Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Exigencia De Sensibilidad
Eduardo García Gaspar
7 abril 2015
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es uno de los signos de nuestros tiempos. androjo

Un rasgo de lo considerado, hoy en día, buena educación.

Es un derivado de la obsesión con la idea de la tolerancia.

Está muy bien representado es lo que en inglés llaman “sensitivity training”.

Esto es el capacitarse y entrenarse para poder reconocer los prejuicios propios y desarrollar sensibilidad frente a las condiciones de las demás personas.

Está generalmente dirigido a los terrenos en los que se desea ser tolerante frente a diferentes culturas, distintas nacionalidades, estilos sexuales de vida, discapacidades y otras más.

La idea, en su fondo, no es mala, al contrario. Es exactamente lo mismo que en otros tiempos se conocía como buena educación, cortesía, amabilidad, etiqueta, galantería. Algo que muestra la terrible obsesión de nuestros tiempos para ponerle nuevos nombres a lo que ya existía desde antes.

Pero esa buena idea, de buena intención, se ha llevado a extremos. Extremos que la han transformado en una modalidad de censura: la obligación de no decir nada que, implícita o explícitamente, pueda ser interpretado por otro como algo que hiera o lastime su sensibilidad.

Es decir, el desarrollo de sensibilidad en las personas se ha convertido en un asunto de interpretación subjetiva. Casi cualquier cosa que usted o yo podamos decir corre el riesgo de ser interpretada por otros como algo que hiere su insensibilidad. Y si eso sucede, usted y yo seremos denunciados.

Se nos acusara de insensibilidad y podremos ser objeto de castigos que llegan a ser severos. Es un fenómeno curioso porque exige sensibilidad a unos, al mismo tiempo que fomenta lo opuesto en otros.

Si, por ejemplo, usted expresa una opinión contraria al matrimonio de personas del mismo sexo, podrá ser acusado de falta de sensibilidad por parte de un homosexual. Sin embargo, al homosexual no se le exigirá que sea sensible a la opinión que usted tiene.

O bien, si usted expresa una opinión en contra del aborto, corre el riesgo de ser acusado de falta de sensibilidad ante los derechos de la mujer. Pero a la mujer que se queje de eso, no se le pedirá que sea sensible hacia la opinión que usted mantiene.

Consecuentemente, hay una asimetría. A algunos se les exige ser sensibles frente a ciertas opiniones, pero a quienes sostienen esas opiniones no se les exige ser sensibles a las opiniones contrarias.

Esta es una forma de censura que favorece la difusión de unas opiniones y reduce la difusión de otras.

Por ejemplo, se verá como más o menos normal y deseable tener cursos universitarios sobre la historia de los afroamericanos en América, pero no será bien visto un curso sobre la historia de los blancos occidentales en América (a menos que en ese curso se les trate negativamente).

Hoy, resulta muy común hablar de los derechos de la mujer, pero los derechos del hombre son mucho menos mencionados.

La persona que critique la idea de derechos exclusivos de las mujeres podrá ser acusada de falta de sensibilidad, pero quien ahora esa acusación no será acusada a su vez de lo mismo en el sentido opuesto. Es decir, no se pedirá sensibilidad frente a la idea de criticar a los derechos femeninos.

La exigencia de sensibilidad frente a algunas opiniones, pero no otras, es una modalidad de censura que altera la libertad de expresión. Una modalidad cuyo peligro radica en el desconocimiento de que se trata de eso, de una forma de censura que se ha confundido con buenos modales.

La libertad de expresión es complicada. Si ella se quiere entender correctamente, es necesario aceptar que se sufrirán situaciones indeseables, pero que esas situaciones indeseables son el costo que debe pagarse por su efecto neto positivo.

El caso de la revista francesa Charlie Hebdo es un ejemplo de lo que digo.

La publicación no es precisamente el clímax de la buena educación, al contrario. La vulgaridad y la bajeza que en ocasiones produce la libertad de expresión es algo inevitable. Al mismo tiempo, eso es un precio no demasiado elevado para gozar de los beneficios de la libertad de expresión.

En resumen, lo que querido hacer notar, es la existencia de un mecanismo sutil y desconocido de censura. Una censura selectiva que a unos exige sensibilidad y en otros fomenta, sin quererlo, dureza.

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