Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Abandono de la Libertad
Eduardo García Gaspar
25 noviembre 2015
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


«Buena parte del azoramiento actual proviene de la incongruencia entre la perfección de nuestras ideas sobre los fenómenos físicos y el retraso escandaloso de las “ciencias morales”» José Ortega y Gassett.

Humanos hechos de prisa, apoyados por una pobre serie de ideas superficiales, por abstracciones sin solidez y que son iguales en todas partes.

Iguales en el sentido de sentirse merecedores de todo y responsables de nada.

Más o menos, así describe J. Ortega y Gassett (1883-1955) al hombre actual en La Rebelión de las Masas, de 1930.

Concretamente dice:

«Tiene solo apetitos, cree que solo tiene derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga —sine nobilitate— snob».

Parece una conclusión sana, a partir de allí, que la persona cautivada por la satisfacción de sus apetitos sea con gran facilidad seducida por quien le representa una vía gratuita para rendirse a sus pasiones. Esto, me parece, está en el fondo del éxito del populista moderno y del estado de bienestar.

Ha sabido él capitalizar con ingenio a las generaciones nuevas, educadas en esa cultura que considera merecimiento convertido en derecho a lo que debía ser el resultado del esfuerzo personal, de la lucha propia en la vida.

La libertad, que es condición necesaria para lograr las propias metas con trabajo y esfuerzo, no tiene ya sentido para quienes han sido arrebatados por la idea del merecimiento por derecho.

¿De qué sirve la libertad a quien cree que por ser quien es merece que los gobiernos le den todo, desde empleo hasta doctores? La libertad es un sinsentido para el adoctrinado en la cultura del merecimiento gratuito; renunciar a ella no tiene costo, si a cambio se obtiene un aborto gratuito, o condones gratuitos, o un Viagra.

O bien, en otro campo, la libertad deja de tener sentido cuando, por ejemplo, un gobierno dicta que los alumnos reprobados pasen de año para «ir quitando el aspecto punitivo de la reprobación». Más o menos lo mismo que las casas especiales para madres solteras.

En ese medio ambiente cultural sostenido por la idea de tener derechos sin necesidad de aceptar obligaciones, la libertad no tiene sentido.

Perderla, para esas personas, es nada o casi nada porque no la entienden. No pueden comprenderla porque la libertad contienen un componente central, la obligación.

Quite usted el componente de la obligación y la libertad no es nada más allá que, como dijo Ortega y Gassett, tener apetitos y concebir a la felicidad como la máxima satisfacción de ellos sin consecuencias ni efectos.

Si el alumno no estudia, no importa se graduará de todas maneras; la noción moral de la responsabilidad es en realidad un estorbo para esa mentalidad.

Es la razón central, quizá, del «retraso escandaloso de las “ciencias morales”».

Si usted quita el componente de la obligación y la responsabilidad, deja de tener sentido la libertad misma, pero también toda idea de moral y de ética. Un ser humano sin responsabilidad de sus actos no tiene necesidad de frenos morales, ni de reglas éticas.

El terreno cultural que eso produce se convierte en algo muy fértil para el surgimiento de regímenes totalitarios, como sucedió en el siglo 20, los que se construyen sobre esos dos pilares, el abandono de la libertad como valor político y la promesa de un gobierno cuya función es la de conceder la satisfacción de apetitos inmediatos como la idea dell paraíso terrenal posible.

Incluso los bien intencionados, los de motivos admirables, terminan siendo cautivados por está cultura de abandono de la libertad, culpándola de cuanto mal existe y sucumbiendo a la creencia de que no hay mal social que no pueda ser solucionado con la emisión de derechos garantizados por el gobierno.

La democracia, entonces, deja de ser el instrumento político que defiende a la libertad para convertirse en un sistema para la elección del dictador que regirá la vida de millones que solo esperan de él la satisfacción de apetitos sin responsabilidad de sus consecuencias.

Y es que tal vez se ha dejado de ver el argumento central de quienes defendemos a la libertad. Otra idea bien resumida por Ortega y Gasset:

«[…] sorprende que [la] defensa del individuo no se basa en mostrar que la libertad beneficia o interesa a este, sino todo lo contrario, en que beneficia e interesa a la sociedad».

La libertad abandonada poco a poco por cada persona, es centralmente una pérdida social, la de más consideración.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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