Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Descuido de la Persona
Eduardo García Gaspar
12 mayo 2015
Sección: CIENCIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es algo que todos hacemos. Lo hacemos varias veces al día. androjo

Un asunto vital, literalmente vital. Pertenece a una de las facetas de nuestra humanidad.

La faceta de lo más básico de un ser vivo. Algo que todos tienen, incluyendo a los animales.

Me refiero a comer y beber. Si nos volvemos platónicos, ese comer y beber pertenece a lo que puede llamarse apetitos. Cosas que son físicas, corporales. Necesidades básicas, como el dormir y usar vestimentas y un techo de protección y el sexo.

Comer y beber, entonces, son parte de esos apetitos físicos. Apetitos compartidos con otros animales. Asuntos de supervivencia. A ellos, los humanos añadimos otros elementos, no propiamente apetitos y que son claramente humanos.

Me refiero a ambiciones, sentimientos, inclinaciones, actitudes, motivaciones, intereses y cosas por el estilo.

Estos elementos, que son exclusivos humanos, son los que nos llevan a, por ejemplo, estudiar, poner a los niños en escuelas durante años. Y modifican a los apetitos físicos. La sed que se satisfaría con agua, ahora se satisface con agua gaseosa, o con un jugo frío de naranja. Los satisfactores del hambre son ahora modificados con salsas y condimentos.

Esto nos pone por encima del nivel animal, llevándonos a otro plano.

No sé de leones que añadan pimienta a las cebras que comen, ni de elefantes que pidan Perrier, ni de chimpancés que ordenen huevos revueltos para el desayuno. Los humanos estamos, entonces, en una posición distinta.

Sigamos con eso de comer y beber. Los humanos, que podemos preferir un bife en lugar de un salmón, podemos sucumbir a excesos, como el comer o beber demasiado, o muy poco. O, también, comer bien, según lo que necesitamos. La obesidad y la delgadez extremas muestran excesos en nuestras decisiones de comer y beber… y en otras cosas también.

Hasta aquí, tenemos a los apetitos, que podemos llamar instintos, como el preservar la vida, proteger a los hijos, comer, todo ese tipo de cosas. Y tenemos también, otros elementos que son propios de los humanos: ambiciones, sentimientos, inclinaciones, actitudes, motivaciones, intereses y cosas por el estilo.

La combinación de ambas, logra productos humanos únicos, como las obras de Shakespeare, el filete Wellington, óperas, el Gangman Style, gobiernos dictatoriales, estados de derecho, pornografía, pinturas de van Gogh, libros de filosofía y demás. Es aquí donde se entiende mejor a la persona.

Es eso que lleva a tener estilos arquitectónicos que son incomprensibles al oso que habita en una cueva, donde no coloca fotos familiares. ¿Es eso todo?

No, hay otro elemento humano que nos distingue aún más. Es eso que llamamos razón. El poder pensar crea en nosotros algo fascinante, una especie de control que guía decisiones.

El pensar y razonar es eso que crea ideas. Ideas que se convierten, por ejemplo, en moderación cuando comemos y bebemos. Una especie de control propio que sugiere que es indebido comer demasiado, o muy poco.

O en aceptar por sí misma la idea de justicia y que tiene algo único en los humanos, la creación de un sujeto que tiene capacidad para identificar un “yo” distinto al “tú”.

Es en este nivel que se entiende al ser humano como realmente algo distinto y único en el mundo. La distinción central está en poseer eso de ambiciones, sentimientos, inclinaciones, actitudes, motivaciones, intereses y demás en combinación con lo que llamamos razón, formando en conjunto una identidad que puede distinguirse a sí misma del resto.

No hay ninguna otra criatura que conozcamos que tenga esas cualidades, especialmente la última de ellas. Eso que llamé razón, pero que es más, algo que no alcanzo a entender como quisiera. Es algo complejo, que combina a la razón con otras cosas, como conciencia moral, sentido de identidad, inclinación sobrenatural.

Es un conjunto de elementos que se combinan en algo que quizá pueda expresarse en el término “persona” y que hace único a cada humano y lo separa drásticamente del resto de los animales. Algo que, me parece, hemos descuidado notablemente.

Es común el interés que se muestra en el estudio de la persona como objeto, como cuando se estudia el cuerpo y sus partes, comparándolo con otros objetos animados, como animales, especialmente primates.

Pero se descuida el reflexionar sobre la persona como sujeto, como individuo especial, en eso que nos distingue. Es un descuido notablemente triste.

Post Scriptum

Si le gustó la columna, quizá también:

Así Soy y Qué

Empezar Por el Principio

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras