Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Generación Con Burbuja
Eduardo García Gaspar
16 julio 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un rasgo de nuestros tiempos. Una forma de ser.

Una actitud propia de algunos niños y jóvenes. ¿Cuántos? No sé, pero hay indicaciones de que no son pocos.

Difícil de explicar en abstracto pero fácil de mostrar con ejemplos.

• Uno de ellos. Una carta de una maestra de primaria, escuela privada en México. Reportada en una columna (Jesús Amaya, Familia 21, El Norte, 31 mayo 2015). Una maestra con 20 años de serlo renuncia. La razón:

«Los niños de ahora te retan, te desafían […] no existe el mínimo respeto a maestros, director y aun hacia sus padres. Hablan en clase, no escuchan instrucciones, se oponen a tareas, te exigen que les hables “bonito” y cuando los envías a la dirección o a la coordinación se burlan diciendo que “nunca les hacen nada”».

• Otro ejemplo en otra columna (The Trigger-Happy Generation, Peggy Noonan, WSJ, 22 mayo 2015). Una universidad, un curso. Se discute Metamorfosis de Ovidio, una narración no exenta de violencia.

Un alumna que había sido víctima de un ataque sexual se queja. Considera que el profesor no notó sus sentimientos, los que fueron lastimados por el texto leído. «Ella no se sintió segura en la clase».

• Regreso a la primera columna. Narra otro caso. Una maestra de primaria pide a un niño que amarre sus agujetas para no tropezarse. El niño dijo no porque estaba jugando.

La maestra lo obliga. Al día siguiente la madre del niño se queja con la directora: su hijo perdió el juego por lo de las agujetas y se pasó la tarde llorando. La directora exigió a la maestra pedir disculpas. La maestra ya no cuida a los niños como antes.

Federico Johansen ha definido esto en pocas palabras y lo llama sobreprotección:

«En la actualidad, la sobreprotección consiste en permitir que los niños y adolescentes tengan la libertad para realizar cosas para las que no están preparados, y no permitirles hacerse cargo de las consecuencias».

Un problema serio a futuro. Produce una generación por venir de la que una buena parte resultarán seres humanos desacostumbrados a la realidad.

«La primera generación que viene con su sofá para desmayos», como escribió Peggy Noonan. Les llaman a ellos copos de nieve: delicados, frágiles, únicos y cualquier cosa los puede destruir, tocarlos con la mano es indebido y un poco de calor los derrite.

Hay en esa generación un segmento quizá numeroso, pero, de seguro llamativo, que no tiene capacidad de soportar nada que se le oponga. Los padres comienzan a crearlos cuando no saben ellos decir «no». Y hacen creer a los hijos que en el mundo solo existe una opción, la de hacer la voluntad del niño.

Crecen en una burbuja creada por los padres, que son los únicos responsables, en la que no sufren contrariedades, no enfrentan consecuencias; en la que su voluntad es ley, en la que el «no» no existe. Los padres crean Pol Pots en miniatura.

El problema es, por supuesto, que el mundo que sus padres les han creado no existe. La burbuja en la que fueron «educados» no existe. La realidad es diferente, muy diferente; sobre ella no tienen el poder que tienen sobre sus padres. Y se producen choques, a veces, severos.

Los ejemplos que cité ilustran algunos de los choques que se dan cuando el niño/joven sufre un ataque de realismo y reacciona queriendo hacer que la realidad se adecúe a la burbuja en la que ha vivido gracias a sus padres.

Burbuja fuera de la que se sienten inseguros, amenazados y cuando pueden, recurren a sus padres; y cuando no, recurren a eso de sentirse amenazados por Ovidio y su Metamorfosis.

Esto es un parte, la debilidad mental que acude a lo políticamente correcto como lenguaje protector y crea a la tolerancia como la única virtud posible en esa burbuja que cualquier pequeño detalle puede reventar.

Las últimas herramientas con las que se pretenden convencerse a sí mismos que el mundo es perfecto, la expectativa que creó una pésima educación familiar.

Post Scriptum

Otra idea sobre el tema, de Federico Johansen merece verse Por Favor Viole el Reglamento.

La sobreprotección tiene consecuencias; se han citado:

«Sentimientos de inutilidad y dependencia. Falta de iniciativa propia, creatividad, seguridad y autoestima. Desinterés por conocer sus talentos y habilidades. Indiferencia por las necesidades del resto de las personas. Insatisfacción por sus propios logros. Cierto nivel de egocentrismo y necesidad de atención. Conductas poco sanas para conseguir sus deseos personales, como la manipulación».

En lo que esta columna ha puesto atención es el egocentrismo y la manipulación, que llegan a niveles exagerados con refuerzos como la continua intervención de los padres para mantenerlos en la burbuja ante maestros y profesores que la rompen causando rabietas que los padres no quieren enfrentar.

Debo contar una anécdota personal. En un aeropuerto una niña de unos 7 años ilustró todo lo que la colocaba como un ejemplo de pésima educación.

Sus padres y ella tomaron asientos próximos a los nuestros y continuó la misma muestra de terrible educación. Al final del vuelo, comenté a mi mujer “Han creado un monstruo”, cosa que no pensé que entendieran los padres que en todo el viaje hablaron inglés. Lo entendieron, también hablaban español. Enojado, muy enojado, el padre se dirigió a mí pidiendo respeto a su caso. Respeto a la burbuja.

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