relativismo

Los dos grandes enfoques de la Ética, las ramas en las que es posible entenderla. Una de ellas es la que conduce a una espiral ética sin sentido que anula su objetivo de selección de alternativas de conducta.

El comienzo, la libertad

La libertad presupone la existencia de un poder de selección entre más de una opción de conductas posibles en un momento dado de la persona —algo que necesita de criterios que ayuden a la mejor selección posible.

Eso es lo que soluciona el problema de qué debe hacerse en tal o cual situación —y lo que se llama Ética. En lo que sigue intento dar una visión general de los diferentes enfoques que ha recibido esta cuestión.

La clasificación de escuelas de ética que he usado es la de DeWeese, G. J., & Moreland, J. P. (2005). Philosophy Made Slightly Less Difficult: A Beginner’s Guide to Life’s Big Questions. IVP Academic.

1. Ética no cognitiva

Una de las grandes ramas éticas es la llamada no cognitiva y significa que no está sustentada en algo que se considere conocimiento —es una ética sustentada en sentimientos, sugerencias, ideas sueltas, muy bien ejemplificadas en sus tipos.

Este tipo de ética no tiene un cuerpo teórico sólido de análisis y coloca a la persona libre en un papel de solucionador aislado de sus opciones libres —a las que resuelve por medio del sentimiento, las primeras impresiones, las sensaciones.

A. Ética de la emoción

Cuyo cimiento es la emoción o el sentimiento —las reacciones emotivas de la persona que rechazan o aprueban algo sin que medie análisis ni reflexión.

B. Ética del experto

La que se basa en el consejo o sugerencia que se busca en alguien considerado experto —la que puede tener diversos grados de intensidad, desde ser una sugerencia hasta convertirse en una orden.

2. Ética cognitiva

La otra gran rama ética es la opuesta, la cognitiva y que tiene un sustento que lleva a poder emitir juicios sobre lo bueno y lo malo —es decir, hace de lado a las emociones y sostiene que hay maneras de hacer juicios éticos.

Existen dos tipos de esta rama ética, la subjetivista y la objetivista.

A. El subjetivismo ético

Este hace al juicio moral un producto interno de la persona misma. Es en el fuero interno de cada quien donde se encuentra la solución a lo que debe o no hacerse siendo libre —una decisión totalmente subjetiva y sin criterios externos.

Bajo este subjetivismo ético se clasifica al relativismo, sea personal o cultural —cuando lo bueno y lo malo sí tienen una definición, pero ella depende del juicio interno de la persona, o de las costumbres en las que vive.

B. El objetivismo ético

Este es exactamente lo opuesto —el que sostiene que lo que define a lo bueno y a lo malo es externo a la persona y no depende de ella.

El punto a discutir es el de cuál es ese criterio externo que permite emitir juicios éticos objetivos —lo que permite dividir al objetivismo ético en dos grupos.

  • El grupo del naturalismo —el que básicamente deriva lo bueno y lo malo dependiendo de la naturaleza misma del ser humano.
  • El grupo del no naturalismo —el que sostiene que existen verdades éticas igual que existen verdades físicas.

Consecuencias

El repaso anterior de las dos grandes ramas de la ética es útil para entender la dualidad que enfrenta el uso de la libertad para los humanos —los que se enfrentan a dos grandes posibilidades.

1. Ser ellos mismos en lo individual quienes son sus propios jueces éticos.

Están aquí las modalidades subjetivas y emocionales de la ética —y que dan soluciones flexibles, posible de ser acomodadas ad-hoc por cada uno presuponiendo su validez y justificación plena.

Sean por sentimientos y gustos, o por creencias personales o de terceros, la ética que esto produce es cambiante y mutable —alejada de toda idea de universalidad objetiva.

Esto produce un medio ambiente ético sin solución, en el que lo que es bueno para unos puede ser malo para otros —y que lleva a una espiral ética de desacuerdos y conflictos.

2. Aceptar la existencia de un criterio de juicio externo a las personas, al que deben someterse.

Este es el objetivismo, sea derivado de la naturaleza humana o de otra base diferente —y que permite encontrar principios universales que se usan para poder emitir juicios éticos también universales.

