Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desigualdad y Pobreza
Leonardo Girondella Mora
30 junio 2015
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


Desigualdad y pobreza no son iguales, no son lo mismo, no deben confundirse —no son equivalentes. Creer que pobreza y desigualdad significan lo mismo conduce a errores.

En lo que sigue intento demostrar eso —con el propósito central de evitar un error que implantado en políticas gubernamentales causaría daño económico.

• La pobreza, en mediciones absolutas y relativas, se expresa en cantidad de personas que se encuentran por debajo de un límite determinado como umbral de pobreza —de ese límite hacia abajo la persona se considera pobre.

• La desigualdad es otra medición, pero totalmente distinta. Mide la distancia que existe entre las personas de mayores ingresos y las de menores ingresos —una medición de amplitud o rango entre ingresos.

Como consecuencia de lo anterior es posible concluir que son dos mediciones diferentes, muy distintas, que no son equivalentes. Se miden diferente y se definen diferente. Son claramente distintas y no pueden usarse indistintamente.

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Puede argumentarse, con razón, que aceptando que los dos conceptos no son iguales y que en realidad son muy diferentes, ambos miden y expresan una situación social que merece atención y solución.

Por ejemplo, en cuanto a la pobreza, se argumentaría que ella presenta una situación que llama a la acción —algo que debe atenderse, expresado, por ejemplo en el porcentaje de la población que gana menos de 2 dólares diarios.

Es claro que una situación de pobreza es un llamado a intentar resolverla, pues presenta circunstancias que llaman a la ayuda de esas personas —por supuesto, con medidas que la solucionen con solidez.

Con la desigualdad, sin embargo, no necesariamente sucede lo mismo. Ella es una medición de la distancia entre dos puntos extremos, el de mayor y el de menor ingreso —lo que no presenta un problema en toda ocasión.

La desigualdad solo sería un problema que debe atenderse cuando el punto inferior de ingresos cae dentro del grupo considerado pobre de acuerdo con la medición de pobreza. Si el grupo considerado como el inferior no cae en la clasificación de pobreza, la desigualdad resulta una medición sin sentido.

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Más analíticamente:

• Resulta preferible concentrar la atención y los esfuerzos de solución en un punto concreto, el de resolver pobreza sin distraerse con la medición de desigualdad —lo que permite políticas y acciones más eficientes y enfocadas.

Por ejemplo, poner la atención, al estilo del Banco Mundial, en los ingresos promedio de una parte de la población, la de más bajos ingresos —por ejemplo, el 40% de ella y ver su cambio en el tiempo.

La elevación, por medios sólidos y estables, del ingreso de ese segmento de la población es una meta que no tiene discusión y es ampliamente aceptada para todos.

• Si la meta fuera solamente reducir la desigualdad, eso podría crear soluciones no recomendables o al menos difíciles de justificar. La referencia anterior del Banco Mundial lo explica bien:

«Si la meta fuese solamente reducir la desigualdad, uno daría un lugar favorable a una situación en la que los ingresos crecen a un ritmo muy lento, pero los ingresos mínimos están creciendo ligeramente más (como Egipto o Uganda, o las tasas de crecimiento en India antes de la liberación de la economía en 1991), vis a vis una situación en la que la fortuna de todos está creciendo a una tasa rápida, pero la desigualdad aumenta (como China o Indonesia)».

• Cuando la atención se coloca exclusivamente en la desigualdad, esta visión crea riesgos de miopía económica —dañando, por ejemplo, a segmentos de ingresos medios y altos para beneficiar a los ingresos bajos.

Sería injusto implantar políticas que redujeran el crecimiento de los ingresos medios y altos para beneficiar a los ingresos bajos —especialmente cuando es posible que todos pueden gozar de una elevación de sus ingresos.

• No significa lo anterior que la desigualdad deba ser desatendida totalmente. Ella puede representar la existencia de situaciones que dañan a personas —un síntoma de algo que debe resolverse en la sociedad, muy propio de regímenes autoritarios, de sistemas corruptos, que se sostienen lastimando a amplios segmentos de su ciudadanía.

De nuevo, el documento anterior lo expresa bien:

«Reducir la desigualdad es una meta válida de desarrollo y es, en el medio y largo plazo, la única vía hacia la elevación sustentable de ingresos de aquellos en [el segmento bajo]. Pero una reducción en la desigualdad en sí misma no resulta en una mejora del bienestar en todas las circunstancias de los menos favorecidos».

• La conclusión es evidente: la atención debe colocarse fuertemente en la reducción de la pobreza como meta central y prioritaria, con la desigualdad ocupando un lugar de prioridad secundaria —un lugar que quizá pueda entenderse como una consecuencia de la reducción de la pobreza.

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Finalmente apunto los riesgos de invertir esas metas y colocar a la desigualdad como el objetivo central:

• El énfasis en la reducción de diferenciales de ingreso podrá lograrse y considerarse un éxito notable lastimando a la población que no es clasificada como pobre —ya sea reduciendo sus ingresos o haciéndolos crecer a tasas muy bajas, cuando las tasas de crecimiento del ingreso de los pobres sean siquiera un poco superiores.

• Las soluciones de la desigualdad suponen siempre la intervención del gobierno asumiendo un papel de agente redistribuidor de ingreso y riqueza —una situación particularmente riesgosa.

Da a los gobiernos demasiado poder y demasiados recursos —los que con facilidad podrán ser utilizados como amenaza a grupos de ingresos altos y como compra de lealtades de los grupos de ingresos bajos, lo que aumentará aún más la desigualdad.

• La actividad redistributiva del gobierno presenta otro problema, uno de justicia al quitar recursos legítimos a personas de ingresos medios y altos que los merecen, para darlos a grupos de ingreso bajo entre los que se encuentran personas sin esos merecimientos.

Creo haber mostrado algunas de las evidencias que prueban que desigualdad y pobreza son conceptos distintos y mediciones diferentes —por lo que hacerlos equivalentes es un error.

Adicionalmente he mostrado argumentos que hacen ver la superioridad de un enfoque centrado en la solución de pobreza sobre el enfoque centrado en la solución de la desigualdad.

Addendum

En 2009 propuse una comprensión de pobreza que pone atención en su causa central, y que creo que puede ser de interés para el lector.

Nota del Editor

Poco después de esta columna, el 9 de julio, S. Sarmiento en Grupo Reforma publicó una columna, «Igualdad y Pobreza», en la que dice:

«La pobreza y la desigualdad son condiciones muy distintas. La primera se refleja en privación de bienes esenciales para el desarrollo humano [...] La desigualdad, en cambio, es un problema de envidia; poco importa si mis necesidades están satisfechas, yo resiento que alguien tenga más que yo [...] Un Estado moderno debe, a mi juicio, combatir la pobreza. La forma más eficaz de hacerlo no es despojar a los ricos de lo que tienen para repartirlo entre los pobres».

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