentimiento. Poco se ocupa de pensar, de reflexionar, de analizar.

Por eso, el activista ama los escenarios apocalípticos. Esos que llevan a pensar en que si no se soluciona el problema, el mundo llegará a su fin. Esto es lo que hace al activista un experto en el uso de los medios de comunicación, los que suelen sucumbir ingenuamente a las exageraciones llamativas el activista.

El activista es por tanto, un clásico personaje en los medios de comunicación, apareciendo a veces con la credencial de experto en su problema. Un personaje convertido en celebridad mediática cuyo éxito se mide con el número de apariciones que hace en los medios y su frecuencia.

El activista da a los medios lo que ellos aman. Los provee con escenarios apocalípticos, con supuestos exagerados, con ideas radicales, con proyecciones fantásticas. Todo eso da material para notas llamativas, para encabezados sensacionales. Provee a los medios con controversias, discusiones y polémica.

El activista convertido en celebridad mediática llega a ser una modalidad de ministro religioso de su propia causa. No es excepcional que el activista vea como herejes a quienes no piensan como él y a los que ve como un peligro social.

El activista no es un intelectual. Está lejos de serlo. Es más bien alguien que se siente abanderado de una causa, de una cruzada. Y por supuesto está alejado de toda actividad que signifique pensar y razonar con lógica.

En fin, todo lo que tratado de hacer es mostrar a ese nuevo personaje de nuestros tiempos, al activista.

Me apresuro a aclarar que no es un personaje negativo por definición. Puede ser que tenga mérito y que su causa sea justa, pero también es muy posible que sufra de todos esos defectos que he mencionado.

Post Scriptum

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