pobreza

Desigualdad y pobreza no son iguales, no son lo mismo, no deben confundirse —no son equivalentes. Creer que pobreza y desigualdad significan lo mismo conduce a errores.

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Introducción

En lo que sigue intento demostrar eso —con el propósito central de evitar un error que implantado en políticas gubernamentales causaría daño económico.

Pobreza

La pobreza, en mediciones absolutas y relativas, se expresa en cantidad de personas que se encuentran por debajo de un límite determinado como umbral de pobreza —de ese límite hacia abajo la persona se considera pobre.

Desigualdad

La desigualdad es otra medición, pero totalmente distinta. Mide la distancia que existe entre las personas de mayores ingresos y las de menores ingresos —una medición de amplitud o rango entre ingresos extremos.

No son lo mismo

Como consecuencia de lo anterior es posible concluir que son dos mediciones diferentes, muy distintas, que no son equivalentes. Se miden diferente y se definen diferente. La pobreza y la desigualdad son claramente distintas y no pueden usarse indistintamente.

Problemas de pobreza y de desigualdad

Puede argumentarse, con razón, que aceptando que los dos conceptos no son iguales, ambos expresan una situación que merece atención y solución.

Es claro que una situación de pobreza es un llamado a intentar resolverla en sí misma.

Con la desigualdad, sin embargo, no necesariamente sucede lo mismo. Ella es una medición de la distancia entre dos puntos extremos, el de mayor y el de menor ingreso —lo que no presenta un problema en toda ocasión.

La desigualdad solo sería un problema que debe atenderse cuando el punto inferior de ingresos cae dentro del grupo considerado pobre de acuerdo con la medición de pobreza.

Si el grupo considerado como el inferior no cae en la clasificación de pobreza, la desigualdad resulta una medición sin mucho sentido.

Más analíticamente

1. Solucionar pobreza

Resulta preferible concentrar la atención y los esfuerzos de solución en un punto concreto, el de resolver pobreza sin distraerse con la medición de desigualdad —lo que permite políticas y acciones más eficientes y enfocadas.

Por ejemplo, poner la atención, al estilo del Banco Mundial, en los ingresos promedio de una parte de la población, la de más bajos ingresos —por ejemplo, el 40% de ella y ver su cambio en el tiempo.

La elevación, por medios sólidos y estables, del ingreso de ese segmento de la población es una meta que no tiene discusión y es ampliamente aceptada para todos.

2. Solucionar desigualdad

Si la meta fuera solamente reducir la desigualdad, eso podría crear soluciones no recomendables o al menos difíciles de justificar. La referencia anterior del Banco Mundial lo explica bien:

«Si la meta fuese solamente reducir la desigualdad, uno daría un lugar favorable a una situación en la que los ingresos crecen a un ritmo muy lento, pero los ingresos mínimos están creciendo ligeramente más (como Egipto o Uganda, o las tasas de crecimiento en India antes de la liberación de la economía en 1991), vis a vis una situación en la que la fortuna de todos está creciendo a una tasa rápida, pero la desigualdad aumenta (como China o Indonesia)».

Una conclusión

Cuando la atención se coloca exclusivamente en la desigualdad, esta visión crea riesgos de miopía económica —dañando, por ejemplo, a segmentos de ingresos medios y altos para beneficiar a los ingresos bajos.

Sería injusto implantar políticas que redujeran el crecimiento de los ingresos medios y altos para beneficiar a los ingresos bajos —especialmente cuando es posible que todos pueden gozar de una elevación de sus ingresos.

No significa lo anterior que la desigualdad deba ser desatendida totalmente. Ella puede representar la existencia de situaciones que dañan a personas —un síntoma de algo que debe resolverse en la sociedad, muy propio de regímenes autoritarios, de sistemas corruptos, que se sostienen lastimando a amplios segmentos de su ciudadanía.

De nuevo, el documento anterior lo expresa bien:

«Reducir la desigualdad es una meta válida de desarrollo y es, en el medio y largo plazo, la única vía hacia la elevación sustentable de ingresos de aquellos en [el segmento bajo]. Pero una reducción en la desigualdad en sí misma no resulta en una mejora del bienestar en todas las circunstancias de los menos favorecidos».

La conclusión es evidente: la atención debe colocarse fuertemente en la reducción de la pobreza como meta central y prioritaria, con la desigualdad ocupando un lugar de prioridad secundaria —un lugar que quizá pueda entenderse como una consecuencia de la reducción de la pobreza.

Riesgos de la confusión

La confusión entre igualdad y pobreza presenta riesgos cuando se toma a la igualdad como meta primaria.

Daño a terceros

El énfasis en la reducción de diferenciales de ingreso podrá lograrse y considerarse un éxito notable lastimando a la población que no es clasificada como pobre —ya sea reduciendo sus ingresos o haciéndolos crecer a tasas muy bajas, cuando las tasas de crecimiento del ingreso de los pobres sean siquiera un poco superiores.

