Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Competir Con Salarios Bajos
Leonardo Girondella Mora
17 marzo 2015
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Lo que quiero hacer en esta columna es explorar la idea, común en muchas personas que separador.001sostienen que los salarios bajos en un país pobre tienen como consecuencia la imposibilidad de competir con ellos en países con salarios altos o no tan bajos.

La idea puede explicarse en dos puntos concretos, con una conclusión:

• un país pobre, el que sea, en el que se paga a los trabajadores un salario bajo —el que para propósitos del ejemplo que se usa en el libro consultado, es de $4 la hora.

• un país rico, no importa cual, en el que se paga a los trabajadores un salario mayor —de $20 la hora.

Produciendo el mismo artículo, serán muchos los que concluyan que el país pobre tiene una clara ventaja —una ventaja que significará la imposibilidad de que el país rico compita con los salarios cinco veces más bajos del país pobre.

Sin embargo, ésa no es una conclusión válida —no puede aceptarse que los salarios bajos de un país tengan como efecto la desaparición de los empleos con salario alto en otro país.

Como se señala en el ejemplo del libro que estoy utilizando, “Lo que en realidad cuenta son los costos laborales por unidad, no los costos laborales por hora”.

El ejemplo continúa con un supuesto —el del trabajador que gana $20 la hora que produce por la razón que sea, 20 unidades del producto; mientras que el trabajador que gana $4 la hora produce 4 unidades del producto.

Lo anterior significa que en los dos casos el costo laboral por unidad es el mismo, $1 —con lo que se negaría la idea de que los salarios altos no pueden competir con salarios bajos; todo depende de la productividad del trabajador.

La lección que puede aprenderse hasta aquí es el dejar de poner atención en los salarios por hora o por día —y concentrarse en la variable que realmente importa, que es la productividad, expresada en costos laborales por unidad.

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El autor del libro consultado, afirma que “las diferencias de salarios entre países realmente tienden a reflejar las diferencias en productividad” —una conclusión que parecen mucho más cercana a la realidad.

Lo anterior además apunta en otra dirección, la de encontrar una vía para el incremento de los salarios —el camino de la productividad laboral. Con mayor capital, más tecnología y mayor capacitación, los trabajadores podrán producir mas unidades y así tener un salario más elevado.

La elevación de la productividad laboral es un camino mucho más sólido para la elevación de los ingresos de los trabajadores que las negociaciones sindicales —además, lo anterior sugiere que una buena política sindical sería la de exigir condiciones que elevaran la productividad laboral.

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Dentro del tema, suele presentarse una situación un tanto diferente, la que dos productos sustitutos entre sí y que son comparados, concluyendo que el más barato de ellos impedirá competir al de precio más elevado.

Por ejemplo, una tableta similar al Kindle, ofrecida en $20 produciría una competencia que sería imposible de soportar por parte del Kindle original que se vende a $80.

Tampoco en este caso podría justificarse esa conclusión de que el producto de $20 mataría al producto de $80 —habría que considerar una variable adicional, la misma calidad del producto y todas sus características.

Es necesario recordar el caso de los automóviles, donde un auto que se vende a $10.000 no significa la desaparición de un automóvil que se vende a $100.000 —los dos autos pueden subsistir en su mercado porque no son tan parecidos como podría pensarse.

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Lo que he querido hacer en esta columna es mostrar principalmente el caso de un razonamiento común —el de la comparación equivocada de salarios altos y bajos por hora o por día, usando esa comparación para concluir la imposibilidad de competir con los trabajadores que ganen los salarios más bajos.

Lo que debe compararse no son esos salarios, sino el costo laboral por unidad producida.

Y en el caso de los productos sustitutos el uno del otro, pero con precios muy diferentes, tampoco puede concluirse que el más barato de ellos será una competencia imposible para el más caro.

Addendum

Para esta columna usé los datos de la obra de Masaki Flynn, S. (2006). Economía Para Dummies. Bogotá: Norma.

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