El objetivismo moral, por tanto, produce un medio ambiente ético en el que sí es posible encontrar acuerdos sobre lo bueno y lo malo.

Lo anterior provee al lector con un marco general sobre las formas de pensar que emiten principios acerca de cómo decidir en libertad —algo que debe hacerle pensar acerca de cuál de esas maneras de pensar es la mejor.

No la más cómoda, sino la mejor —y evitar la espiral ética de conflictos y guerras culturales.

La espiral ética

Las dos ramas de la ética explicadas antes hacen posible comprender el resultado neto posible de la moral decidida subjetivamente —la que es creada sin criterios exteriores, o incluso por medios democráticos de votación.

Un diálogo es un buen medio para ejemplificar esa espiral ética.

—Bueno, pues yo creo que lo bueno que yo debo hacer es algo que yo decido, es decir, yo defino lo que es bueno y lo hago, aunque en ocasiones haga lo contrario —dijo la persona.
—¿Podría usted ampliar lo que acaba de decir? Me gustaría entenderlo mejor —pregunté.
—Bueno, pues lo que ya dije, yo defino lo que es bueno.
—¿Decide usted en lo personal lo que es bueno y malo?
—Eso acabo de decir, yo decido y defino lo que es bueno y lo que es malo.
—Pero entonces, ¿qué es lo bueno y lo malo según usted?
—Pues lo que yo decida que sea bueno o malo.
—Sí, sí, ya le entendí, pero le suplico que me diga qué es lo bueno y malo según usted —insistí.
—Pues ya se lo dije, lo que yo decida y piense que lo es.
—Bien, pero ¿qué es lo que usted piensa o decide que es bueno o malo?
—Creo que no me escucha, lo bueno es lo que yo decido, lo que yo creo que lo es.
—Pero es que no me ha dado una definición de lo que según usted es bueno o malo y eso es lo que le pido, por favor.
—Mi definición de bueno y de malo es lo que yo creo que lo es. Me parece que es claro.
—Es que si yo diera una definición de lo bueno como aquello que yo pienso que es bueno, y nada más eso, no llego a ninguna parte —dije.
—No, no, usted piensa que es bueno lo que usted cree que es bueno y esa es su definición de bueno. No hay más qué decir —aseguró la persona.
—Pero es que así estamos como en una espiral sin sentido y sin contenido. Usted dice que lo bueno es lo que usted piensa que es bueno y cree que eso es una definición, pero no lo es. ¿Por qué razones piensa que algo es bueno?
—Algo es bueno porque yo creo que lo es y creo que algo es malo porque creo que lo es. No tiene mucho caso tener que ahondar más.
—Voy a intentar otro camino y ver si puedo explicarme bien —dije.
—Y yo voy a ver si entiendo —dijo la persona.
—Si le preguntamos a otra persona qué es lo bueno para ella y nos responde que lo bueno es lo que ella cree que es bueno, no sabremos lo que esa persona cree que es bueno. No sabremos cuál es su definición de bueno.
—Yo creo que sí la sabremos, lo bueno para ella es lo que piensa que es bueno y coincide con la definición que yo le di de lo que yo pienso que es bueno.
—No, no, si la otra persona piensa que es bueno matar a personas de otras religiones y usted piensa que es malo matarlas, es obvio que las dos definiciones son diferentes y no coinciden —dije.
—Bueno, lo que sucede es que pueden variar las opiniones de las personas, pero lo bueno y lo malo siempre será lo que ellas piensan que lo sea. Eso me parece obvio.
—Intentaré otro camino. Suponga que usted es un profesor de Ética en una universidad y en sus clases tiene que dar una definición de lo bueno y de lo malo. ¿Qué definición dará?
—Bueno, pues diría que… que lo bueno es lo que yo pienso que es bueno, igual que lo malo.
—¿Y así termina todo el curso en una clase de cinco minutos?
—Bueno, pero es que no hay mucho que decir sobre el tema. Lo bueno es lo que yo pienso que lo es y las cosas quedan claras, al menos para mí.
—Lo dudo, porque usted no ha aportado nada, ninguna definición, ningún criterio, nada para que otros entiendan lo que usted cree u opina.
—Bueno, pues ese es un problema de usted y no mío. Yo tengo claro lo que es bueno y lo que es malo.
—Si lo tuviera claro podría explicarlo, pero lo único que ha hecho es fabricar una espiral de palabras sin significado.

