Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Candidatos a Gobierno
Eduardo García Gaspar
8 julio 2015
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo inicia con una idea. Una idea que tiene sentido, cualquiera entiende y genera poca discusión.

Una premisa que establece que ninguna persona está preparada para gobernar a otras.

“Todas las clases son incapaces de gobernar”, en palabras de Lord Acton.

En concreto, ninguna persona tiene lo que se necesita para gobernar a otros. Tres son las razones de esa realidad.

Primera, ninguna persona sabe lo suficiente de las otra como para mandar sobre ellas. Segunda, ninguna persona tiene los conocimientos necesarios que requiere gobernar. Tercera, ninguna persona es lo suficientemente virtuosa como para no caer en las tentaciones del abuso del poder.

La situación es realmente notable, si es que se pone atención en ella. Pocos son los que tienen dudas sobre la necesidad de gobierno para la existencia sostenida de formas de protección a la persona, sus derechos y propiedades. Necesitamos un gobierno, de eso hay pocas dudas.

Lo necesitamos, pero hay un problema: nadie realmente está preparado para gobernar.

Es como tratar de llenar un puesto de trabajo para el que sabemos que no hay candidatos calificados. Nadie reúne los requisitos que el puesto demanda. No tienen conocimientos necesarios, no están a prueba de fallas morales y no conocen lo suficiente a los gobernados.

Aún así, existe la necesidad de tener un gobierno. ¿Qué hacer? Digamos que usted es designado con la tarea de elegir al gobernante. Esa es ahora su responsabilidad y debe seleccionar personas que nos gobiernen. ¿Qué hará usted? Siendo razonable, usted quizá haga algo como lo siguiente.

Lo primero y más importante será aceptar que está en busca de un imposible. Nadie reúne las calificaciones que el puesto requiere. Y este es un buen inicio porque producirá una actitud sana ante todos los que se presenten para ocupar los puestos de gobierno: usted los verá con recelo y escepticismo.

Aunque ellos digan que pueden gobernar, usted sabrá que realmente no lo podrán hacer tan bien como se requiere. Aunque ellos digan que conocen al pueblo, usted sabrá que no es cierto. Aunque digan que tienen la experiencia y preparación, usted sabrá que eso es exagerado. Aunque digan que solo los mueven los más altruistas ideales, usted sabrá que eso es falso.

De entre los candidatos, a pesar de todo lo anterior, usted filtrará a los que menos desconozcan, a los menos carentes de experiencia y conocimientos, a los que menos capaces sean de sucumbir a las tentaciones del poder. Esto es a lo máximo que puede llegarse en la selección de gobernantes.

No hay otra posibilidad que esa, la de quedarse con los candidatos menos malos entre aquellos que se presenten para ocupar los puestos. Con una dificultad real, la de que todos ellos quieren ocupar los puestos que, en verdad, son muy atractivos y eso hará que ellos traten de engañarlo a usted. Exagerarán sus cualidades, exaltarán sus virtudes, cantarán alabanzas hacia sí mismos; y lo harán con fuerza y persuasión notables.

Usted tendrá que ser muy sagaz, muy perspicaz, para detectar esos engaños. En otras palabras, usted correrá el riesgo de ser engañado seleccionando al candidato equivocado y, con suerte e inteligencia, podrá seleccionar a los mejores entre ellos (pero no sabrá que lo son realmente).

Será gracias a que usted sabe que nadie está preparado para gobernar a otros que usted hará lo anterior, todo ese filtrado cuidadoso de candidatos.

Muy bien hasta aquí, pero el problema no ha sido resuelto satisfactoriamente aún. Con un poco de imaginación, usted propondrá algunas ideas que ayudarán a tener un gobierno a pesar de que nadie esté capacitado para gobernar.

Por ejemplo, a usted se le ocurrirá algo creativo seguramente: contratar a esas personas ya seleccionadas por tiempo determinado, diciéndoles que estarán a prueba todo el tiempo y que serán separadas de su puesto sin remedio, a menos que hagan una buena labor.

Y otra cosa todavía mejor. Usted tendrá otra buena idea, muy sagaz: dividirá las funciones de gobernar en varias porciones. Es como dividir las funciones del puesto en varios puestos diferentes, para evitar concentrar riesgos. Una estrategia de diversificación.

Finalmente, ya que nadie está preparado para gobernar a otros, usted pensará en otra idea de mero sentido común: reducir las responsabilidades del puesto, hacerlo más pequeño.

Post Scriptum

La columna está basada en la premisa de que ninguna persona reúne las características necesarias para gobernar a otras. Una idea conectada a frases como éstas:

«Si los hombres fueran ángeles, ningún gobierno sería necesario. Si los ángeles fueran a gobernar a los hombres, serían innecesarios los controles internos y externos de un gobierno». James Madison.

«La única máxima de un gobierno libre debe ser el no confiar en ningún hombre vivo con el poder de poner en peligro la libertad pública». John Adams.

«El gobierno libre se funda en los celos, no en la confianza. Son los celos y no la confianza los que prescriben constituciones limitadas, para atar a esos en los que estamos obligados a confiar dándoles poder… En asuntos de poder, entonces, que no se escuche de la confianza en los hombres, sino de lo que los aten contra malas acciones con las cadenas de la Constitución». Thomas Jefferson

«El poder coercitivo del gobierno es siempre un faro para esos que quieren dominar a otros —llamando a lo peores sedimentos de la sociedad…» Harry Browne

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