Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ciencia Demasiado Ambiciosa
Eduardo García Gaspar
24 junio 2015
Sección: CIENCIA, Sección: Una Segunda Opinión
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La persona declaró sin dudas. Dijo, «soy un científico y no puedo admitir nada que no lo sea también». androjo

Es una postura que resulta irresistible ver más de cerca. Primero, debemos entenderla.

Significa aceptar lo material, tangible y observable; lo que pueda ser observado, medido. El resto de las cosas quedan fuera, siendo inaceptables para la mente científica.

Lo que no puede ser objeto de una investigación científica debe ser rechazado. Eso es aproximadamente la manera en la que la persona explicó su posición.

Puede hacerse un primer acercamiento a la postura de esta persona, examinando lo que deja afuera considerándolo desechable. No sé usted, pero un mundo que considere desechables e indignas a cierta cosas, se vuelve pesimista. Dejar fuera a la sinfonía no. 51 de Mozart, a Las Meninas, o a El Quijote, presenta un mundo odioso.

O, peor, la ambición de entender científicamente a la sinfonía no. 1 de Brahms sería reducirla a una descripción de mediciones como el número de notas que contiene en cada movimiento y así compararla con otras. O reducir a van Gogh a un estudio de uso del pincel y cantidad de pintura de cada color. Un mundo reducido y estrecho.

Incluso, siendo lógico, podría alegarse una contradicción en la aseveración de la persona. Recuérdese lo que dijo, «soy un científico y no puedo admitir nada que no lo sea también». Una postura que le requiere probar científicamente que lo no científico es trivial.

Hay sin embargo, en esa postura algo que asusta, pero que no suele reconocerse lo suficiente. Supone, sin decirlo abiertamente, que la ciencia en ese sentido de concentrarse en lo material que puede ser observado, medido y experimentado, puede suplir al resto de las cosas no científicas.

Un ejemplo de esa ambición: supone que la ciencia creará un mejor mundo por sí misma, un mundo en el que no habrá necesidad de moral basada en dogmas ni en filosofía; la moral será científica, probada y observada, justificada materialmente. Es interesante saber que eso no ha sucedido.

Nada ha acontecido que demuestre que el avance de la ciencia tiene como consecuencia directa un avance de la moral. De hecho puede registrarse un descenso por una razón obvia. La descripción científica del ser humano lo reduce a componentes materiales, químicos, que explican conductas no distintas a las de otros animales.

Y, si hay una justificación ética, ella suele atribuirse a factores biológicos, como la preservación del individuo, o la de la especie. Esto es lo que se tiene, por ejemplo, cuando la caridad se explica como una estrategia de los genes para mantener vivo al grupo que los contiene.

No sé usted, pero ese mundo en el que soy el producto de genes que luchan por sobrevivir, no me alcanza a explicar qué ventaja evolutiva hay en deleitarse leyendo a Shakespeare, o perdiendo el tiempo viendo fútbol, o leyendo esto.

Mucho me temo que exista más en el fenómeno humano de lo que la ciencia puede entender y explicar.

No quiero ser mal entendido. Soy un entusiasta de la ciencia, sus descubrimientos me fascinan, aunque no entienda ni la mitad de lo que acontece en la Física. Sus beneficios son maravillosos, como bien se ve en los asuntos de medicina y las aplicaciones tecnológicas. Es un real gozo ver que eso sucede.

Pero, mucho me temo que el éxito indiscutible y enorme de la ciencia haya llevado a algunos de sus practicantes a una posición demasiado soberbia, la de creer que todo está sujeto a ser científicamente examinado y, si no es posible, hacerlo de lado como inservible. Esto es lo que inquieta y preocupa.

Porque un mundo enteramente reducido a ser científico, en ese estilo de A. Comte, es una existencia que deja fuera a demasiadas cosas humanas. No sé cómo pueda ser objeto científico la vida de San Pablo, o la conmoción que se siente al terminar de leer Las Uvas de la Ira.

Ni ser explicado por ese método lo que mueve a escribir un poema como los de León Felipe, ni la diversión de Nuestro Hombre en la Habana, ni la conducta del mártir religioso.

Mucho me temo que hay mucho más en lo humano de lo que la ciencia conoce, puede conocer y medir. No sé cómo aplicar sus principios a lo que no es material, a eso que movió a Hayek a oponerse a Keynes, a lo que nos hace conmovernos ante un nacimiento o una muerte

El mundo de la ciencia es maravilloso, pero no capta toda la maravilla que existe fuera de él y que no es menor a lo que ella hace.

Post Scriptum

Uno de los peligros concretos del enfoque puramente científico está en la concepción de la felicidad humana como una meta gubernamental, como se explica en Charlatanería Política.

Lo que he atacado en concreto es la noción del cientificismo, definido como:

«El cientificismo es la postura que afirma la aplicabilidad universal del método y el enfoque científico, y la idea de que la ciencia empírica constituye la cosmovisión más acreditada o la parte más valiosa del conocimiento humano, aun la exclusión de otros puntos de vista. Se ha definido como “la postura de que los métodos inductivos característicos de las ciencias naturales son la única fuente de conocimiento genuina y factual y que, en concreto, solo ellos pueden producir conocimiento auténtico sobre el hombre y la sociedad”».

Un video particularmente gracioso de la rivalidad entre Hayek y Keynes, en inglés, en rap:

 

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