Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desacuerdo y Discriminación
Eduardo García Gaspar
17 agosto 2015
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La historia tiene su fondo. Mucho mayor que la atención que recibió en los medios.

Fue un asunto de dos multas impuestas por un organismo gubernamental.

Tiene un nombre notable, Dirección General para Promover la Igualdad y Prevenir la Discriminación, del Gobierno de Coahuila en México.

Fue reportado que esa oficina de gobierno aplicó dos multas a dos personajes, Carlos  Alberto Pacheco Coronado y a Eduardo Ariel Pacheco Ortiz. También fue multada la asociación que encabezan, Cristo Rey.

La razón de los castigos de esa oficina fue la discriminación. Se les acusa de reprobar a los matrimonios homosexuales y a la adopción de hijos por parte de esos matrimonios. Dijeron ellos que la homosexualidad «es una aberración» y que se podía «curar».

También, ha sido reportado que:

«Noé Ruiz, presidente de la comunidad lésbico gay de San Aelredo, presentó queja ante el INE delegación Coahuila para pedir que se retire la candidatura a Eduardo Pacheco, candidato a diputado por el distrito 4, por el partido Encuentro Social.»

Y que le fue negado el amparo en contra de las multas que lo castigan por discriminación a pesar de haber argumentado que se trataba de su libertad de expresión.

La jueza encargada del proceso dijo:

«Que las calificativos que utilizó el quejoso en la entrevista dada a los medios de comunicación para referirse a la relación entre personas de un mismo sexo resultan ofensivas (antinatural, antihigiénico y genera contaminación), además llevó a actos con el fin de provocar en la sociedad el rechazo a dicho grupo social, justificando su actuar en su ideología religiosa y su libertad de expresión».

En resumen, tenemos una situación sencilla de describir.

La persona A habla y dice algo que contraría a la persona B. Hasta aquí nada hay de extraordinario (mucho de la vida de los columnistas puede ser descrito por esa situación). Es un simple ejercicio de la libertad de expresión.

Las cosas se complican, sin gran necesidad, cuando lo que la persona A dice lo interpreta la persona B como discriminación. Una patología de nuestros tiempos: confundir desacuerdo con discriminación. No son términos equivalentes. Más aún, son muy distintos.

Si A está en desacuerdo con B, eso significa que B está en desacuerdo con A. Los desacuerdos son mutuos. Si B acusa de discriminación a A, entonces A podría hacer lo mismo con B. La discriminación sería mutua. Mutua y ridícula.

Una correcta y exacta definición de discriminación no incluye a los desacuerdos de opiniones. Sería un tanto teatral que un partidario del estado de bienestar me acusara de discriminación por emitir opiniones opuestas a su idea.

Entonces, la primera dificultad es clara. Se trata de la confusión obvia en la que se cae cuando se cree que estar en desacuerdo es igual a discriminar.

La cosa se complica aún más por otra causa, la intervención gubernamental.

Se coloca como un juez moral que debe decidir sobre la existencia o no de un acto discriminatorio. Y decidirá que sí existe, como lo hizo en este caso, porque actúa de manera confundida: cree que un desacuerdo de opinión es un acto de discriminación.

Y ya que la discriminación está prohibida, emite el juicio y las multas, castigando en realidad a la libertad de expresión (un derecho que debería defender). Un asunto de gran importancia, de consecuencias gigantes para la libertad de expresión en cualquier parte.

Proyecte usted esto a otras posibles situaciones y verá que quien se sienta atacado en sus ideas tendrá a su disposición la posibilidad de atacar a su opositor acusándolo de discriminación para ganar así la discusión.

El efecto colateral es nefasto. No solamente se negará la posibilidad de usar a la razón, también se terminará dando a los gobiernos un poder absoluto sobre la libertad de expresión.

Entre esas posibles situaciones, habría una sencilla de ver: si alguien presenta una denuncia ante la misma jueza, ella tendría que multar a los autores y editores de muchos libros, incluyendo a la Biblia.

Quizá, al final, se trata de un síntoma de extrema sensibilidad de nuestros tiempos, los que no soportan la menor de las contrariedades que enojen a una generación con burbuja en un estado de sobreprotección que le hace perder contacto con la realidad.

Post Scriptum

La mejor definición de discriminación que conozco es:

«Discriminación es un conjunto de acciones voluntarias y repetidas, que forman un patrón de conducta claro por parte de una o más personas en contra de una o más personas que son directamente maltratadas o excluidas por causas ajenas a las propias y naturales de la situación en la que se encuentran».

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