La espiral ética doble

Cuando se define de la manera anterior a la Ética como lo que cada quien piensa que es bueno —razonando que es bueno porque así lo piensa ella— se cae es una espiral de razonamiento circular que cierra la puerta a cualquier contribución del raciocinio.

Y, peor aún, si se discute de esa manera entre dos personas que entienden a la Ética como definida personalmente, se tendría una situación de dos espirales éticas cerradas sin posibilidad de abrirse.

  • Persona A: la acción k es buena porque cree que es buena —y porque cree que es buena, ella es buena.
  • Persona B: la acción k es mala porque cree que es mala —y porque cree que es mala, ella es mala.

No hay manera de llegar a acuerdos entre ellas si se sigue en la posición de esa rama subjetivista de la Ética. Y, sin posibilidad de discusión razonada o juicios críticos, la única solución posible es el uso de la fuerza.

Prueba de detección: la intención de corregir 

¿Como distinguir en la práctica que se sigue una rama de ética subjetiva o una objetiva? Hay una forma de hacerlo y es la de encontrar si produce arrepentimiento o no.

La subjetiva, por su construcción espiral, es un enfoque que impide el surgimiento del arrepentimiento —ya que la persona no puede registrar sentido de culpa si razona diciendo que lo que ella decide que es bueno lo es y lo malo lo es porque ella así lo piensa.

Bajo ese sistema ético, el arrepentimiento es imposible pues la persona siempre obrará bien y nunca mal. Este es el efecto práctico de definir a la ética subjetivamente.

¿Qué sucede con la rama objetiva de la ética?

Bajo ella, se presenta la situación de hacer algo indebido y luego darse cuenta de que lo es, para tratar de evitarlo en el futuro —de cometer un acto reprobable y a continuación tener conciencia de eso, con la intención de ya no hacerlo.

Esa situación tiene estos elementos:

1. Una conducta cualquiera, la que sea. Puede ser el consumo de drogas, genocidios, fraudes, robos, asesinatos, abusos de poder. Los ejemplos son muchos.

2. La evaluación ética de esos actos, es decir, la existencia de ideas que permiten calificar a algunas conductas como reprobables y malas — el elemento central, la presencia de criterios que derivan en reglas que hacen posible emitir un juicio con respecto a una conducta específica.

3. El darse cuenta de la existencia de una acción indebida, es decir, el cobrar conciencia de que se ha cometido un acto reprobable según las reglas que se han aceptado. Este es el arrepentimiento.

4. La intención correctiva que es el propósito de enmendar y que puede incluir (1) reparar el daño y (2) la intención de no repetir la acción reprobable —sin garantía de que jamás posteriormente se repetirá la acción, pero sí la sincera intención de no hacerlo.

Y si llegara a repetirse ese acto, entraría de nuevo en juego el mecanismo de darse cuenta y reforzar la intención de no repetir.

¿Qué sucedería si no existieran esas normas objetivas?

Primero, ningún acto sería bueno ni malo ni irrelevante. Segundo, no entraría en juego el mecanismo de arrepentimiento/corrección.

El resultado sería un escenario general en el que todo se permite y no existe un método de corrección para minimizar al menos las acciones indebidas. Algo sumamente indeseable.

Conclusión

Han sido presentadas dos grandes ramas de la ética, las que a su vez presentan dos variaciones —lo que en conjunto presenta la posibilidad de normas éticas definidas subjetivamente por la persona y la de normas objetivas decididas sobre bases externas.

Más las consecuencias de la ética subjetiva —la que produce una espiral ética que impide discusión y juicio crítico, y que cierra la posibilidad de arrepentimiento y corrección.

Y unas cosas más…

Debe verse:

Crisis de valores: conciencia distorsionada
Argumentos contra el relativismo. Un análisis

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