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¿Cómo Ayudar a Los Pobres?
Selección de ContraPeso.info
18 agosto 2015
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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La conexión entre el vicio y la riqueza es examinada en esta idea de James V. Schall. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es How Do We Help the Poor?

Bernard de Mandeville (1670-1733) sugirió para bien (o para mal) que la causa de la riqueza es el vicio. Si todos fuésemos perfectos, pensaba Mandeville, nadie demandaría nada. Todo el mundo estaría contento con muy poco. Sin demanda agregada no aumentaría la producción para satisfacer esa demanda.

Si nadie bebe cerveza, no existiría una industria cervecera. No tener una industria cervecera significaría no tener cultivos el lúpulo y cebada, por tanto no habría agricultores, tampoco mercado para botellas o latas, ni Clydesdales, ni nada refrescante de beber en los juegos de béisbol.

Platón, en contraste, había indicado que una sociedad impulsada por demandas sin límite seria una «ciudad de cerdos». Sería un pueblo sin otro interés mayor que el producir bienes refinados para el consumo. Ese pueblo, sin vigilantes militares, sería incapaz de defenderse de sus pasiones propias, y tampoco de los deseos de otras ciudades que codiciarán lo que ha producido para su lujo.

En cierto sentido, entonces, la economía ha sido ensillada con una herencia dudosa. El crecimiento será provocado por el vicio y la distribución por la codicia. La virtud producirá estancamiento.

Más aún, vemos que ciertos gobiernos, debido a que su propia gente carece de virtud interna, desesperadamente compran la oferta de adormidera de otros países que la venden para no arruinar el negocio «legítimo» de los granjeros emprendedores en sus propios países pobres que cultivan la planta narcótica por lucro.

También hemos visto que dar o vender excedentes de productos al extranjero a un precio bajo, por razones humanitarias, a menudo arruina la producción de precio mayor de los granjeros locales. En otras palabras, hacer el bien parece promover más lo malo.

Claramente, la conexión entre el vicio y el crecimiento es un tema que debe ser abordado. ¿Podrá la virtud relacionarse con el crecimiento?

Una interpretación importante de la revolución industrial y sus consecuencias sugiere que el mecanismo de mercado que permitió en primer lugar esa riqueza generalizada terminó empobreciendo a las masas. Esta es la materia prima de la retórica socialista clásica.

El hecho es, sin embargo, que el reproche de Marx de que a través de los años los ricos se hacen más ricos y de que los pobres se hacen más pobres, no es verdad. Más bien, lo que ha sucedido es que todos se vuelven más ricos, siempre que se entre al mercado con el conocimiento de cómo funciona y con la voluntad de trabajar dentro de él.

La explotación no es la explicación central de la pobreza. La teoría de la explotación por sí misma impide el crecimiento ya que no comprende sus requerimientos.

El crecimiento económico de largo plazo no niega que las guerras y los rumores de guerra sucederán, aunque no cabe duda de que la economía es su causa central. Tampoco duda de que muchos individuos, accidentalmente o por su propia decisión, se quedarán en el camino y necesitarán ayuda. Siempre permanecerá la idea de la necesidad de algo más allá de la justicia.

El hecho es, sin embargo, que el mundo ha experimentado un crecimiento sostenido de la riqueza y de la población durante cuatro siglos. Este crecimiento sugiere que los problemas de la pobreza histórica pueden ser y están haciendo resueltos gradualmente en la medida en que se aplican los medios adecuados para ellos.

En la medida en la que el mundo se ha hecho más rico a diferentes ritmos y en diferentes circunstancias, también se ha incrementado la posibilidad de usar equivocadamente esta riqueza. La libertad significa que no existe una forma automática para garantizar que la riqueza será utilizada de manera correcta a menos de que aquellos que la producen y usan actúen virtuosamente.

El drama moral no radica en la riqueza en sí misma, sino las almas de quienes la producen, la distribuyen y la usan —en los hábitos de las personas que la necesitan y la hacen funcionar.

Siempre que esté bien ordenado —lo que no es garantía alguna—, el gobierno puede hasta cierto punto contribuir al desarrollo y al uso adecuado de la riqueza, pero el historial de solo pocos gobiernos en este asunto ha sido alentador. El gobierno no será el principal medio para corregir los desequilibrios de la condición humana.

En realidad, el abuso del poder gubernamental es la causa de las mayores y más sangrientas matanzas del siglo XX. Esta masacre, al igual que la pobreza generalizada, ha sido causada por la elección de ideas económicas defectuosas por parte de los gobiernos ideológicos con frecuencia actuando a nombre del beneficio humano y de la ayuda a los pobres.

Los líderes religiosos, políticos y culturales que conocen los hechos y las caras de la pobreza real están tan molestos al verlos que quieren dejar todo de lado para atender lo que parece ser el problema más apremiante del momento. Es este un sentimiento digno de alabanza, excepto por no distinguir claramente entre caridad y justicia.

Algunos de los problemas humanos no pueden nunca ser resueltos sólo por la justicia. Más a menudo que no, la atención a la pobreza extrema promueve y conduce a medidas políticas y económicas que, en realidad, son perjudiciales bajo cualquier perspectiva de ayuda a los pobres. Terminan ellas creando algo peor, muy a menudo por darle más poder al estado para implementar programas que no funcionan o que solamente aumentan la dependencia y el poder estatal.

La cuestión no es si los pobres deben ser cuidados o asistidos, como parte del bien común. Más bien, la pregunta es: ¿cómo puede alcanzarse mejor el objetivo de llevar a los pobres a una situación en la que ellos sean capaces de ayudarse a sí mismos?

La causa principal de la gran mejora que la condición de los pobres del mundo en las últimas décadas no es tanto nuestro dar a los pobres lo que ellos quieren o necesitan.

Es el desarrollo de los medios de producción y de distribución lo que ha hecho posible que los pobres entren en una relación más productiva con aquellos que ya han descubierto la manera de no ser pobres. [véase Pobreza: Definición Causal]

Una economía próspera que se caracteriza por la libre empresa, un sistema político responsable, estado de derecho y tribunales justos, y el control de la corrupción —pública y privada— es el único mecanismo real para la eliminación de la pobreza.

En tiempos recientes, la pobreza en gran escala es por mucho el resultado de haber seleccionado los sistemas políticos, económicos y morales equivocados. Ninguna alternativa ideológica ha funcionado.

Nota del Editor

Esta columna es un fragmento de On Christians and Prosperity, de James V. Schall.

El reverendo James V. Schall, SJ, es Profesor Emérito de Politics en la Georgetown University. Entre sus numerosos libros están Political Philosophy and Revelation, At the Limits of Political Philosophy, Reasonable Pleasures, y The Order of Things. Escribe con regularidad en revistas en línea como The Catholic Thing y Catholic World Report.

Es muy recomendable ver Son También Leyes. También, Midiendo la Pobreza.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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