Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Discapacidad Educativa Intencional
Eduardo García Gaspar
26 agosto 2015
Sección: EDUCACION, ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una buena cosa. Ayuda a entenderse mejor. Se trata de hablar con claridad.

De abandonar las medias tintas. De decir las cosas como son. No es igual a ser rudo, ni maleducado.

Simplemente abandonar la mala costumbre de la indefinición.

Un ejemplo, hablar del propósito de la educación, de lo que ella trata de alcanzar. Me parece que es obvio que ella transmite conocimientos culturales acumulados durante siglos; que ella enseña a pensar y a razonar; que ella crea curiosidad intelectual que se convierte en hábito posterior; que ella refuerza buenos hábitos, costumbres sanas y conducta acorde con la dignidad humana.

Me refiero a la instrucción escolar. La educación propiamente dicha se recibe en casa, en familia. Allí es donde se aprende a vivir en sociedad y se adquiere eso que llamamos buena educación, buenas maneras. Algo que comienza con el saber dar las gracias y que evita la conversión del niño en un foco de caprichos ilimitados. Es donde se aprende la idea del deber, una noción que puede ser revolucionaria en estos tiempos.

Entonces, tenemos algo muy claro frente a nosotros y que también puede ser sorpresa para algunos: también los padres educan a los hijos y son sin duda la parte más importante de la educación. Dejar a los hijos y su educación en manos de sirvientes y escuelas es un acto cruel de los padres. Tan simple como eso.

Aún peor es el mal ejemplo de los padres, el que equivale a educación negativa en términos algebraicos: es quitarles educación. La madre que solo piensa en su cuerpo y vestimentas, o el padre que bebe y juega demasiado, son casos de esa educación negativa. A los hijos les crea una discapacidad en la vida.

Llego así al punto que pienso que merece una segunda opinión, el de la existencia de algo que puede llamarse discapacidad educativa intencional. La clave está en la palabra “intencional”.

La discapacidad educativa estándar se ha definido como «caracterizada por limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa que se manifiesta en habilidades adaptativas conceptuales, sociales, y prácticas» del niño.

La discapacidad educativa intencional no la sufre el niño. La producen sus padres y/o su escuela y profesores. No es una desventaja en las capacidades de los hijos menores, sino un mal desempeño de los responsables de su educación, especialmente durante los primeros años y hasta quizá los quince y más.

Esa discapacidad educativa intencional se ilustra en la falta de comprensión de la relación íntima entre derechos y deberes. Me refiero al comprender por medio de la educación, la estrecha asociación que existe entre esas dos ideas. Concretamente a una educación que falla al enseñar derechos y solamente derechos.

En la educación actual, mucho me temo, el niño y el adolescente son adoctrinados en una cultura que entiende a los derechos como reclamos y merecimientos desasociados de cualquier noción de deberes y obligaciones.

La noción de derechos sociales y culturales es un ejemplo de eso. Una muestra:

«Los niños y niñas [sic] tienen derecho a la libertad de expresión y a expresar su opinión sobre cuestiones que afecten su vida social, económica, religiosa, cultural y política. Los derechos a la participación incluyen el derecho a emitir sus opiniones y a que se les escuche, el derecho a la información y el derecho a la libertad de asociación».

Independientemente de lo curioso que resultaría ver a un niño de seis años opinando sobre economía o religión, no existe en eso nada que remotamente ligue a los derechos con las obligaciones que implican.

Otro ejemplo (Rodríguez, A. L., & Klein, I. (2008). Formación Cívica y Ética I, 2 edición ed. México: Castillo) para alumnos de 2 año de secundaria, de unos 13 0 14 años:

«“la masturbación… incluso se considera una práctica de sexo seguro [...] Es posible transformar los roles de género… por lo que cada persona los puede reinventar y crear nuevas identidades de género».

¿Ve usted la falta de ese concepto de obligación? Derecho a todo, obligación de nada, parece ser el sello de esa educación moderna.

Post Scriptum

Mi punto, me parece claro: la educación sustentada en derechos desasociados de deberes produce personas irresponsables, caprichosas, desobligadas, perezosas que reclaman bienes inmerecidos.

Usted, parafraseando a T. Sowell, no puede educar a una persona enseñándole a ser una excepción de lo que ha creado a la civilización; si la educa exceptuándola de deberes de trabajo, de merecimiento de recompensas, de responsabilidad de sus propios actos, de la idea entera de los que obligación significa, ella creará una sociedad insostenible y violenta.

Ese es el producto de la Discapacidad Educativa Intencional, esa en la que los padres y maestros se olvidan de que hay que enseñar como concepto básico de vida civilizada, que existe una relación estrecha y directa entre derechos y deberes.

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