Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hacer Filosofía, Hacer Preguntas
Eduardo García Gaspar
6 agosto 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es vista como algo odioso. Algo que molesta. Una cosa que es difícil entender.

Que es complicada e incomprensible. Más aún, se le ve como algo inútil.

Algo sin lo que es perfectamente posible vivir bien. Me refiero a eso que llamamos filosofía.

En parte hay una razón en todo eso. Ha sido convertida en algo complejo y está ocupada en cosas de apariencia inútil. Incluso, si uno trata de leer algunos escritos filosóficos puede comprobarse que están escritos de manera que nadie los puede entender.

En el origen no fue así. Fue todo lo contrario. Cicerón, por ejemplo, escribió algo sobre Sócrates. Dijo que el griego «fue el primero en bajar a la filosofía del cielo y establecerla en la ciudades y presentarla en las casas de la gente, y forzarla a investigar la vida ordinaria, la ética, el bien y el mal».

Creo que la idea es clara. Se trata de entender que la hace la gente común, si es que ella recibe alguna ayuda de alguien que se comporte como Sócrates.

Un tipo interesante que no cobraba por sus servicios. Tal vez no lo hacía porque se limitaba a hacer algo sumamente peligroso, a hacer preguntas.

Hacer preguntas es el punto de partida del conocimiento. Aquel que no sabe hacerse preguntas no puede tener una vida completa, al menos según el griego.

Preguntas sobre las cosas en las que por lo general uno menos piensa, como el porqué de la vida, de la muerte, el sufrimiento y otras cosas por el estilo.

No son cosas reservadas a los intelectuales, ni a las personas que tienen recursos suficientes como para darse al ocio. Cualquiera lo puede hacer si es que quiere, como Sócrates dialogando con todo el que se le presentaba enfrente, sin importar su estatus social.

Es decir, todos estamos en posibilidad de hacer filosofía. Esto significa hacernos preguntas. Podría pensarse incluso en hacer algo más. Algo como tener a un Sócrates que nos hiciera preguntas.

Esto nos facilitaría en el camino al conocimiento por nuestros propios medios, que son esas respuestas a las preguntas que otro nos hace.

Lo anterior no lleva algo que creo que merece una segunda opinión. El tema la actitud sencilla y humilde que se necesita para aceptar que otros pongan en tela de juicio nuestras creencias. Una actitud que creo que no existe nuestros días.

No estamos en tiempos en los que la filosofía sea algo deseado por la gente. Al contrario, es algo que se rechaza. Y creo que se rechaza por eso precisamente, porque hace preguntas y las preguntas molestan. Serán muy pocos los que acepten que sus opiniones sean puestas en el banquillo, e incluso declaradas falsas.

La cosa empeora cuando las preguntas se hacen con un cierto tono irónico, algo que hizo famoso Sócrates. Evitar la ironía al hacer preguntas que ponen en tela de juicio a las opiniones de otros, me parece que es imposible.

Si definimos a la filosofía como el arte de hacer preguntas y responderlas usando la razón, será obvio que se necesita más de una persona. Son necesarias al menos dos, y las dos con la suficiente humildad como aceptar errores propios, una cualidad que no es precisamente parte de nuestra cultura actual.

Me parece razonable afirma que nuestros tiempos son más la soberbia que de humildad. Tanto es así que los diálogos entre personas que piensan diferente suelen ser solucionados pidiendo respeto igual para esas opiniones.

Sócrates hubiera reído hasta el hartazgo con esa solución actual, la que debemos admitir es francamente ridícula.

El punto de partida del hacer preguntas es reconocer un conocimiento escaso y tener la ambición de aprender. Esto es lo que no creo que suceda en nuestros días. Aunque nuestro conocimiento sea escaso, creemos que es amplio; aunque decimos que queremos aprender, hacemos todo lo posible para no hacerlo.

Hablo de conocimiento sobre esas preguntas que no son objetos de estudios de laboratorio. Las hemos descuidado en nuestros días. Más que descuidado, simplemente las despreciamos. Las consideramos poco útiles el mundo en el que la utilidad es un criterio central.

¿Qué utilidad puede tener el hacerse preguntas sobre la razón de nuestra vida?

Ninguna, sería la respuesta que nos darían en estos tiempos. Eso tiene consecuencias que podemos ver en algo que también es característico de nuestros tiempos en los que hemos perdido el sentido de la razón de nuestras vidas.

Post Scriptum

La cita de Cicerón fue tomada de la obra de Johnson, P. (2012). Socrates: A Man for Our Times (Reprint ed.). Penguin Books, de donde tomé algunas ideas ideas.

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