Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Mono Virtuoso
Eduardo García Gaspar
3 noviembre 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Quizá sea falta de imaginación. O tal vez, algo forzado por las circunstancias. Sin duda es un rasgo de nuestros tiempos, tan llenos de videos y tan vacíos de palabras.

Me refiero a una especie de obsesión. Un monotematismo digno de explorar. Algo que bien vale una segunda opinión.

Comencemos por el principio, reconocer la explosión de opciones espirituales de estos tiempos. Lo que Charles Taylor llama el Efecto Nova: millares de alternativas de entre las que se opta por tipos de moral, de ética, de religión, de opiniones filosóficas.

Quizá nunca antes existió tal cantidad de opciones, ni la libertad para optar entre ellas.

Esta libertad de opciones metafísicas ha requerido una virtud por default única: el modo único de posible convivencia entre el sinnúmero de opciones de creencias personales. Esa virtud es la tolerancia.

Tolerancia reinterpretada como respeto a la opinión ajena por medio de la abstención de juicios críticos de las creencias ajenas. No es infrecuente que la tolerancia sea llevada al extremo de convertirse en una solicitud de aprobación obligada de toda opinión.

En sí misma, la tolerancia no es negativa, al contrario. Es una buena actitud que implica buenas maneras, buena educación en el trato hacia los demás, especialmente en los casos en los que la persona está en desacuerdo con las creencias de otros. Jamás ha significado aprobación, ni abstención de juicio.

Pero ha llegado a ese extremo por una necesidad obvia: es tal la cantidad de opciones de creencias metafísicas y tan débil el sustento que ellas tienen que, en aras de la convivencia humana, se ha exaltado la tolerancia a tal punto que se le reinterpreta como aprobación obligada de la opinión ajena (sin importar lo idiota que esta pueda ser).

Sigamos con el elemento obvio, la pregunta que sigue. ¿Es la tolerancia la única virtud, siquiera la principal? Una buena respuesta es esta:

«No hay nada más estúpido que considerar la tolerancia la principal virtud. Hay cosas tolerables y hay cosas intolerables».

Y con algo más de detalle, se va al grano:

«La tolerancia, así como su contraria, que es la intolerancia, no pueden ser consideradas intrínsecamente buenas, ni intrínsecamente malas. En otros términos, hay casos en que tolerar es un deber, y no tolerar es un mal. Y otros casos, en que, por el contrario, tolerar es un mal y no tolerar es un deber».

Demos un paso más allá de esto último que es obvio, pero que en estos tiempos merece ser repetido. Unamos eso a otra idea: las virtudes se entienden en conjunto, como un todo.

Enfocarse en una sola de ellas, la hace más vicio que virtud. Es el riesgo de quien se vuelve mono-virtuoso. Obsesionado con una de ellas, olvida al resto.

En otras palabras, el riesgo monotemático en asuntos de virtudes las convierte en vicios.

Un riesgo de estos tiempos, una consecuencia del extremismo y que se entiende muy bien en otro caso, el de la caridad. Convertida en fijación y manía, ella olvida a las demás virtudes y degrada a la virtud misma que trata de honrar.

Un libro lo explica bien (Last, Jonathan V. The Seven Deadly Virtues: 18 Conservative Writers on Why the Virtuous Life is Funny as Hell. 1st ed., Templeton Press, 2014):

«[…] la historia está llena de monstruos creados por manías por una sola virtud. Robespierre, por ejemplo, era devoto de la justicia […] Ninguna virtud por sí misma es suficiente por sí misma, y cada una, tomada por separado, es corruptible».

Puede ser esto visto del otro lado, en su consecuencia lógica: las virtudes, cada una de ellas, aumenta de valor en el monto que es acompañada por el resto.

Lo que he querido hacer es señalar dos peligros de esa virtud tan postmoderna, la tolerancia.

Uno, haber sido llevada fuera de su definición original, hasta el extremo de obligar a aprobar toda posible opinión, por alocada que sea.

Dos, haber sido considerada como virtud central, casi única, olvidando a otros buenos hábitos, lo que la pervierte y degrada.

Post Scriptum

La obsesión con una virtud, la caridad, lleva a posiciones sin fundamento por causa del olvido de las demás virtudes. Obsesionados con la caridad social, los gobiernos suelen tomar acciones que hacen de lado virtudes como la justicia.

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