Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Guerras y Religión
Eduardo García Gaspar
18 junio 2015
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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androjoSalió de un clisé. Una de esas ideas que poco dicen.

Las que se repiten creyendo que son sabiduría incuestionable. La persona dijo que las guerras prácticamente acabarían si nos olvidáramos de las religiones.

Una sociedad meramente basada en la razón sería pacífica. Eso dijo.

No está del todo descabellada la idea. Tome usted en nuestros días la violencia religiosa del Islam y eso ayudará a explicar las palabras de esa persona.

Su razonamiento es simple: quite usted la variable religiosa a esos terroristas y ellos se quedan sin causa para declarar guerras y cometer actos de terrorismo.

O, si nos vamos a hace ya muchos siglos, tenemos el caso usado siempre. El de las Cruzadas. Una serie de campañas de guerra que tuvieron causas religiosas centrales, al igual que la expansión musulmana de los siglos previos y que motivaron a las Cruzadas.

Hasta aquí, las palabras de esa persona son las mismas de muchos otros: si nos deshacemos de las religiones y adoptamos a la racionalidad humana, el terrorismo y las guerras desaparecerán.

La nueva “edad de la razón” necesita destruir a la vieja “edad de la fe”, se nos dice una y otra vez.

Este es el tipo de cosas que son irresistibles de analizar. Con gran sencillez el argumento puede ser destruido mencionando el gran número de guerras que no tuvieron una razón religiosa. Piense en las dos guerras mundiales, en Corea, en Vietnam. Considere la invasión rusa a Ucrania.

O vayamos a tiempos anteriores: la rebelión de Taiping, las conquistas de los mongoles, las de Alejandro Magno, las de Napoleón; las guerras sino-japonesas. Esas y muchas otras instancias bastan para demostrar que las religiones no son la causa central de las guerras.

Todos esos casos pueden usarse para probar sin muchas dudas que aunque usted haga desaparecer a todo sentido religioso del mundo, las guerras seguirán. El clisé de la desaparición de los conflictos bélicos por causa de la guerra queda, de esta manera, destruido.

Pero el tema mantiene su interés. Sobre todo por sus aspectos más profundos.

Una causa de guerra y conflicto, quizá la central, es eso que puede llamarse ambición de poder. Las ansias imperialistas de mayor dominio son con claridad eso, ansias de aumentar el poder.

Tiene mayor capacidad de explicación esta causa que la religión, pero sobre todo, hace entender que las religiones pueden ser interpretadas con cierta facilidad en creencias que justifican el aumento del poder por medios violentos. Religión más como pretexto que como razón justificada.

Pero puede ser que en algunos casos sí se tenga algún caso de creencia religiosa que justifique el ataque y la guerra contra otros, los infieles.

Sin embargo, la conclusión más razonable es la de culpar a la ambición de poder como causa central de la guerra por parte del agresor. Y esto nos lleva a una posibilidad que no suele ser considerada, tal vez por no entenderse bien en estos tiempos de demasiada televisión.

Tome usted, por ejemplo, una religión que sostenga que el gran principio moral es el de amar al prójimo como a uno mismo, expresado de la manera que sea. Para quienes tienen esa creencia religiosa, la guerra es a todas luces indeseable y entre ellos se producirá un estado mental que ponga un cierto yugo a las ambiciones de poder.

En otras palabras, las religiones pueden constituir un freno a las guerras. Quizá no las eviten, pero tenderán a no facilitarlas. Una resultante extraña para muchos. Extraña pero lógica. Quien cree en ese principio de amor al prójimo tenderá a poner límites a las ambiciones de poder y, por tanto, a las guerras.

Lo fascinante es lo que de eso puede concluirse: si usted quita a la religión también está quitando un freno a la posibilidad de guerras. El resultado será: más guerras, más frecuentes, más sangrientas. Exactamente lo opuesto a lo que esa persona decía. Los sucesos del siglo 20 son prueba de esto que digo.

Siendo el nuestro un mundo imperfecto, debemos reconocer que no hay manera de detener la posibilidad de guerras y que las tendremos con mayor o menor intensidad todo el tiempo. La aceptación de esta realidad está bien representada en las tesis cristianas sobre la guerra justa.

No es complicada la cuestión en su fondo. Quitar a la religión no tendrá el efecto de hacer desaparecer las ambiciones de Putin, por ejemplo, El real enemigo es la ambición desmedida de poder y, también, las justificaciones religiosas de esa ambición.

“Sin religión”, dijo la persona, “la humanidad gozaría de mayor paz”. Esto es lo que llama la atención, la popularidad de clisés que son repetidos sin haberlos pensado realmente. Quizá el gran error de nuestros tiempos, el haber dejado de pensar.

Post Scriptum

Para una lista de guerras, puede verse 10 Deadliest Wars In Human History. También List of Wars by Death Toll.

Véase también Sí, Hay Guerras Religiosas.

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