Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia: Sus Necesidades
Eduardo García Gaspar
17 diciembre 2015
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá el mayor problema democrático. Uno que producirá vergüenza incluso en el más ardiente defensor de la democracia.

¿Tienen las personas que votan conocimientos suficientes como para emitir votos siquiera medianamente razonables?

La respuesta estándar es que sí, pero un examen un poquito mayor de la realidad arroja dudas severas.

¿Sabe la gente lo suficiente de economía como para saber que la emisión de dinero provoca inflación tiempo después? ¿Sabe ella siquiera un poco de relaciones internacionales como para valorar conflictos en otras partes?

W. Churchill (1874-1965) lo resumió admirablemente: «El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio».

Está en la esencia de la democracia la idea del «advenimiento de las masas al pleno poderío social», como lo expuso J. Ortega y Gassett (1883-1955).

La suposición que eso necesita es la de creer que la gente sabe y conoce lo suficiente como para tener una influencia clara y definitiva en los asuntos políticos.

No es que se dude que las personas tengan, en lo general, la capacidad de hacerse cargo de su propia vida (que es la hipótesis subyacente del Liberalismo), sino que ellas conozcan lo requerido sobre la res publica como para confiar en la emisión de votos razonables, que elijan a quienes tienen las propuestas políticas mejores.

Tampoco es como para requerir que los ciudadanos sean expertos en Economía Política y hayan leído La República y Las Leyes de Platón. Pero sí se trata de que los ciudadanos sepan y conozcan un par de cosas básicas.

Primero, que tengan una educación que les permita reconocer a las falacias políticas, a las promesas sin sentido del candidato; que les haga reconocer al demagogo y al populista. Algo así como tener una guía contra propaganda política, que si ellos no conocen al menos pueda ser difundida en medios noticiosos.

Segundo, que tengan arraigados algunos pocos valores humanos a los que consideren como inviolables y dignos de defender incluso pagando alto precio. Me refiero especialmente a la libertad, el gran valor político que defiende la democracia.

Seamos claros: cuando el ciudadano no considera a su libertad como el gran valor a defender, la democracia no es nada más allá que un sistema para seleccionar amos a los que se someterá la gente.

Eso es lo que la democracia que puede sobrevivir necesita en sus ciudadanos, pero la cosa no termina allí. Ella necesita también un cierto tipo de gobernante, alguien que pueda articular, proponer y convencer ideas de gobierno que son las que se ponen a votación.

Es decir, la democracia necesita moverse en el plano de las ideas que presentan e implantan los gobernantes. Cierto que no se evitará entrar en el terreno de los personalismos, pero cuando estos sustituyen a las ideas, la democracia cambia y se convierte en una modalidad de la monarquía iluminada e ilimitada.

Puesto de otra manera, la democracia necesita una cierta aristocracia de gobernantes que entiendan que las instituciones son más importantes que las personas.

Y, por último, la democracia necesita una plaza pública de discusión que sirva para informar y analizar. Esa plaza pública, creo, en las sociedades modernas, son los medios noticiosos, los que deben estar imbuidos de esa misma defensa de valores democráticos, especialmente la libertad humana.

Con una obligación natural de informar con la verdad, algo que es demasiado optimista como para ser realidad y que puede remediarse por medio de la libertad de expresión, es decir, la multiplicidad de medios.

Mi punto, me parece, es obvio. Trato de lanzar un cubo de agua fría sobre las propuestas de quienes piden democracia sin prudencia, sin ponerse a pensar en lo que ella necesita y lo que puede ocasionar como efectos indeseables colaterales. Es la conocida frase:

«Pon cuidado y atención en lo que sueñas y ambicionas, porque puede ser que se convierta en realidad»

Esta es precisamente una de las enfermedades de nuestros tiempos, la existencia de movimientos y activismos que tiene una escasa conexión con la realidad, en los que todo o casi todo está basado en sueños, ideales y buenas intenciones.

Quieren democracia, por ejemplo, pero sin prudencia y sin realismo obtendrán lo opuesto de lo que ambicionan.

La democracia no es un ideal en sí mismo, sino una simple y tosca herramienta diseñada para defender a la libertad; jamás para construir una utopía terrenal.

Post Scriptum

Quizá al lector le interesa también Democracia y República.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras