Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Capitalismo: su Único Aliado
Eduardo García Gaspar
25 junio 2015
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una acusación estándar. Es parte de la lista prefabricada de ataques. androjo

Se lanza de manera automática. Solo hace falta hablar para lanzarla.

Consiste en acusar al Capitalismo de anárquico. Un sistema sin orden, sin ley, caótico, donde se impone siempre el más fuerte y violento.

Por supuesto, la acusación tiene un remedio igual de automático, la intervención estatal. Por ese medio, se nos dice, se resuelve el desorden anárquico del Capitalismo, del Neoliberalismo.

El fenómeno es interesante de ver más a fondo, algo que vale una segunda opinión.

La acusación tiene algo de cierto, pero también algo de falso. Funciona bien porque toma a lo cierto, lo lleva  unl extremo que es falso y entonces se vuelve algo fácil de criticar. Vayamos paso por paso.

Es cierto, el Capitalismo y los mercados libres suponen un sistema anárquico en el sentido de que no tiene una cabeza que lo domine. Nadie lo planea desde una posición de autoridad. No tiene un jefe superior, ni un dictador, ni un controlador. Que sea anárquico, sin embargo, no significa que sea desordenado, ni que carezca de reglas.

Al contrario, las necesita. Requiere que haya propiedad privada, que exista especialización, que la libertad de las personas sea protegida. Necesita reglas de juego y ellas se imponen desde afuera, por parte de la autoridad política. Mucho me temo que no haya otra manera.

Si el mercado libre no tiene a nadie que lo planee, ni controle, eso no quiere decir que no necesite ciertas reglas para subsistir. Por ejemplo, necesita leyes que respeten a la propiedad privada (sin ella no hay libertad económica posible y, por eso, los impuestos altos atacan a la libertad humana).

En pocas palabras, el aparente desorden de los mercados libres necesita un sólido y real orden legal que se fundamenta en la preservación de la libertad personal. De allí emergen leyes que protegen a la competencia y prohiben monopolios; tribunales confiables que solucionan problemas con contratos.

El Capitalismo, mucho me temo, necesita de bastante orden y estabilidad legal para poder florecer. Sería imposible tener un mercado libre sano en medio de inestabilidad política y ante desconfianza en la autoridad.

La conclusión es obvia. Acusar al Capitalismo de ser un desorden anárquico y salvaje resulta ser exagerado e inexacto. Tanto que la acusación puede ser considerada como falsa.

En un buen ejemplo de la falacia del hombre de paja: defina usted a su enemigo como alguien fácilmente criticable y así lo atacará con buena probabilidad de derrotarlo.

Diga usted que el Capitalismo es un sistema anárquico, salvaje, desordenado y ya que nadie quiere eso, usted habrá ganado la discusión… a menos que el asunto se examine sin ese hombre de paja.

Hasta aquí, es claro que los mercados libres necesitan un estado de derecho sólido, es decir reglas destinadas a respetar la libertad, la propiedad y las iniciativas que las personas deseen realizar (ambiciones, proyectos, planes). Esto está muy lejos de ser un sistema sin leyes y anárquico.

Bien, entonces puede verse que el libre mercado se opone a lo que vaya en contra de esa libertad, esa propiedad y esa posibilidad de realzar los planes propios. Y entonces es como esto puede explicarse como una receta de cocina: los mercados libres necesitan de una cierta cantidad de sal, de leyes; si hay más leyes que las necesarias, el plato se vuelve demasiado salado y sabe mal.

Eso es lo que sucede cuando se interviene en la economía coartando libertades: es un exceso de leyes y eso lastima a las libertades personales. No es difícil de entender, esté usted de acuerdo o no con el Capitalismo, el que no pide que las leyes dejen de existir, sino que ellas protejan libertades.

Porque sucede que el exceso de leyes provoca más males que bienes. Es el exceso de leyes lo que crea oportunidades para que los empresarios limiten competencia que les daña, para que gobernantes adquieran aún más poder, para que los sindicatos distorsionen mercados, para justificar monopolios estatales.

Lo pongo de una manera más clara: el empresario no es alguien que sienta particular afecto por los libres mercados, los que le hacen trabajar de más y correr más riesgos. Para muchos de ellos lo mejor que puede sucederles es tener leyes excesivas que los protejan de la competencia que produce la libertad de otros.

Las leyes deben buscar evitar esas tendencias empresariales, al igual de lo proclive que son los gobernantes para adquirir más poder por la vía de leyes como impuestos excedidos.

Al final, tenemos que el Capitalismo no solo tiene de enemigos a los socialistas, sino también a empresarios que buscan protección estatal, a gobernantes y sindicatos que tienen sed de poder. El único aliado real del Capitalismo es el consumidor.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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