Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y Prosperidad
Eduardo García Gaspar
22 julio 2015
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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Todos la desean. Ella es la gran ambición política de nuestros tiempos.

El ideal buscado, por el que se lucha en todas partes, o en casi todas. Me refiero a la democracia.

Ese sistema de gobierno en el que la gente se gobierna a sí misma.

Donde la gente es capaz de respetar y valorar sus libertades y las de los demás. Un sistema de gobierno donde la gente es libre para ser ella responsable de su propia vida.

Esto lleva a una conclusión sorprendente. No es democracia ese sistema en el que el gobierno resulta ser el responsable de la vida del agente. Un estado de bienestar, por lo tanto, no es una democracia propiamente hablando. No es un sistema de libertades, es uno de dependencia estatal.

Vayamos ahora a algo que creo que bien vale una segunda opinión. Pensemos en las democracias originales, las primeras. Países en los que no había aún gran desarrollo y donde existían marcadas diferencias de riqueza entre las personas. Piense usted en los Estados Unidos, o en Gran Bretaña, por ejemplo.

Esas democracias eran regímenes inestables, al menos en sus tiempos iniciales. Sin embargo, sobrevivieron y siguen siendo más o menos democracias. La razón de esa supervivencia democrática quizás puede encontrarse en una razón. La capacidad de la libertad ciudadana para generar progreso creciente.

Un progreso no igual para todos, pero si creciente en lo general. Creo que es razonable pensar que sin esa capacidad para prosperar, esas democracias originales ya no existirían. Hubieran desaparecido en medio de conflictos de interés entre las diferentes clases que las formaban.

Una democracia sin prosperidad creciente general debe terminar en un conflicto de intereses de tal magnitud que ella opte por luchas redistributivas de la riqueza. En cambio, gracias a la prosperidad creciente de ellas, sus ciudadanos podrán ver que su vida mejora gracias a la libertad con la que cuentan.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es que las democracias se mantienen y preservan por causa de la prosperidad general que pueden generar gracias a la libertad de la que gozan.

Siendo la democracia un régimen de libertades, en ella se cultiva la libertad de iniciativa de trabajo y es ella la que permite la prosperidad.

Lo anterior permite llegar a la otra conclusión. La democracia que no permite esa libertad de trabajo e iniciativa tiene gran riesgo de terminar en la imposición de un gobierno ya no democrático. Quizá sea una oligarquía, o tal vez una demagogia.

Esto es lo que pienso que hace inestables a las democracias nuevas que mantienen gobiernos con políticas que impiden la libertad económica. Sin esa libertad económica la prosperidad es mucho menos probable. Y sin prosperidad el régimen terminará aplicando políticas redistributivas para intentar mejorar la vida de los más pobres.

Las nuevas democracias, si no crean prosperidad general, sólo podrán mantenerse como democracias de nombre. Esto lleva a una conclusión que me parece razonable.

El país que se establece como una democracia debe ir más allá de las simples elecciones para gobernantes. Más allá de la división del poder político. Deben también implantar un régimen de libertad económica.

Sin la libertad económica, será imposible crear prosperidad y sin la prosperidad ese régimen nuevo democrático se convertirá en un escenario de lucha para el reparto de la riqueza. Esto es lo que hace poco sorprendente el énfasis actual en la igualdad económica.

Con un escaso crecimiento económico, provocado por escasez de libertades, la solución a la mejor vida de los más pobres (o menos ricos) solamente puede seguir una vía, la de la redistribución de la riqueza existente.

Esto es precisamente lo que tenemos hoy en día, por ejemplo, en la UE. Con economías estancadas, producto de la falta de libertad económica, los gobiernos recurren a políticas redistributivas. Una mentalidad muy característica también del gobierno de B. Obama.

Y resulta así que ya no se vive propiamente en una democracia, sino en un escenario de lucha entre segmentos sociales que aprovechan el poder del gobierno para beneficio propio.

En resumen, lo que dicho es que para mantener a la democracia en un país, su gobierno debe crear y fomentar a la libertad económica. Esta es la única forma para generar el progreso que la democracia necesita para su supervivencia.

Si su gobierno limita a la libertad económica, el progreso disminuirá y el régimen político cambiará para convertirse en un sistema de mecanismos para el reparto de la riqueza.

Voy a ser más claro: las democracias sobrevivirán en el monto en el que ellas mantengan una economía capitalista, es decir, de libertades económicas que permitan mantener libertades políticas y culturales. Cuando se pierdan las libertades económicas del capitalismo, también se perderán el resto de las libertades, incluyendo a la religiosa.

Post Scriptum

Me resulta muy soprendente la posición de quien defiende a la democracia y al mismo tiempo limita a las libertades económicas. No tiene lógica defender libertades políticas y culturales al mismo tiempo que se atacan libertades económicas. Pero se hace con tanta frecuencia que ya no llama la atención el absurdo que significa y se llega a casos de prestidigitación mental para justificar lo absurdo.

Véase la idea de M. Novak sobre el Capitalismo Democrático.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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