Los créditos estatales son malos. Tienen muchos efectos no intencionales que son reprobables. Reducen y desperdician capital.

Introducción

Los reclamos son frecuentes. Se repiten una y otra vez.

«El campo debe ser incentivado con préstamos oficiales, los préstamos oficiales ayudarán a mantener y elevar el empleo, hay que apoyar los proyectos sociales».

¿Es eso cierto? Los préstamos y créditos fáciles y blandos que conceden los gobiernos con muy buenas intenciones, no están libres de problemas. En realidad tienen problemas y efectos no intencionales considerables.

Un libro fantástico

Si existe un libro clásico de Economía para el lego, ese es Economía en una Lección de Henry Hazlitt. La tesis central del libro es que hay principios económicos que deben respetarse. Si esos principios son ignorados habrá consecuencias, lo queramos o no.

¿Cumplen los créditos estatales esos principios sólidos de la Economía? Realmente no. Los créditos estatales son malos. Tienen consecuencias malas.

Esta idea fue encontrada en la obra de Hazlitt, Henry (1979). Economics in One Lesson, New York. Arlington House Publishers., Chapter VII, Credit diverts production, pp. 44-47.

Créditos estatales, la situación

Los gobiernos otorgan empréstitos y garantías a industrias, agricultores y empresarios de todos tipos y tamaños. Los créditos y préstamos se conceden con condiciones blandas.

Sus intenciones son buenas. Oponerse a esos créditos sería correr el riesgo de ser acusado de insensible. De ser un homo economicus.

Aún así, no deben darse. Los créditos estatales son malos

Según Hazlitt, el gobierno no debe dar esos apoyos financieros y si los da, se violan principios económicos. Eso va a tener consecuencias negativas. Habrá menos capital, serán dañadas otras personas y habrá menos progreso porque algunos de los mejores proyectos no se realizarán.

Esos préstamos oficiales son un desperdicio de capital y reducen el crédito disponible.

Créditos estatales, sus efectos

El primer paso de Hazlitt, para justificar su aseveración, es mencionar rápidamente algunos de los efectos negativos que tienen los préstamos dados por la autoridad. Reserva para el último el más pernicioso de esos efectos.

Nepotismo

Hay riesgo de nepotismo en los préstamos gubernamentales. Será difícil para el gobernante que concede esos créditos no favorecer a amigos y familiares. La tentación de hacerlo es una constante en estos préstamos.

Corrupción

Tienen peligro de corrupción. El gobernante puede otorgar créditos a empresas de su propiedad o de otros, a cambio de dádivas. Una tentación natural en toda concesión de créditos estatales. Otra de las razones por las que los créditos estatales son malos.

Escándalo

Hay riesgo de escándalo. Aún donde no hubiera nepotismo ni corrupción, es difícil dilucidar por qué una empresa sí recibe ayuda y otra no. Será problemático justificar ante todos las razones por las que cierta empresa o cierto agricultor recibió un préstamo, pero otros no.

Eso es material muy fácil de aprovechar en ataques políticos, acusaciones y escándalos noticiosos. Es material que alimenta al amarillismo.

Reclamos por fracasos

Tienen peligro de quejas y reclamos ante fracasos y fallas. Los créditos y préstamos dados a empresas que fracasaron son un mal uso de los impuestos.

El contribuyente se quejará con razón. El gobierno otorgó el crédito y lo perdió, teniendo que ser cubierto con impuestos pagados por las personas. No por le gobernante. Otra de las razones por las que los créditos estatales son malos.

No participar en éxitos

Hazlitt señala un quinto defecto. Dice que es elemental llegar a una conclusión: el gobierno da el préstamo y corre el riesgo. ¿Por qué no participa también en las utilidades?

Después de todo, es dinero del contribuyente el que está en riesgo, y el contribuyente no se lleva nada. Sus impuestos fueron arriesgados en un préstamo sin que el contribuyente tuviera una recompensa.

Los créditos estatales son malos, la mayor razón

Hasta aquí, el autor, menciona cinco efectos no intencionales de los créditos oficiales. Pero hay más. Hazlitt se detiene y analiza el peor de todos. El desperdicio de capital y la reducción del crédito.

Capital desperdiciado, crédito reducido

Cuanto más crédito da el gobierno, menos crédito existe. Cuanto más crédito da, más capital se desperdicia.

El otorgar créditos gubernamentales es un desaprovechamiento de los recursos escasos de la sociedad y, por tanto, esos préstamos son un daño real a los ciudadanos.

Para justificar esa severa afirmación, Hazlitt inicia su exposición mencionando que los préstamos oficiales hacen disponible capital para proyectos de dudosos resultados.

Es decir, el crédito gubernamental pone capital en manos de personas que son menos competentes y menos confiables que aquellas que consiguen crédito de fuentes particulares.

Ya que el capital es limitado, eso ocasiona falta de crédito a personas confiables con proyectos viables. El capital es un recurso escaso y una parte de él es colocado en manos cuyos proyectos son cuestionables.

¿Por qué dar crédito a los menos confiables?

Las personas que invierten su propio capital son muy cuidadosas. No quieren perder su dinero. Desean seguridad. Esta es la razón de fondo, la que establece la diferencia entre un crédito privado y un crédito oficial.

La distinción entre el crédito otorgado por un particular y el crédito otorgado por el gobierno es enorme. En los préstamos gubernamentales se cometen, por sistema, más errores de inversión que en los préstamos entre particulares.

El préstamo privado se hace con capital propio o que ha sido confiado por un tercero, del que hay que presentar cuentas.

En cambio, el préstamo oficial se hace con dinero del contribuyente, a quien se le ha retirado por medio de impuestos forzosos. El préstamo oficial se hace con dinero de nadie. Un crédito gubernamental no rinde cuentas a persona alguna.

El préstamo privado será invertido donde la garantía de pago sea aceptable. Esta característica tiene una consecuencia muy positiva, pero muy poco conocida: el beneficio a los consumidores.

Al calificar una inversión como plausible, se espera que el servicio o producto producido tenga buena probabilidad de éxito, lo que significa que los consumidores lo quieren.

Créditos privados y créditos públicos

De modo que el ser exigente en el otorgamiento de créditos beneficia al consumidor. Por diseño, un préstamo dado por particulares que revisan y verifican las posibilidades de la empresa a la que prestarán capital, es causa de beneficios a la sociedad.

Los créditos privados serán aprobados para proyectos que tengan más probabilidades de tener éxito entre los consumidores. Proyectos de menor riesgo.

Los préstamos que un gobierno da son drásticamente diferentes. Los créditos oficiales no tienen como objetivo principal la recuperación del capital que es lo primero que busca un préstamo privado.

Los créditos estatales son malos. Serán decididos y otorgados sobre otras bases, sobre consideraciones diferentes.

Como el crear o mantener empleos, lo que en sí mismo es un grave error (las empresas que requieren más horas-hombre en relación al valor de su producción son las más menos eficientes y los préstamos se darán a ellas y no a las empresas de mayor eficiencia).

Estas otras bases y consideraciones no significan un beneficio a la sociedad, sino un daño real al retirar recursos escasos para darlo a proyectos de dudosos resultados.

Créditos altruistas y créditos egoístas

El razonamiento anterior lleva a una conclusión sorprendente. Una paradoja.

La motivación calificada como «egoísta» del particular que quiere recuperar su inversión tiene más beneficios que la motivación supuestamente «altruista» del gobierno.

El particular que otorga malos préstamos queda sin capital para continuar su actividad y esto es lo que le mueve a dar crédito a los proyectos con mayor probabilidad de éxito.

Los gobernantes no tienen ese incentivo. El dinero que prestan no es el suyo, ni les ha sido confiado con obligación de devolverlo. Ellos prestan dinero de nadie, del que nadie va a exigir cuentas.

El fracaso de esos préstamos no pone en riesgo la existencia, ni el trabajo del burócrata.

Por eso, el gobierno es un mal evaluador de riesgos de inversión. No tiene ninguna motivación para ser un buen otorgador de préstamos, ni tiene parámetros para evaluar su desempeño al darlos.

Idealismo del altruista

Pero los gobernantes sí saben otras cosas, saben dar respuestas idealistas a preguntas idealistas y dar razones plausibles a dos casos, el de la justificación del otorgamiento de crédito y el de las causas de su posterior fracaso.

El resultado neto es claro. Los créditos privados usan el capital de manera más eficiente que los préstamos gubernamentales.

Por tanto, el hecho de que un gobierno haga préstamos reduce la producción del país. Los que tienen mejores proyectos no recibirán los créditos que merecen porque esos créditos han ido a parar a las manos de quienes tienen proyectos dudosos o menos prometedores.

Sí, los créditos estatales son malos, tienen efectos negativos. Y eso no lo pueden remediar ni el altruismo ni las buenas intenciones.

La empresa desconocida

Para terminar el análisis de las consecuencias negativas de los créditos oficiales, Hazlitt recuerda uno de los temas centrales de su libro. El impacto de una decisión económica en el resto de la población.

En el caso de los préstamos gubernamentales es muy fácil ver y saber que un préstamo fue dado, por ejemplo, a la empresa A.

Los beneficiarios directos de los créditos están plenamente identificados. Todos sabrán que esa empresa en concreto ha recibido un capital, sin que haya duda al respecto.

Pero hay otro protagonista, un protagonista anónimo, que nadie conoce ni conocerá, la empresa que hubiera obtenido el crédito que buscaba, la empresa desconocida.

Los recursos que recibió A los hubiera recibido otro proyecto y nadie sabrá jamás cuál era ese proyecto que no se llevará a cabo. Y que era muy probablemente mejor.

Es un protagonista anónimo, uno que nadie conoce ni conocerá. Es la empresa que hubiera obtenido el crédito que buscaba si el gobierno no hubiera tomado capital, que es escaso, para dárselo a otro.

Sí, los créditos estatales son malos, ellos tienen efectos no intencionales negativos. Reducen crédito y desperdician capital.

En resumen, los créditos estatales son malos

Según el análisis de Hazlitt, al dar préstamos oficiales, el gobierno disminuye la cantidad de capital disponible para empresas y proyectos sanos que necesita el consumidor, para dárselo a empresas y proyectos más dudosos y menos confiables.

La razón de eso es la motivación detrás del préstamo. El particular no quiere perder su inversión.

La autoridad, en cambio, presta dinero que no es suyo, lo que hace que al final sea el contribuyente el que subsidie malos riesgos de inversión y pague las pérdidas.

Y en ese proceso hay una víctima desconocida, la empresa más eficiente, con un mejor proyecto, que no obtuvo un crédito porque ese capital fue dado a otra empresa menos eficiente y con un proyecto menos viable.

Y una cosa más…

La idea en este resumen es otra buena muestra del gran error que se comete cuando se decide que los gobiernos intervengan directamente en la economía.

Una decisión que usualmente se debe a una inercia mental gratuita, la de creer que dar más funciones a los gobiernos solucionará problemas.

Un ejemplo de crédito estatal mal orientado es el de «Programas para el campo de AMLO dejan productividad de lado». Reducirán y desperdiciarán capital.

Este resumen fue publicado originalmente en febrero de 1996. Aquí se le han hecho algunas modificaciones.

[La columna fue revisada en 2019-06]