Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bello, Bueno, Cierto
Eduardo García Gaspar
14 julio 2015
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


¿Quienes somos los humanos? Ver esto siquiera un poco de cerca permite entendernos mejor.

Y eso hace algo bueno, el no pasar por la vida como si ella fuera nada. Sin duda lo es.

¿Cuál es nuestra vida? ¿Qué dimensiones tiene? ¿Qué sentido?

No sé la respuesta definitiva, pero sí creo que podemos intuirla bastante bien si vemos nuestras capacidades, o las direcciones de nuestras vidas. Es afortunado que contemos con la ayuda de un tipo fenomenal de hace muchos siglos, Aristóteles.

Las direcciones de nuestras vidas son tres muy principales.

Una de ellas es el producir, crear cosas. El ejemplo más trillado quizá sea el del carpintero que hace una silla; o el del escultor que esculpe un busto de Platón; o el del chef que cocina un platillo. Los empleados de una empresa que en conjunto producen, por ejemplo, un iPad, o las partes de él.

Zapatos, ladrillos, camisas. bolígrafos, novelas, cursos de Economía, producidos individualmente o en equipo; productos y servicios, cosas que no existen en la naturaleza, que son hechas por nosotros, como una flecha prehistórica o una app.

Esta es una de nuestras dimensiones o partes de nuestra vida, el transformar lo que ya existe en la naturaleza y producir algo que no existía antes.

La segunda de ellas es actuar, realizar actos, tener conductas. Son acciones como jugar, dormir, comer, caminar, estudiar, leer, todo lo que usted imagine que pueda hacerse. Puede ser hablar con otros, robarles, ayudarles, discutir con ellos, insultarlos, amarlos, pegarles.

Acciones y conductas como votar en las elecciones, participar en una protesta, escribir una columna o leerla. Es un terreno claramente moral en el que hay actos buenos, actos malos, actos moralmente irrelevantes.

Estas acciones tienen un rasgo inevitable. Todas siguen un objetivo, todas persiguen una meta. ¿Cuál? La de mejorar nuestra condición presente: por medio de esa acción pensamos que terminaremos en una situación mejor a la original. No hay otra posibilidad.

Es la razón por la que bebemos agua, por la que trabajamos, jugamos, todo sin excepción. Y esto nos manda a entender que puede haber objetivos malos y buenos, como acciones buenas y malas. Robar es un mal medio aunque sea para pagar la escuela de los hijos que es una buena acción.

Esta segunda dirección o faceta de nuestra vida nos coloca como seres morales en estrecha relación con otros.

La tercera tiene que ver con el conocimiento, con el saber. Es obtener conocimiento, almacenarlo, comunicarlo, ampliarlo en un trayecto que no tiene fin. Siempre es posible saber más en todo campo, desde la Microbiología hasta la Lógica.

Esto nos hace seres que piensan, que pueden razonar y tienen memoria, que pueden comunicarse con otros de maneras muy exactas y detalladas.

Esto de poder pensar funciona en las otras dos facetas de nuestra vida. Es necesario pensar antes de producir y hacer, como también es necesario pensar antes de actuar. Pero pensar llega un paso más allá de ser una condición previa al actuar y al producir. Pensar lleva a la necesidad de saber en sí mismo, sin una necesidad práctica.

Para Aristóteles esas tres direcciones de nuestra vida nos colocan como «pensadores productores» cuando producimos y hacemos; como «pensadores prácticos» cuando actuamos; y como «pensadores teóricos» cuando logramos conocer.

¿Sirve de algo lo anterior? Depende de cada persona. Algunas dirán que pensar en estas cosas es un desperdicio de tiempo. Otras opinarán lo contrario.

Lo aún más fascinante es el cómo pueden conectarse esas facetas humanas con lo bello, lo bueno y lo cierto.

Si estamos en la faceta del producir, crear y hacer, entramos en el terreno de lo bello. No solo es un asunto de belleza estética, que sí lo es, sino también uno de calidad de las cosas, de lo bien hechas que estén. Puede haber belleza en una pintura como en una computadora como en una casa.

Si estamos en la faceta del actuar, del realizar acciones, entramos en el terreno de lo bueno, del mal y del bien, de lo debido y lo indebido, no solo en las relaciones con otros, sino también con nosotros mismos.

Si estamos en la faceta del saber, del tener conocimiento, entramos en el terreno de la verdad, de lo cierto, de lo real.

Entonces, creo, podemos concluir que nuestras vidas están naturalmente ligadas a lo bello, a lo bueno y a lo cierto. Con una implicación práctica obvia: en el monto en el que nos alejemos de la belleza, de la moral y de la verdad, estaremos dejando de ser humanos.

Post Scriptum

Para esta columna usé la obra de Adler, Mortimer J. Aristotle for Everybody. (1997)

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