Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y Corrupción
Selección de ContraPeso.info
1 agosto 2015
Sección: CRIMEN, Sección: AmaYi
Catalogado en: ,


En las democracia, a corrupción puede ser epidémica. El aprovechamiento desleal de la posición del gobernante para su provecho personal y la obvia consecuencia del perjuicio de otros.

Este resumen presenta la idea de Tocqueville sobre la corrupción gubernamental. A pesar de tener algo menos de dos siglos de haberse escrito, la idea de la corrupción que presenta mantiene su frescura. Ayuda a entender fenómenos actuales, como el comprender la razón por la que la corrupción gubernamental, bajo ciertas condiciones, es un vicio extremadamente contagioso.

Alexis de Tocqueville (1805-1859), francés, funcionario de gobierno, publicó en 1835 De la Démocratie en Amérique, un libro lleno de ideas y consideraciones sobre las virtudes y defectos de la democracia. La idea está tomada de Tocqueville, Alexis de (1989). La Democracia en América Vol 1. Madrid. Aguilar Maior, pp. 215-217.

En su primera consideración, Tocqueville señala que los regímenes democráticos y los aristocráticos se acusan mutuamente de corruptos. La verdad es que en ambos tipos de gobierno existe la corrupción, aunque ella no es igual en los dos.

Desde luego, hay que entender que para Tocqueville, en ese tiempo, su obra contrastaba los regímenes aristocráticos como el de su país natal, con el sistema republicano de los EEUU.

El tipo de gobernante es muy diferente en las aristocracias y en las democracias. Dentro de un sistema aristocrático, el gobernante es una persona de gran fortuna, cuya motivación principal no es el logro de mayores ganancias, sino el ejercicio del poder.

Por el contrario, en las democracias llegan al poder personas que tienen su fortuna por hacer. El gobernante, en un sistema democrático, no es la persona de gran riqueza. Su motivación principal puede ser el ejercicio del poder, pero ese gobernante democrático no tiene hecho aún su patrimonio.

De lo anterior, puede deducirse que en los sistemas aristocráticos los gobernantes son poco accesibles a la corrupción y sólo tienen un gusto muy moderado por el dinero, mientras que en los pueblos democráticos sucede lo contrario.

Dentro de las aristocracias, quienes aspiran a llegar a los asuntos públicos son poseedores de grandes fortunas y los puestos en el gobierno no podrían dar cabida a todos los que lo desean, por tanto, el gobierno en cierto sentido está en subasta. Son los de gran fortuna quienes compran de alguna manera su entrada al ejercicio del poder.

Por su lado, dentro de sistemas democráticos, quienes aspiran a llegar a puestos gubernamentales no son ricos y son muy numerosos. Dice Tocqueville que tal vez en las democracias no haya menos hombres en venta, pero no hay casi compradores y habría que comprar a demasiada gente para obtener el objetivo.

De esa diferencia, puede concluirse que en las democracias la corrupción se ejerza más sobre los gobernantes y en las aristocracias más sobre los gobernados.

En la democracia se corrompe a los funcionarios públicos; en las aristocracias al pueblo mismo que se vende a la autoridad a cambio de sus favores. La corrupción se da en ambos sistemas, sólo varía su objeto.

Se da por tanto, una confirmación de todo lo anterior. En las aristocracias, la corrupción se practica para poder llegar al poder, mientras que en las democracias la corrupción está más con el ejercicio del poder. El aristócrata aprovecha las oportunidades de corrupción para llegar a gobernar, cuando el gobernante democrático se corrompe en el ejercicio del poder.

Esta es una consideración que a Tocqueville le permite obtener una conclusión tan razonable que casi parecería una ley física: en la democracia la corrupción daña más al tesoro público que a la moralidad, en las aristocracias la corrupción daña más a la moralidad que al tesoro público.

¿Dónde es más probable que exista corrupción gubernamental? ¿Qué es lo que hace que ella se dé en mayores proporciones?

Hay una relación directa y proporcional entre el tamaño del gobierno y la corrupción de ese gobierno.

De nuevo, la respuesta de Tocqueville toma la forma de un principio matemático con fuerza en sí mismo: las grandes corrupciones solamente pueden darse donde el gobierno está muy concentrado en pocas manos y donde el gobierno sea el responsable de realizar las más grandes tareas.

Si todo lo demás permanece constante, habrá una relación directa y proporcional entre el tamaño y la concentración del gobierno y la corrupción de ese gobierno.

A gobierno más grande y concentrado, mayor corrupción del gobernante y viceversa.

Pero es en las consecuencias de la corrupción, donde Tocqueville revela aún más las luces de su entendimiento.

Dice que si bien los hombres que gobiernan en la aristocracias son los que tratan de corromper a los demás, son los gobernantes de los regímenes democráticos quienes se muestran corruptos ellos mismos.

En las aristocracias se ataca directamente a la moralidad del pueblo, pero es en la democracia que se ejerce una influencia sobre la conciencia pública a la que hay que temer todavía más.

Es vano afirmar que en todas las clases de hombres se encuentran las pasiones deshonestas y que pueden existir gobernantes corruptos en cualquier tipo de régimen. Esa afirmación no satisface, ni permite un entendimiento del fenómeno de la corrupción.

Hay en la corrupción de quienes llegan por azar al poder, algo grosero y vulgar que hace contagiosa a esa corrupción en la multitud.

En las depravaciones aristócratas hay un alto refinamiento y aires de grandeza que no permiten que esas depravaciones se popularicen. El pueblo no penetrará nunca en el espíritu de las cortes aristócratas y con mucha dificultad podrá entender la bajeza que se oculta en los modales refinados del aristócrata.

Pero el gran peligro es otro, pues en la democracia el vicio de la corrupción tiene más probabilidades de popularizarse. Es más contagiosa la corrupción del gobernante democrático que la del gobernante aristócrata.

Robar el tesoro público o vender los favores y permisos del gobierno, lo comprenderá el menos inteligente de los ciudadanos, quien se jactará de poder hacer eso mismo él de estar en la misma posición.

Con dificultad se entenderá la bajeza oculta en modales educados, pero con facilidad se entenderá y querrá imitar el robo del tesoro público y la venta de favores.

Es decir, la corrupción tiene más probabilidad de propagarse en un sistema democrático al ser realizada por personas que están en proceso de formar su fortuna, a la luz de todos y ser ejercida en el poder, donde todos entienden cómo se logran esas fortunas.

Al final, el autor hace otra distinción. Dice que no es de temer tanto el conocimiento de la inmoralidad de los grandes gobernantes, sino la inmoralidad que conduce a la grandeza.

Dentro de las democracias es sencillo ver cómo un hombre común sale de las filas mismas de la ciudadanía para en pocos años tener poder y fortuna.

Eso echa a volar la imaginación de sus iguales anteriores, quienes son más propensos a atribuir la buena fortuna de esa hombre a sus vicios que a sus virtudes. Por eso es que se mezclan las ideas de inmoralidad y de poder, de corrupción y de éxito.

Nota del Editor

Este resumen de la idea de Tocqueville fue publicado originalmente en enero de 1996 bajo el título de El Virus de la Corrupción. Esta publicación presenta algunas modificaciones con respeto a ese original.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Cree en la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección Grandes Ideas en ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras