Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ideas En Competencia
Leonardo Girondella Mora
2 marzo 2015
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Quiero examinar, con un poco de mayor profundidad que la usual, una frase repetida con separador.001frecuencia —una frase que encierra una idea que con facilidad puede ser calificada como un clisé.

Es relativamente común escuchar que en un mercado libre de ideas; de las discusiones que en ese mercado se tengan, la verdad eventualmente surgirá y se impondrá para ser universalmente aceptada.

Esto significa presuponer que la libertad de expresión, si ella es respetada, hará que tarde o temprano emerja la verdad y que ella sea reconocida por todos. Supone que la libertad de expresión crea una especie de mercado de ideas en el que las opiniones y creencias compiten entre sí, dando al final un resultado positivo. La verdad surgirá victoriosa.

Es una idea tremendamente optimista. Tiene similitud con otra. La de que los mercados económicos, gracias a la competencia, terminarían por seleccionar al mejor producto o a la mejor tecnología —igual que en el mercado de ideas, en el que acabaría dominando la verdad.

¿Es eso cierto? No considero razonable adoptar una posición tan optimista —y justifico mi opinión en la prueba cotidiana de la imperfección humana.

Pienso que en un mercado económico libre, como en un mercado libre de ideas, ni el mejor producto, ni la mejor tecnología, ni la verdad son un producto inevitable.

La imperfección humana, más aún, es la que me hace pensar que es mucho más probable la supervivencia del error.

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Quiero examinar la situación que produce un proceso de libertad de expresión en el que se examina un tema cualquiera —por ejemplo, el de aborto, la existencia de Dios, o la liberación sexual.

La expectativa optimista aseguraría que en ese proceso de competencia de ideas, que son propuestas, justificadas, modificadas y estudiadas, al final eventualmente surgiría la verdad aceptada universalmente.

Esto es lo que me parece que es una expectativa en exceso optimista. La primera duda que surge es, por supuesto, la del significado que “eventualmente” tiene—me refiero al plazo de tiempo que debe dársele para que el proceso de resultados definitivos.

Además, siempre estará presente el riesgo de no aceptación de la verdad, por contundente y confirmada que ésta pueda ser —es decir, la situación real en la que no todos estén conformes con lo que parecería ser una verdad legítima.

A lo que voy es algo sencillo —lo que crea la libertad de expresión es un proceso continuo y sin final predecible, en el que es posible proponer y justificar ideas, dentro del que no hay un resultado final absoluto.

Más bien, la libertad de expresión crea oportunidades para que la verdad surja y tenga oportunidad de ser defendida —pero donde los errores y equivocaciones serán comunes dada la imperfección humana.

La libertad de expresión, por tanto, permite la existencia de un proceso en el que diferentes ideas compiten entre sí —sin la garantía que ese proceso produzca verdades que sean aceptadas sin dificultad.

Esto será menos marcado en campos del conocimiento que permite comprobaciones empíricas, del tipo de estudios de laboratorio o experimentales —es decir, los campos del conocimiento que puede llamarse filosóficos seguirán produciendo situaciones de ideas en competencia en la las que será extraordinariamente difícil producir un acuerdo universal.

La libertad de expresión debe ser defendida en sí misma pero sin tener la expectativa demasiado optimista de que ella produzca eventualmente verdades aceptadas por todos —sin embargo, a la libertad de expresión se le debe ver como una herramienta que crean posibilidades para que la verdad surja con posibilidades de convencer a los más posibles.

Puede entonces entenderse la necesidad constante de recordar y reafirmar la verdad, sea en momentos en que ella es ampliamente reconocida, o en tiempos en los que ella haya sido olvidada.

La defensa de la verdad es, por tanto, una labor constante dentro de ese proceso de ideas en competencia.

Es claro que ideas falsas y equivocadas en terrenos como la economía, la política y, sobre todo, la moral, pueden producir terribles efectos en la sociedad —siendo posible solamente por medio de la libertad de expresión tener la oportunidad de corregir a esas ideas falsas y equivocadas.

En el tema del aborto, por ejemplo —en estos días existen leyes que lo han legalizado, faltando al principio de que la vida es sagrada desde el momento de la concepción. Un error grave y de serias consecuencias, que solamente podrá ser corregido si existe libertad de expresión.

Nota del Editor

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