Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derecho al Crédito
Eduardo García Gaspar
3 agosto 2015
Sección: DERECHOS, ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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«La diferencia entre la estupidez y el genio es que el genio tiene sus límites» A. Einstein.

«Aquí está su dinero, el del crédito que ha pedido y al que la Constitución le da derecho», dice el ejecutivo bancario al cliente que ha terminado de llenar una solicitud para un préstamo. Quiere ir de vacaciones y no tenía suficiente dinero.

Un gran logro de la economía social, de la política que se preocupa del bienestar común y que desea aumentar el consumo para reactivar a la economía. Desea poner dinero en manos de la gente común y para ello ha decretado que exista un derecho constitucional al crédito.

Las personas tienen derecho a que se les dé crédito y los bancos tienen la obligación de darlo. Después de todo, ese es un derecho económico y social posible en la nueva economía.

¿Ficción atrevida? No tanto, vea usted esto, un partido político en España propone que exista tal derecho.

Es la gente de Podemos y fue reportado así:

«Tras el rescate bancario, la banca debería haber pasado a ser pública. Bajo esta premisa, el partido de Pablo Iglesias demanda que exista un derecho al crédito reconocido en la propia Constitución y que la financiación a la economía como servicio público esencial también figure en la Carta Magna».

Y, si se tiene un poco de memoria, eso fue lo que en buena parte creó la crisis de 2008, las hipotecas dadas casi como derecho a tener una casa, con intereses artificialmente bajos y sin haber filtros de calidad en el otorgamiento de préstamos.

Piense usted ahora en las personas, esas que votarán y que escuchan que si tal partido llega al poder ellas podrán ir al banco y pedir un préstamo que no les podrán negar. El préstamo, tal vez, tendrá condiciones favorables, como tasa baja y condiciones suaves de pago. Puede ser que incluso el no pagar tenga pocas o nulas consecuencias para el deudor.

Entre esas personas, algunas muy ingenuas y otras terriblemente malévolas, darán su voto a tal partido. Tener créditos imposibles de ser negados es muy tentador. El resultado de colocar en la ley ese derecho producirá lo que usted se imagina: una demanda muy alta de créditos y, a la larga, un incremento notable de la cartera vencida e impagable.

Y eso será una crisis económica de consideración que lastimará a todos en el país.

Bien, pero eso es una parte de la historia, la otra tiene que ver con los procedimientos para otorgar los créditos obligatorios por parte de los bancos. Me imagino que el crédito sea dado con unos pocos requisitos, como el nombre de la persona y su dirección, más un monto máximo y el establecimiento de un plan de pagos.

El dinero dado a las personas, quizá un abono en su cuenta, no necesita imprimir dinero, será un factor inflacionario considerable. Con reservas fraccionarias, los bancos podrán prestar varias veces el monto real de sus depósitos y, al menos al principio, la economía dará señales de ir por buen camino, hasta que comience a haber escasez de dinero para prestar y las tasas comiencen a subir, lo que hará que muchos deudores no puedan pagar sus créditos y comience la debacle.

Otra forma de ver las cosas: si usted tiene ahorros en un banco, será usted en realidad quien le preste dinero al que sea que lo pide, sin que haya un filtro que evalúe la calidad de la posibilidad de pago del crédito. La realidad es que usted hará mejor en retirar sus ahorros y mantenerlos en casa, o en compras de artículos de valor intrínseco, como oro.

Estas no son cosas que no se conozcan, no son conocimientos secretos, ni cosas ideológicas y subjetivas, son realidades.

El que un un loco en una banca de un parque las proponga es parte del espectáculo callejero, pero que un partido político lo proponga con, imagino, seriedad absoluta, muestra algo de nuestros tiempos.

Algo que puede ser una estulticia sin límites, tal vez provocada por una ingenuidad económica adoctrinada por locos en alguna universidad. O puede ser que se trate de una tremenda maldad, un engaño intencional destinado a un electorado inocente que se comporta como lo esperada P. T. Barnum («There’s a sucker born every minute»).

Entre las cosas que propone ese partido hay otra: el reducir la jornada semanal a 35 horas, la «medida responde a un intento de “redistribuir el trabajo” lo que haría disminuir la tasa de paro en España y, por ende, aumentar el consumo».

No es una idea nueva, al final de los años 90 se emitió en Francia con resultados no precisamente buenos.

¿Es que en nuestros tiempos se ha perdido la lógica, la razón?

Post Scriptum

Resulta recomendable ver Desempleo y Horas Trabajadas.

Esta es una buena forma de ver este asunto:

«El derecho constitucional al crédito es una barbaridad que no hay por donde cogerla y que olvida y hace borrón sobre todo el origen y causa de la crisis actual. Endeudarse no es un derecho ni puede serlo nunca y tampoco podemos permitir que se consagre como derecho un comportamiento que no siempre tiene consecuencias positivas para quién lo hace».

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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