Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Consumo y Racionalidad
Leonardo Girondella Mora
1 julio 2015
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


El consumismo y el consumo “irracional” fueron el tema de una conversación con una persona, la que reproduzco abajo en sus partes centrales.

—Creo que las personas tienen patrones de consumo que son impulsivas, que no son racionales. Compran lo que no necesitan, consumen sin razón. Hablo del consumismo, de la sociedad de consumo —dijo la persona.

—¿Podría ampliar esa idea? —pregunté

—Es lo de consumir sin sentido, comprar cosas por razones de apariencia e imagen personal. Quieren ganar más para gastar más en cosas que no son necesarias para vivir. Debiera haber algo que evite eso.

—Concuerdo con usted en que la gente compra cosas que para otros son tonterías. Pero si las compran, ¿no será porque ellas sí las necesitan o creen necesitarlas?

—No, me refiero al consumo de cosas que no son vitales, como el tener el último modelo de teléfono celular cuando el anterior sirve perfectamente. Debería el gobierno entrar a regular esas cosas para evitar que la gente haga compras injustificadas.

—¿Compras injustificadas?

—Sí,como lo del teléfono, o el comprar prendas de vestir para estar a la última moda. Eso es lo que resulta irracional. Sería por el propio bien de ellas el acabar con todo eso.

—¿Usar al gobierno para hacer que la gente consuma lo que necesita y hacerlas felices?

—Sí, o algo por el estilo, algo que regule la compra de zapatos tenis demasiado costosos cuando otros de menor precio servirían igual.

—¿Por qué usar la coerción gubernamental? Parecería que las autoridades tendrían el poder de la razón, ellas y solo ellas.

—Pero es que a todas luces hay compras que no se justifican, eso lo vemos a diario.

—¿Bajo qué criterio son injustificables, el de usted, o el de algún otro?

—Bajo todo criterio racional. No tiene caso comprar esas máquinas para hacer café con cápsulas cuando una cafetera normal puede usarse.

—¿Quién establecería el criterio de justificación que llevara a prohibir esas cafeteras, o los zapatos tenis caros?

—Una oficina de gobierno, una que regulara productos dando autorización de qué productos son necesarios y cuáles no. Eso podría hacerse.

—¿Qué criterio usaría esa oficina de gobierno para prohibir o autorizar?

—Pues es obvio, las necesidades reales de la gente, ese sería el criterio.

—Si la gente compra lo que no necesita, ¿cómo es que se necesitaría la coerción gubernamental? Después de todo, si lo compran es que lo juzgan necesario para ellas, aunque otro opine que no.

—Puede ser que la gente crea que lo necesita, pero es obvio que no cuando se piensa un poco. A la gente debe ponérsele orden en su gasto.

—¿Cuál orden? ¿El que usted piensa que es el racional, o el de quién?

—El de la razón de la necesidad real para vivir.

—No se necesita un libro para vivir, ni tampoco música, ni pinturas en las paredes, tal vez ni siquiera más de tres camisas, ni colchones. ¿Prohibiría usted todo eso? —insistí.

—No, por supuesto que no. Eso si es razonable comprar, Lo que digo es que debe evitarse que la gente compre lo que no necesita, lo que no es necesario para una vida normal.

—¿Quién y bajo que criterios se determinaría qué es lo normal?

—Pues lo que fuera normal, lo que realmente se necesitaría.

—No me ha contestado.

—Bueno, pues lo que establezca un comité de personas expertas y que de allí salgan normas que luego el gobierno convierta en ley.

—Entonces, usted propone que se obligue a la gente a comprar lo que haya sido concluido por los expertos.

—Sí, al final de cuentas, eso es lo que digo que hay que hacer, porque sería lo racional y lógico.

—Debe concluirse que entonces debe imponerse lo racional a la gente. Lo racional según lo definan expertos.

—Sí, eso es, exactamente.

—Eso le obligaría a usted a comprar cosas de acuerdo con lo que ellos digan y podría ser que no estuviera de acuerdo con lo que ellos decidan.

—No, yo compro racionalmente, con lógica. Lo que sucede es que son otros los que no compran de esa manera.

—Vaya, entonces se trata de imponer en otros el criterio que usted tiene, a pesar de que ellos no estén de acuerdo. ¿Cómo sabe que usted compra racionalmente y los otros no?

—Eso se ve todos los días. Cuando comparo mis compras con los demás, me doy cuenta de lo irracionales que son los demás.

—Correcto, ya entendí lo que usted propone. Me queda muy claro.

Addendum

El resto de la conversación continuó con los mismos patrones anteriores. La persona simplemente proponía imponer su criterio de compra sobre los demás.

No dudo que existen compras tontas, injustificables, según los criterios de gente razonable. Sin embargo, propone que un comité de expertos dicte qué compre y no compre la gente, bajo la coerción gubernamental, es un acto totalitario.

Nota del Editor

Si le gustó la columna, quizá también Consumismo: Una Revisión. Hay una buena idea sobre el tema en Consumismo: ¿Dañino?

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