Las soluciones de la desigualdad suponen siempre la intervención del gobierno asumiendo un papel de agente redistribuidor de ingreso y riqueza —una situación particularmente riesgosa.

Da a los gobiernos demasiado poder y demasiados recursos —los que con facilidad podrán ser utilizados como amenaza a grupos de ingresos altos y como compra de lealtades de los grupos de ingresos bajos, lo que aumentará aún más la desigualdad.

La actividad redistributiva del gobierno presenta otro problema, uno de justicia al quitar recursos legítimos a personas de ingresos medios y altos que los merecen, para darlos a grupos de ingreso bajo entre los que se encuentran personas sin esos merecimientos.

Conclusión

Creo haber mostrado algunas de las evidencias que prueban que desigualdad y pobreza son conceptos distintos y mediciones diferentes —por lo que hacerlos equivalentes es un error.

Adicionalmente he mostrado argumentos que hacen ver la superioridad de un enfoque centrado en la solución de pobreza sobre el enfoque centrado en la solución de la desigualdad.

El libro de C. Snowden, Selfishness, Greed and Captalism tiene una idea aplicable a esto criticando a quienes tiene a la igualdad como meta central:

«Siguiendo su racional, la sociedad mejora si los pobres son 5% más pobres siempre que los ricos sean 20% más pobres. Reuniendo a todos los millonarios de Gran Bretaña y embarcándolos a la antártica, haría no solo que los pobres mejoraran su vida, también haría que todos los demás la mejoraran».

Lo que preocupa es que los gobiernos, siguiendo a una opinión pública confundida, implanten las medidas a las que esa confusión conduce.

Pensarán que la meta de la igualdad es la receta todopoderosa que todo resuelve y la aplicarán sin darse mucha cuenta de que así se condenan al estancamiento.


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Y unas cosas más para el interesado…

Debe verse:

¿Que es igualdad humana? Una definición

Conviene ver siquiera un par de estas columnas:



[Actualización última: 2020-08]

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Notas extras sobre las demandas de igualdad

Hay reclamos que hacen un mal análisis del problema, como en este caso:

«La desigualdad social se ha incrementado con la crisis económica y las políticas de austeridad. El paro masivo, la devaluación salarial, el amplio empobrecimiento, así como el recorte de prestaciones sociales y servicios públicos, han contribuido a ensanchar las brechas sociales». ssociologos.com

Demasiado vago como para ser de utilidad práctica, sin embargo, puede verse la referencia a lo económico o material como eje central de desigualdad —así como una recomendación implícita de intervención estatal.

Una visión razonable

Es necesario realizar algunas precisiones que hagan posible ese sano equilibrio entre igualdad y desigualdad.

• La desigualdad material no es igual a pobreza y esta confusión debe ser notada expresamente.

• La desigualdad económica es inevitable debido a la desigualdad humana. Diferentes habilidades, capacidades, inclinaciones, producen distintos ingresos que solo podrían ser igualados desigualando a la libertad y al trato justo.

«Muchas desigualdades son injustas y deben terminar, por ejemplo: la esclavitud, la discriminación racial. Pero la desigualdad económica no tiene esa importancia (no es injusta por sí misma), ni puede impedirse». Gabriel Zaid letraslibres.com

Resulta justificado reclamar igualdad humana en casos que conducen a prohibir la esclavitud, castigar el robo, votar en elecciones, prohibir la discriminación religiosa —cosas que son razonables y lógicas, pero que se detienen en algún punto.

• La desigualdad material en algunos casos, definida en su sentido material o económico, puede ser objeto legítimo de indignación, como en este caso:

«Según una reciente encuesta sobre los ingresos y gastos de los hogares en Namibia, más de uno de cada cuatro hogares vive por debajo del umbral de la pobreza. Además, el 10% de los hogares más pobres sólo disponen del 1% de los ingresos totales del país, mientras que el 10% de los más ricos controlan más de la mitad de las riquezas». unpd.org

Y esa situación, que puede existir en otras partes, debe ser explicada, antes que corregida. La solución inmediata e irreflexiva es la de una «redistribución justa».

Mi punto es proponer que seguramente esa desigualdad económica es un efecto de desigualdades en campos en los que debería reclamarse igualdad cívica o civil, como derechos legales de propiedad, trato igual ante la ley y similares.

Donde hay desigualdad material extrema (pobreza real) eso se debe no a una mala distribución de la riqueza, lo que sería tautológico, sino a la desigualdad política y cívica— desigualdad de derechos, de libertades, de aplicación de la ley.

• Una sociedad de ciudadanos libres solo es posible donde exista un sano equilibrio de igualdad y desigualdad.

• Las desigualdades materiales y económicas son inevitables, pero ellas serán real motivo de preocupación en aquellas partes en las que no exista ese equilibrio entre igualdad y desigualdad — donde la igualdad no existe en los asuntos civiles y cívicos, en las discusiones políticas, en la emisión de leyes, la aplicación de justicia, en el respeto a derechos, ni en la exigencia de obligaciones.