Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gente Estúpida
Eduardo García Gaspar
4 marzo 2015
Sección: GOBERNANTES
Catalogado en:


“I love just being with the American people. . . . You know how passionate I am about trying to help them.” B. Obama

Es una especie de hipótesis del gobernante. De algunos de ellos. androjo

Lo que en su fondo ellos piensan de la gente. Un ejemplo, Obama desde hace tiempo.

Suele él decir que sus ideas son buenas y que si la gente vota en su contra es que no las entiende la gente. Debe él, piensa, comunicarlas mejor.

Mi punto es sencillo. Ciertos gobernantes, que no son pocos, toman como cierta una idea sobre los votantes. Piensan que son tontos, o al menos, no muy inteligentes.

En cambio ellos son los que sí saben, los más inteligentes. No es algo abierto que traten públicamente, pero sí algo oculto, incluso inconsciente.

Es que la gente, para un gobernante, puede convertirse en una molestia, algo incómodo. Sucede a menudo cuando se combinan dos situaciones.

• El gobernante piensa de sí mismo como un agente reformador, con especial sabiduría sobre lo que el país necesita. Él y quizá otros como él son los que saben lo que conviene, eso que salvará al país. Es la mentalidad de quien siente ser un salvador nacional.

• La gente no vota por él, al menos en la proporción que él espera. Siendo el salvador, él tiene la expectativa de ser reconocido como tal y recibir votos en cantidad abrumadora. El no recibirlos en esa cantidad, constituye un shock que él explica de una manera directa: la gente es estúpida.

Dentro de la mente de este gobernante, el mundo se percibe de una manera especial: él es quien tiene la capacidad de lograr una sociedad perfecta o casi, el lo sabe, tiene las ideas, conoce lo que necesita hacerse; si no lo eligen, el problema es la gente que no lo ha reconocido como lo que es.

En su idea de una sociedad perfecta, la gente tendría la suficiente inteligencia como para elegirlo. Si no lo elige es que las personas no son inteligentes. La definición de estupidez, entonces, se vuelve clara: “no entenderme significa que el otro es tonto, que no alcanza a ver lo que yo sé”.

Hay, por tanto, en el gobernante salvador una buena dosis de arrogancia intelectual. Cree ser él parte de la élite intelectual con la obligación de acarrear a los que no lo entienden, a pesar de eso, por medio de la acción gubernamental. Esto es lo que está detrás de su humanismo.

Su preocupación humanista, su deseo de ayudar a otros, tiene en su fondo ese sentimiento de desprecio ante la estupidez de tantos que no le reconocen. Es que no le comprenden, no tienen la sutileza mental como para comprender que él sabe lo que el resto no.

En esa mentalidad hay algo de cierto. El ciudadano común no es precisamente un experto político ni económico. Su voto, demasiadas veces, dista mucho de ser racional. Sin embargo, eso no significa que sea un tonto imposible. Después de todo, cada persona, conduce su propia vida.

La posición arrogante tiene consecuencias en su conducta. Desde el principio, el político salvador adopta un papel mesiánico sustentado en su vocación de servicio público. Ama él a la humanidad y toda su ambición es ayudarla. Es el humanista por excelencia, ese que tiene su propia idea sobre cómo lograr la felicidad del resto.

Por eso, el político salvador se lanza al mundo en busca de oprimidos y opresores, con él en el papel de héroe salvador. Él es quien sabe como hacerlo y lo podrá hacer cuando llegue al poder.

¡Ah, si él tuviera el poder para hacer lo que él quiere, entonces la sociedad sería justa, perfecta, feliz!

De allí que si llega al poder, enfrente otra molestia, la división del poder, la existencia de opositores dentro del gobierno mismo. Será molesto tener que trabajar con cámaras de legisladores donde hay opositores. Y ve a estos como reaccionarios, tontos, defensores de intereses especiales, tontos que no entienden su visión.

La existencia de este tipo de político es inevitable. Los puestos de poder son extraordinariamente atractivos a quienes se sienten superiores y piensan tener la respuesta a la felicidad social. Y, muchos de ellos, tienen la habilidad de convertir a las elecciones en una competencia por dádivas gubernamentales.

Llegando, por esa vía, al poder, el gobernante salvador iniciará su gobierno con medidas que suponen como cierta esa idea de que la gente es estúpida; que por sí misma no podrá ser feliz y que necesita la intervención estatal en sus vidas. Por ejemplo, estudiar sin costo y relajar los estándares académicos.

Todo lo que he querido hacer es destacar esa idea oculta en la mente de demasiados gobernantes, esa de que usted y yo somos tontos y, sin el gobierno conduciendo nuestras vidas, no seremos felices.

Post Scriptum

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