Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Gobierno Que Quieren
Eduardo García Gaspar
3 junio 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Es la respuesta correcta. Al menos, la que mejor apariencia tiene. androjo

Me refiero a la contestación de una pregunta. ¿Qué que hace virtuosa a una persona?

Me refiero a contestar qué es lo que la hace buena, admirable ante los demás.

La respuesta es simple. Se responde diciendo que todo exceso debe ser evitado. Esa es la contestación estándar. Evitar los excesos.

Tiene antecedentes de siglos, en Sócrates. Incluso, dijo el filósofo, que la pobreza es el atajo que permite el autocontrol. Tuvo razón, al menos hasta cierto grado.

Tener pocos recursos es una condición que involuntariamente hace que la persona evite los excesos. Por el lado opuesto, las riquezas facilitan a la persona llegar a esos excesos. Pero la pregunta queda sin contestar totalmente.

¿Es la virtud realmente el sólo evitar excesos? No lo creo. Por un lado, la virtud implica la existencia de hábitos arraigados en la persona. Uno de ellos es que efectivamente evite excesos, pero no debe olvidarse que también existe el hábito de hacer cosas buenas.

También, surge una duda obvia. La de una posibilidad, la de cometer actos malos pero no en exceso, sino ocasionalmente. Esta posibilidad socavaría la virtud de la persona, o al menos haría imposible que ella fuese calificada como realmente virtuosa.

En lo anterior hay algo que bien vale una segunda opinión.

Aceptemos la respuesta de qué una persona virtuosa es aquella que al menos evita excesos. Imaginemos ahora una sociedad en la que la gran mayoría de las personas pueden ser calificadas como virtuosas, o algo muy cercano a ello.

Una sociedad en la que la autodisciplina predomina. Hay en esta sociedad hábitos de trabajo, esfuerzo, ahorro y en lo general eso que se llama evitar excesos.

Una sociedad de este tipo puede admitir con facilidad un tipo de gobierno, el autogobierno. Es decir, las personas serán capaces de gobernarse a sí mismas.

Lo que quiero proponer aquí es una relación muy directa. La relación entre una población virtuosa y su capacidad de autogobierno.

Más en específico, una relación causal entre virtud y democracia. Si esto es cierto, entonces la democracia no podría realizarse en una población que no fuera virtuosa.

A lo que voy es a sugerir también que el régimen democrático es más bien una idea que surge desde la población y que nace en esa mentalidad que lleva a evitar excesos.

En otras palabras, si la democracia se implanta desde arriba en una población que no cumple con ese requisito, ese régimen se convertirá en una herramienta para realizar excesos.

Entro más en detalle. Cuando en la población está arraigado el hábito de evitar excesos, su gobierno reflejará esa cualidad. Será también un gobierno sin excesos, muy posiblemente un gobierno cuya función central sea hacer respetar la libertad de las personas.

Pero cuando la población no tenga como costumbre evitar excesos, su gobierno tampoco los evitará. Será un gobierno, si es que hay democracia, que la población use como instrumento para realizar los excesos de ella misma.

El punto central, por tanto, radica en las características de las personas que forman a la sociedad. Concretamente eso que he llamado evitar excesos, lo que podría ser llamado también conducta moral. De esta manera es posible hacer una predicción.

Cuando en la sociedad predomine una forma de pensar que lleve a conductas que eviten excesos, será posible entender una forma de gobierno que también los evite.

Y lo opuesto, una sociedad dada a los excesos producirá gobiernos que también serán dados a excesos.

Esto tiene una aplicación en nuestros días. Me parece razonable de decir que en lo general las personas han perdido virtudes, es decir, han perdido la noción de los excesos.

Tome usted como ejemplo, la liberación sexual, es decir, la pérdida el sentido de excesos sexuales y cómo los gobiernos han seguido ese mismo camino, por ejemplo, regalando condones, anticonceptivos y siendo proveedores de servicios para abortos.

Lo que he tratado de hacer es señalar la estrecha relación que existe entre la moral de la sociedad y los gobiernos que dentro de ellas surgen.

En la sociedad de la que, por ejemplo, dominen sentimientos de envidia será muy posible que el gobierno se convierta en instrumento, con políticas de redistribución de ingresos.

En resumen, viendo a la sociedad y la moral que ella posea será posible hasta cierto nivel pronosticar el equipo de gobierno que aquí surgirá.

Post Scriptum

Si le gustó la columna, quizás también Moral Del Resentimiento, para ver el efecto de una sociedad que se da al exceso de envidia.

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