Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Egoísmo: Una Exploración
Eduardo García Gaspar
10 junio 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La discusión fue normal. Fuerte, dura, hasta agresiva. androjo

Y el problema, fue el usual, la falta de definición. Cada uno tenía su interpretación del centro de la conversación, el egoísmo.

Una palabra que tiene su propio interés.

Para unos, el egoísmo es negativo, siempre negativo. Algo que moralmente se reprueba. Puede ser, pero siempre que suceda algo, el daño al otro. Un ladrón, por ejemplo, es egoísta al preferir un beneficio para él a costo de un daño a otro. Es fácil de entender.

Lo que nos lleva a una situación fascinante, la del egoísmo que no daña a otros, sino que los beneficia. ¿Imposible? Al contrario, sucede todos los días.

Cuando alguien vende su auto usado, claramente busca su beneficio, pero no necesariamente dañando al comprador.

El comprador, también busca su beneficio sin necesariamente dañar al vendedor. Si la compra-venta se realiza sin engaños y voluntariamente, resulta esa situación extraña en la superficie: buscando solo su beneficio ambos terminan beneficiándose mutuamente.

Hasta aquí, podemos concluir de momento que para que exista egoísmo real y reprobable, el beneficio que busca uno debe implicar un daño directo e intencional a otro. Tampoco es difícil de entender.

Compliquemos un poco el asunto. Definamos al egoísmo ampliamente como la búsqueda del beneficio propio. ¿Es malo y reprobable? No necesariamente. Lo será cuando dañe a otro, lo sabemos, pero la cosa no se detiene allí. Todo radica en cómo entender “beneficio propio”. Vayamos a dos extremos.

Uno, el de una persona que dedica la mayor parte de su tiempo y dinero a cuidar su apariencia física: vestimenta, zapatos, cirugías, maquillaje, alhajas. Puede verse que no daña a terceros (aunque con facilidad pueda argumentarse el daño a sí misma).

Dos, el de una persona que dedica la mayor parte de su tiempo y recursos a atender a enfermos pobres en un hospital. Puede verse claramente que beneficia a otros y muchos verán en ella un ejemplo de sacrificio con respecto al primer caso.

Sin embargo, es perfectamente posible pensar en que esas dos personas son egoístas en el sentido de buscar su beneficio. La felicidad de una está en su perfección física. La felicidad de la otra en atender enfermos. Las dos buscan su felicidad, aunque la entienden de manera diferente.

La conclusión es la lógica: buscar la propia felicidad, el beneficio personal, no es necesariamente egoísta y reprobable. Todo depende de cómo se defina ese beneficio personal. En este sentido, resulta egoísta, por ejemplo, dedicarse a labores humanitarias en países del tercer mundo (lo que puede sorprender a muchos).

Para entenderlo mejor, hay que ver el otro lado, lo contrario de egoísmo, eso que puede describirse como generosidad, compasión, altruismo, abnegación e ideas similares. Si idea central es simple: poner el interés ajeno antes que el propio, es lo que hace el buen samaritano.

Entonces, podemos ya ver el corazón del asunto: la diferencia entre poner el interés propio antes que el ajeno, o poner el interés ajeno antes del propio. Esto es lo que permite ver con mayor claridad el significado del egoísmo.

Cuando se hace un hábito y costumbre buscar el beneficio propio y olvidarse del ajeno, podrá hablarse de egoísmo, incluso cuando ello no represente un daño a otros. Me refiero al exagerado cuidado de uno mismo, algo que implica el descuido consistente de atender a los demás.

Hay otra posibilidad interesante, la del altruismo exagerado, cuando se hace un hábito imprudente el buscar el bien ajeno sin considerar el mal que a uno mismo puede causarse.

Lo que he querido hacer es principalmente mostrar la complicación del tema, lo que llama a intentar definir egoísmo como buen primer paso. Y, también, mostrar posibilidades de egoísmo aparente que no lo es en realidad, más otro aspecto que resulta vital.

El asunto de la prudencia, el de considerar las consecuencias de los actos propios y que suele llamar a evitar extremos sin sentido, del lado del egoísmo y del lado del altruismo. ¿La solución? No la tengo, pero hay un principio genial en esas palabras, “Amarás al prójimo como a ti mismo”.

No hay oposición entre amarse y amar a otros. Bajo este principio es imposible llamar egoísta al que se ama a sí mismo.

Post Scriptum

Si le gustó la columna, quizá también:

Egoísmo y Altruismo

Filantropía y Caridad

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras