Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Arte: Argumentos Religiosos
Eduardo García Gaspar
20 agosto 2015
Sección: ARTE, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea es al menos original. Algo fuera de lo trillado. No recurre a lo acostumbrado.

No usa lógica, ni apologética. Recurre a una faceta humana, muy humana. A la inclinación por la belleza.

Un campo de sentimientos, de nociones difíciles de expresar.

Un ejemplo, el estar frente a un cuadro como El Descendimiento de la Cruz, de R. van der Weyden. Pintado en madera en la primera mitad del siglo 15, tiene la propiedad de producir placer. El placer de la belleza.

¿Qué es exactamente? No tengo idea. Todo lo que puedo hacer es aproximarme diciendo que viéndolo se descubren cosas, como la postura de Jesús igual a la de María. No puede dejar de verse, de querer saber más.

 

O la pintura de Caravaggio, La Cena en Emaús, de unos 150 años después. Otra pintura que no puede dejar de verse. La historia de dos discípulos de Jesús que no se dan cuenta hasta ese momento de la cena de que es Él, resucitado, quien les ha venido hablando durante horas antes.

La mano derecha de Cristo, las dos del discípulo a la derecha. son imposibles de describir más allá de tratarse de escorzos geniales que se suman a la postura del discípulo a la izquierda para mostrar un segundo solamente de lo allí sucedido.

 

La belleza, el arte, comienza a entenderse como otra cosa. Quizá el otro tipo de argumento, el que complementa a los de Santo Tomás. Argumentos ricos, abundantes, puestos en otro idioma, como el de la música. Argumentos que son realmente humanos, entran por los sentidos y conmueven.

Piense usted en el Requiem de Mozart, en la Missa Solemnis de Beethoven. O en la Grande Messe de Morts, de Berlioz, de la que hay un fragmento en lo que sigue (12’; escuche los metales que inician poco después del minuto 5):

 

Ahora, coloque esas obras, pinturas y música, en el sitio para el que fueron creadas y que no es un museo ni una sala de conciertos. Algo como la Sainte Chapelle, o mejor aún, la Catedral de León en España (4’):

 

La posibilidad se presenta ya de manera muy obvia: la religión es verdadera porque es bella. Su historia es bella, su arte es bello. La posibilidad es también bella, la de mirar y escuchar cosas como las anteriores y pensar que ellas no son ficción, al contrario.

Tienen que ser reales porque son bellas, muy bellas. Porque mueven algo en nuestro interior y que llamamos alma.

Post Scriptum

Las ideas de esta columna están furtemente basadas en las de Smith, James K. A. How (Not) to be Secular: Reading Charles Taylor. Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 2014.

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