Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Estado de Bienestar e Incentivos
Eduardo García Gaspar
24 agosto 2015
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es un efecto no intencional. Una consecuencia no prevista.

Esas cosas indeseables que suceden cuando se hacen cosas con las mejores intenciones.

Comencemos con una cita de Irving Kristol:

“Una de las consecuencias no previstas del estado de bienestar es que él deja poco espacio al idealismo personal; otra es que acalla al reto de la definición propia. Esto no es sino otra forma de decir que él satisface las ansiedades de las personas maduras mientras sofoca las energías creativas de los jóvenes”.

No puede haber duda alguna. El estado de bienestar tiene un objetivo general bueno y positivo, el de que las personas vivan mejor. Sin embargo, hacerlo por medio de la intervención estatal no está libre de consecuencias negativas. Estos son los efectos no intencionales a los que me refiero.

Sin duda usted se sentirá complacido. Le agradará saber que otro será quien resuelva sus problemas personales de educación, de vivienda, de pensión, de salud. La satisfacción consistirá en saber qué usted no tiene que esforzarse. Será otro el que pague por lo que usted necesita. Todo lo que tiene que hacer es sentarse y esperar.

Por tanto, no extraña que muchos sean los que quieran y aspiren a vivir bajo un estado de bienestar. Así tendrán su vida resuelta sin responsabilidad personal. O al menos eso creerán.

Pero esa manera de resolver el problema, por medio de la acción gubernamental, tiene sus efectos colaterales. Y esos efectos son indeseables. Tiene que ver con eso que los economistas llaman incentivos.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

Piense usted en los incentivos que tiene una persona para resolver sus problemas personales, cuando su expectativa es que otro se los resuelva. Realmente no tiene ningún incentivo para actuar por cuenta propia. Quizás todo lo que tenga que hacer es ir a una oficina de gobierno a exigir lo que él cree que merece.

¿Qué sucede cuando toda o la mayor parte de la población en un país pierde esos incentivos de actuar por sí mismo? Se perderá todo ese cúmulo de esfuerzos personales para la mejora individual. La persona perderá todos los incentivos que pudieran tener para actuar por sí misma.

Esto es lo que quiero enfatizar. La pérdida de incentivos personales. Esto es lo que acontece en un estado de bienestar.

No es un efecto accidental, es una consecuencia natural de un sistema que quita responsabilidades personales. Cuando el Estado promete dar ayuda a todos los ancianos, por ejemplo, sus familias dejan de tener interés en ayudar sus padres.

Entiendo que esta posición sea atractiva a las personas de edad avanzada. Un anciano se sentirá muy satisfecho cuando reciba una pensión gratuita que viene de fondos estatales con impuestos de terceros. Muy posiblemente esté dispuesto a votar por quien eso prometa.

Lo que es muy llamativo y resulta un fenómeno muy curioso es que muchos grupos de jóvenes se sientan atraídos por el estado del bienestar. Si hay un segmento del que se esperan reclamos de libertad y que sería lógico que se rebelará contra la tutela estatal, ese sería el segmento de los jóvenes.

¿Cuál es la razón por la que muchos jóvenes reclaman un estado del bienestar? Eso escapa a mi imaginación.

Simplemente no entiendo que los jóvenes quieran vivir bajo la tutela estatal y depender del gobierno. Quizá sea que los jóvenes se han convertido en personas mentalmente ancianas, cuya ambición es depender del gobierno y convertirse en sus esclavos.

En resumen, lo que querido señalar es que la acción del gobierno de bienestar tiene al menos un efecto colateral muy indeseable. El de la pérdida de incentivos al esfuerzo personal. ¿Qué le sucede al país en donde eso sucede?

En lo general, ese país sufrirá la pérdida de incentivos al esfuerzo personal y eso tendrá consecuencias en su economía. Será razonable esperar que ese país sufra un estancamiento económico y un gobierno excesivamente grande cuyos costos no son sostenibles a la larga.

La lección es clara. Las cosas con buenas intenciones no tienen por esa razón una justificación sólida. Querer que las personas vivan mejor no es un razonamiento que justifique la implantación de un estado de bienestar, especialmente cuando este régimen tiene efectos colaterales como el que mencioné. Y ése es sólo uno de ellos.

Post Scriptum

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La cita está en la obra de Kristol, I. (2011). The Neoconservative Persuasion: Selected Essays, 1942-2009. Basic Books.

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