Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Divisiones y Libertades
Eduardo García Gaspar
24 marzo 2015
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un asunto de primera impresión. De interpretaciones inmediatas. androjo

También, de falta de entendimiento completo. Me refiero al tema de una separación.

Esa separación que es una forma de división del poder.

Cronológicamente, la separación iglesia-estado fue la primera de las formas en las que se trató de limitar el poder gubernamental.

Una forma anterior a la que tradicionalmente conocemos y que divide al poder gubernamental en las ramas ejecutiva, judicial y legislativa.

El fundamento de la separación iglesia-estado es el mismo que justifica a las otras divisiones del poder. Supone que unir al poder religioso con el poder político crea condiciones muy propicias a grandes riesgos de abuso de poder. Las teocracias son un ejemplo de lo que se quiere evitar, abusos de poder.

Pero si vemos más de cerca el concepto, de lo que se trata realmente es de una posición de abstención gubernamental.

Esto significa que el gobierno no toma partido a favor ni en contra de religión alguna. Simplemente adopta un papel de no intervención en los asuntos de las iglesias y las religiones.

Esa posición de abstención gubernamental es lo que nos lleva a poder ver el fondo de la idea de la separación iglesia-estado. Ese fondo es algo muy sencillo, se trata de la libertad de creencia religiosa.

Es una de las libertades más básicas propias de un régimen liberal.

Cada persona decide por sí misma la religión que ella quiere, sin que el gobierno ejerza presión alguna sobre esa decisión y sin que la pertenencia una religión sea causa de trato diferente. Por ejemplo, las leyes serán aplicables a todos sin importar su religión.

Por tanto, entre el concepto de la separación iglesia-estado y la libertad religiosa hay una estrecha relación, que coloca a los gobiernos en esa posición en la que no pueden pronunciarse a favor de religión alguna en perjuicio de las demás.

Todo lo anterior nos lleva a su vez a algo que bien vale una segunda opinión.

Me refiero a eso que no significa la separación iglesia-estado. Ya tenemos una idea de lo que sí significa, ahora es cuestión de ir a las cosas que no son consecuencia de la separación iglesia-estado.

Lo más obvio es que la separación iglesia-estado no significa que los gobernantes no puedan ser creyentes de una de las varias religiones. Si para gobernar se requiriera no pertenecer a ninguna religión, eso sería una violación de la libertad religiosa. Entonces, los gobernantes sí pueden ser miembros de una iglesia, o de ninguna.

Tampoco significa que las creencias religiosas deban ser sacadas de los programas de educación, lo que sería otra forma de discriminación. Una violación de la libertad de creencia que tienen los padres de familia para querer educar a sus hijos en la religión de ellos, o en ninguna.

Las dos aclaraciones anteriores son obvias, pero deben recordarse porque en casos como el de México han sido totalmente olvidadas. Aquí se piensa que es deseable que los gobernantes no sean personas religiosas. Más aún, se piensa que la buena educación no debe contener elementos religiosos de ningún tipo.

Cuando se olvidan esas dos cosas, lo que en realidad sucede es que el gobierno está violando su deber de abstenerse en las decisiones personales religiosas de los ciudadanos. El gobierno está en realidad poniéndose a favor de una postura religiosa, la del ateísmo, en perjuicio de las otras religiones.

Pero hay más. La separación iglesia-estado no significa que los gobiernos tengan que crear una nueva moral separada y distinta de la moral que tiene un origen religioso.

En realidad, los preceptos morales religiosos coinciden con lo básico de las disposiciones de la ley, por ejemplo, en las prohibiciones de robo y asesinato, o bien, fraude, engaño, violencia y demás.

Tenemos entonces que la separación iglesia-estado puede ser entendida mejor cuando se incluye el conocimiento de lo que no significa. Tal separación, en su significado correcto, es una manifestación de la libertad de creencia religiosa.

Sería un non sequitur, incluso una contradicción, que la separación iglesia-estado significará marginar a las creencias religiosas, mucho menos significaría añadir a las responsabilidades gubernamentales el poder moral que tienen las iglesias (lo que equivaldría a añadir a la autoridad política la autoridad moral, y amenazar a la libertad de creencia).

Post Scriptum

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