Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dimensión Moral Del Trabajo
Selección de ContraPeso.info
5 octubre 2015
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de James V. Schall. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es The Moral Dimension of Work.

«El fundamento moral de la economía política», usando la frase de lord Acton, está basado en la conexión de la libertad con el derecho, del derecho con el deber, del deber con el ocio y el placer, y de todos ellos con la trascendencia.

Nuestros más inquietantes problemas económicos en realidad no son económicos, son morales —problemas morales que simplemente no pueden ser pasados de una generación a otra. Necesitan ser seleccionados e internalizados por cada persona en cada generación a riesgo de desviar de su propósito a los bienes materiales.

De la misma manera, el trabajo no es su propio y solo bien. Más bien, el trabajo, sin dejar de ser una expresión de la dignidad humana y de la realización concreta, apunta a un resultado, apunta al bienestar material, en el que puede suceder algo más que el trabajo solo. La base de la cultura, como escribió Josef Piper en una famosa tesis, no es solamente trabajo sino también el tiempo libre, el que se encuentra más allá del trabajo.

San Juan Pablo II habló del trabajo y de la primacía del trabajador, sus necesidades y las de su familia, por encima de cualquier sistema económico impersonal. Sin embargo, la necesidad del trabajo requiere un sistema en el que el trabajo sea posible y normal.

El propósito del trabajo no es sólo trabajar a pesar de que el hecho de que tenemos poderes artesanales y artísticos en nuestra naturaleza indique que debemos trabajar y mejorar el mundo. Estamos no sólo para hacer que el mundo sea capaz de proveernos sino también para hacer cosas nobles y donosas. El mundo no es un lugar parsimonioso a pesar de los dogmas de los ecologistas.

Cuando Aristóteles hablaba de la justicia conmutativa, indicó que su objetivo inmediato caía en dos áreas generales. La primera tenía que ver con la restauración de los daños que hacemos a los demás por causa de accidentes o de culpas deliberadas.

La segunda es la que es importante aquí, es la forma en la que la justicia nos permite llegar a acuerdos —acuerdos vinculantes—, como dijo lord Acton. Con los acuerdos podemos organizar al futuro haciéndolo algo que valga la pena vivir. Haciendo esto ganamos muestra subsistencia.

El bien común es un contexto para las relaciones justas. A través de él, reconocemos que es posible la abundancia de cosas buenas. Esta prosperidad es posible si respetamos nuestros contratos. Si permitimos y promovemos que todos adelanten sus talentos de una manera organizada, los podrán ofrecer a otros.

El trabajo, el genio y el trabajo común deben estar presentes para otros en un intercambio en el que no todos hacen lo mismo. Todos en la economía deben reflejar de una manera significativa que lo que hacen es algo positivo para el bien humano considerado en su sentido más amplio.

Una razón principal del mal funcionamiento e inoperancia de las economías es precisamente la falta de criterios morales, no técnicos, por medio de los que se obtienen estos resultados deseados. La «opción de los pobres» es en mucho un asunto de seleccionar al sistema correcto que permita a los pobres dejar de serlo.

De la misma manera, la pobreza puede también ser el resultado de negarse a aceptar a la disciplina y a la ética por las que lo que se conoce puede lograrse.

Adam Smith entendió la importancia de la disciplina de la virtud. Sin embargo, la disciplina y la virtud no son solamente fines en sí mismas. Están a su vez orientadas hacia lo que está más allá de ellas, hacia lo que ya no es económico ni político.

Mientras que es permitido hablar del deber y de la virtud, ya que lo son en sus propias esencias, están ellas también ordenadas al bien que se logra por medio del trabajo y el intercambio en cumplimiento del deber y de la virtud. El deber y la virtud no consisten simplemente en hacer lo que queremos aunque nuestro deseo tenga una base ontológica. El deseo es un poder dirigido hacia lo que es bueno y digno.

Es necesario ver en el deber no solamente a algo que «debemos» hacer sino también a algo que es digno de hacer porque es bueno. Los más altos propósitos humanos por los que todos los órdenes de la economía y la política existen necesitan ser reconocidos y articulados conscientemente.

El Reino de Dios, como nos enseñó San Agustín, es la meta de nuestro ser. Sin él, pasaremos nuestras vidas buscándolo por todas partes excepto donde se encuentra.

Nota del Editor

La traducción del articulo The Moral Dimension of Work de James V. Schall publicado por el Acton Institute el 2 de septiembre de 2015, es de ContraPeso.info.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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