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Humanidades y Medios
Selección de ContraPeso.info
4 agosto 2015
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Jorge Enrique Mújica. Agradecemos a Arcol.org el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Humanidades y medios de comunicación: la técnica y el sentido.

Sucedió en 2011 en uno de los programas de televisión más vistos en la Unión Americana: el show de David Letterman, en la CBS.

El conductor tiene como invitado a una estrella de la música, Justin Bieber, a quien pone en aprietos cuando en un momento de la entrevista pregunta el número y nombre de los continentes.

Basta decir que el joven cantante canadiense no sabe, entre otras cosas, que Europa es una de esas respuestas que debe dar.

Casos análogos se repiten en concursos de belleza, artículos de prensa, posts en redes sociales, programas de televisión y radio, en los que no sólo se advierte una crisis del saber más elemental sino también un contraste entre montaje técnico y vacío de contenidos.

Pensemos por un momento en los reality show, los platós, los talk show o los programas de concursos basados en la participación del auditorio en torno a temas como la música o el baile, por no hablar de verdaderas banalidades.

No se puede negar que en muchos de ellos –al menos los de mayor audiencia nacional e incluso mundial– hay una fuerte inversión económica reflejada en la calidad técnica de los montajes.

Sin embargo, esa calidad no se corresponde con ese vacío de contenido al que en un tuit aludía el primer ministro italiano, Matteo Renzi, después de echar una mirada a la tv de su país: «Tramas, secretos, falsos scopp, fardos espaciales y retropensamiento: basta una tarde de tv e finalmente se entiende la crisis del talk show en Italia» (26.01.2015).

Que ese tipo de programas logren audiencias tan elevadas vienen a decirnos que, de una u otra forma, gozan del favor del público que les ve u oye. Y esto supone reflexionar precisamente en que en realidad están reflejando un vacío de conocimiento y reflexión más bien generalizado.

No podemos negar que los medios de comunicación tienen también una finalidad de ocio y descanso. Pero uno y otro parecen estar cada vez más asociados con esa «puesta en off» de la cabeza que a la larga se extiende a todos los niveles y momentos de la vida.

Una constatación de este tipo se debe en buena parte a esa opción de las sociedades de apostar más por la técnica que por el sentido.

Es sabido que al día de hoy son más bien escasos los estudiantes que se enrolan en carreras que dicen relación con los estudios de humanidades y multitud los que se inscriben en áreas de lo práctico. Las previsiones a futuro indican que esta tendencia no se va a revertir.

Al presente son muchos los que saben hacer muchas cosas ciertamente útiles e incluso necesarias.

La duda es si ese saber práctico dice relación con el sentido (el porqué y el para qué) de aquello que se hace y que, a la larga, posibilita la satisfacción más profunda en el ser humano porque le hacen ver no sólo la utilidad de su trabajo sino también su propia realización personal en él.

En el pasado a esto respondían las humanidades y en buena medida eso quedaba también de manifiesto en el tipo de comunicación que se ofrecía, lo que quedaba «materializado» en el contenido.

No es que antes no existieran divergencias u opiniones contrastantes sino que al menos ofrecían argumentaciones de fondo, con un cierto espesor que al menos inducía al respeto, y no un simple «me gusta» o «no me gusta» a modo de opinión.

En todo este contexto se puede decir que la crisis de la comunicación hodierna es la crisis del contenido. Por contenido no ha de entender el producto reflejado en las pantallas o en las bocinas sino el porqué de ese contenido.

Los romanos tenían una máxima famosa que ha llegado a nuestros días: «pan y circo». Pan y circo parecen ser también las maneras como el ser humano hoy en día es mayoritariamente tranquilizado.

Que el entretenimiento se haya convertido en una industria dentro de los mass media es ya un indicador de esta deriva.

Las humanidades (arte, historia, retórica, estilo, lenguas, etc.) apuestan por el hombre en su integridad y no sólo por un aspecto de lo humano. Naturalmente las humanidades no son «la solución» a la crisis del contenido en contexto mediático pero sí una parte de ella en cuanto que pueden integrarse tanto remota como próximamente.

Remota facilitando su contacto con el saber técnico y próxima en cuanto que se convierten en oportunidad de reflexión acerca del sentido de lo que se proyecta o piensa proyectar.

Después de todo, el entretenimiento, el ocio y del descanso también pueden ser oportunidades pedagógicas de formación en la medida en que el hombre es elevado y no reducido a priori a ser incapaz de consumir otro tipo de productos, de no menor valor técnico, que le lleven a ser quien debe ser indicándole cuál es la meta.

Y en esta dirección es donde las humanidades siguen siendo un apoyo: porque lo que ha sido bello en el pasado lo sigue siendo en el presente y lo será en el futuro pues la belleza no tiene fecha de caducidad.

Y así, además, se convierte en contenido que da sentido a lo comunicado. Algo útil también para Justin Bieber.

Nota del Editor

Esta columna de Jorge Enrique Mújica fue distribuida por arcol.org como cortesía de Informarse: revista de formación y cultura humanística.

Tal vez el punto central de la columna sea el afirmar que “la crisis de la comunicación” en nuestros días equivale a “la crisis del contenido”. Lo que obliga a definir qué es “contenido”, no tanto como lo que llena al medio de comunicación sino la razón que justifica ese contenido.

Imagino que eso que llama razón del contenido solamente para definir en su nivel de contribución a la realización del potencial humano,

Varios ejemplos de lo bajo de los contenidos de los medios pueden verse en Adormilados en lo Vulgar.

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