Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ideas Obvias, Olvidadas
Eduardo García Gaspar
9 marzo 2015
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Son ideas obvias. Prácticamente evidentes por sí mismas. androjo

O, al menos, ideas que no necesitan trabajosas demostraciones.

Ideas importantes cuyo olvido produce problemas.

Me refiero a principios evidentes.

Un ejemplo claro: la economía libre produce mayor prosperidad para todos que la economía planeada y que el intervencionismo económico.

Es cierto que hay pruebas teóricas y prácticas que demuestran eso, pero en cierto sentido ellas resultan innecesarias. Que la libertad económica produce mejores resultados es una idea intuitivamente aceptable para cualquiera.

Cualquiera que se ponga a pensar y concluya que es mejor trabajar con libertad que tener al gobierno dándole órdenes y quitándole dinero sin necesidad de trabajar.

Por eso es que resulta sorprendente que existan personas que piensen lo contrario, que crean que es mejor retirar la libertad económica dándole al gobierno la autoridad para ordenar a los demás cómo trabajar y para quitarle parte sustancial de su ingreso.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión. La existencia de ideas que son en sí mismas evidentes pero que se olvidan y son sustituidas por ideas a veces opuestas de dudosa calidad.

Digo, porque me parece en extremo aventurado creer que un gobierno tenga la capacidad para planear la economía entera de un país; una idea claramente atrevida.

Otro ejemplo de esas ideas que son evidentes por sí mismas: la acumulación de poderes, funciones y responsabilidades del gobierno crea una situación de alto riesgo de crisis económica y de abuso de poder.

No se necesitan grandes demostraciones para probar que eso es verdad (considere usted, por ejemplo, el caso de Grecia).

No es complicado entender lo anterior. Es mero sentido común. Por eso sorprende que existen personas que temen a las empresas grandes y, sin embargo, expresen un gran cariño por gobiernos grandes a los que en estricta lógica deberían temer aún más.

Insisto en lo que he dicho. Existen ideas como las dos anteriores que deberían ser aceptadas intuitivamente, sin gran necesidad de pruebas ni demostraciones, pero que son olvidadas una y otra vez causando serios problemas.

El olvido de que la libertad económica produce mejores resultados es causa de retraso económico y pobreza. La acumulación de poder excesivo en los gobiernos crea muy grandes riesgos de crisis económicas y de abusos de poder.

Lo mismo acontece con otra idea. La de que la naturaleza humana es imperfecta. Me parecería una petición descabellada solicitar pruebas de esa imperfección. Somos testigos de ella todos los días a toda hora. Es algo que no puede dejar de aceptarse.

Y, sin embargo, a pesar de eso, esta idea se olvida con frecuencia sorprendente. Piense usted, por ejemplo, en las personas que creen que los gobernantes, en un sistema socialista, se comportarán como ángeles sabios y sin defectos. La suposición es absurda.

Absurda, pero sucede y produce consecuencias muy desagradables. Si todos los humanos somos imperfectos, nada hay que indique que los gobernantes son la excepción a esa imperfección.

Las tres anteriores más otras ideas similares presentan ese curioso caso de ideas de mero sentido común, simples y accesibles para todos porque no necesitan grandes demostraciones ni pruebas, pero que son olvidadas y sustituidas por otras que resultan absurdas, como el suponer que el intervencionismo económico dará mejores resultados que la libertad.

Otro ejemplo. Creo que no necesita gran demostración el aceptar que el ser humano tiene amplias diferencias con respecto a los primates. Aún no ha sido vista una catedral gótica construida por un chimpancé, ni una novela escrita por un bonobo.

Por eso, suponer que el enorme parecido que hay entre el DNA humano y el de esos chimpancés indique que debemos comportarnos como ellos, es una idea tremendamente alocada. Los humanos somos mucho más que DNA. Otra idea que se olvida con frecuencia.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

El señalar el curioso caso del olvido de ideas simples, sencillas y de sentido común, y cómo ese olvido es causa de muchos de nuestros problemas, como la pobreza y muchos otros más.

Post Scriptum

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