Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Capitalistas Codiciosos
Eduardo García Gaspar
4 mayo 2015
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La idea es común. Frecuente y creída, siendo tomada como una verdad incuestionable. androjo

Demasiados presuponen la unión estrecha entre codicia y capitalismo.

¿Es cierta esa relación, o no?

Esto es algo que bien merece una segunda opinión.

El origen de la idea está seguramente en Adam Smith (1723-1790). En su célebre libro hay una frase célebre.

Esa de que no es la benevolencia del carnicero, ni la del cervecero, ni la del panadero lo que coloca a la carne, a la cerveza, al pan en nuestras mesas.

Póngase usted en el lugar del panadero, por ejemplo, y piense en la posibilidad de regalar el pan porque usted es un altruista incorregible. Así, ya no podría acusársele de codicioso,, regalando el pan. En cambio, en el momento en el que comenzara a venderlo, la acusación de codicioso se justificaría.

La pregunta que no puede evitarse es si esperar ser remunerado por su trabajo es algo codicioso que sea reprobable. No lo creo.

Si lo fuera, todo obrero tendría que ser acusado de lo mismo que suele acusarse al capitalista, de codicia. No tiene sentido acusar al capitalista de lo mismo que pretende el trabajador, ganar más por su trabajo.

Por supuesto que no es la benevolencia del panadero lo que permite que en nuestra casa exista pan. Lo que lo permite es, curiosamente, esa intención del panadero de ganar dinero.

Una noción muy realista que no nos hace depender de los más altos sentimientos morales de la gente para sobrevivir.

Seamos realistas, si el panadero regalara el pan motivado por su benevolencia absoluta, tendría filas fuera de su tienda solicitando el pan. Con recursos necesariamente limitados, tendría que discriminar entre los solicitantes según su criterio, el que sea.

Más un pequeño detalle, cómo comprar los ingredientes para el pan de mañana si el pan de hoy no le ha producido un ingreso. O bien, cómo comprar la carne que los hijos del panadero necesitan para comer si él no tiene dinero.

Difícilmente puede calificarse de codicioso al panadero que vende su pan y así obtiene ingresos que le permiten vivir comprando otras cosas. Decir que por esta causa el capitalista es por definición codicioso es una inexactitud colosal. Pero hay más.

Hay algo que, en mi experiencia, parece que ha sido poco o nada comprendido por parte de demasiados gobernantes. Cierto, no se distinguen ellos en lo general por su inteligencia, pero comprender esta noción es realmente sencillo.

Creo que la dificultad para que el gobernante entienda los que sucede cuando una persona compra pan, es la miopía que su puesto le produce. La miopía le hace ver solamente el dinero que recibe el panadero.

Por ejemplo, si 500 personas compran pan y cada una de ellas gasta 50 pesos en promedio, el panadero tendrá en su caja registradora al final del día 25,000 pesos (750,000 en un mes).

Eso es cierto y da cantidades que son llamativas por su monto. La miopía del político y de otros más, sin embargo, les impide ver lo que sucede del otro lado: las 500 personas diarias terminaron con pan en su casa.

Pan que querían y necesitaban y que valoraron en 50 pesos cada una de ellas. Repartido entre 500 personas es menos llamativo el beneficio que ellas obtuvieron y que coincide exactamente con lo que el panadero tiene en su caja registradora.

Si al final del día tiene 25,000 pesos, eso significa que benefició a 500 personas con 50 pesos cada una de ellas. Es más fácil ver la cantidad de dinero concentrada en el bolsillo del panadero que esa misma cantidad de dinero, en forma de pan, diseminada entre sus cientos de clientes.

Ninguno de los dos puede ser acusado de avaricia, ni el panadero ni sus clientes. Lo que ellos en conjunto han hecho es un intercambio de beneficio mutuo.

El cliente prefirió tener el pan a conservar los 50 pesos y el panadero prefirió tener los 50 pesos a quedarse con el pan sin vender. Los dos ganaron.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es señalar la miopía que hace solo ver al beneficio del panadero sin percibir el beneficio del cliente. Esta miopía no es infrecuente. Suele ser una hipótesis inconsciente del gobernante (y de otros más), que le mueve a realizar actos tontos.

Uno de esos actos es subir impuestos al panadero. Viendo que sus ingresos son de 9,000,000 al año, con las cifras anteriores, concluye que es mucho comparado con lo que otros ganan y decide subirle impuestos.

Por dejar de ver el beneficio que ha recibido el cliente, su medida dañara a este porque los impuestos son un costo más de producción de pan y aumentarán su precio. El cliente pagará más por el mismo pan.

Post Scriptum

Mi intención con esta columna fue llamar la atención sobre un clisé frecuente, el de presuponer que por definición el capitalista, el empresario, es codicioso.

Creer eso se debe a la miopía que he mencionado: el dejar de ver que los ingresos del capitalista coinciden, en una medición monetaria, con los beneficios que han recibido sus clientes. Si no fuera así, no hubiera tenido ventas.

Aunado a esto señalo una equivocación común y vergonzosa, la de creer que los ingresos recibidos por una empresa son iguales a las utilidades que ella tiene.

Si le gustó la columna quizá también Codicia Capitalista Examinada.

O como lo expresó un autor (Snowdon, Christopher. Selfishness, Greed and Capitalism. Institute of Economic Affairs, 2015):

“El interés propio no debe ser mezclado con la avaricia. Si decido tomar jugo de manzana en lugar de jugo de naranja con mi desayuno, estoy actuando en interés propio, pero a menos que se lo arranque a un niño sediento difícilmente puedo ser acusado de egoísmo”.

El interés propio no puede ser hecho un equivalente de codicia. El interés propio es eso que las personas buscan y que logran sin dañar a nadie y, muchas veces, ayudando sin quererlo a que otros también lo logren.

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