Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Inocencia Democrática, Astucia Política
Eduardo García Gaspar
22 abril 2015
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La teoría Bolchevique de la dictadura del proletariado resultó significar la androjodictadura del comité central, para sorpresa y horror de muchos adherentes”. Irving Krystol

Es un campo lleno de sorpresas. De resultados inesperados. Ilusiones fracasadas y deseos malogrados.

Me refiero a la política.

Concretamente quiero ir a la democracia y la desilusión que suele producir.

Bien vale esto una segunda opinión.

Comencemos con una idea central, la de gobiernos basados en la voluntad popular. Es la noción del autogobierno. La ilusión de que las personas de un país tienen la capacidad de gobernarse a sí mismas, nombrando a sus gobernantes periódicamente.

Esta es la idea central de muchas concepciones democráticas, la que colocan todo su énfasis en la existencia de elecciones periódicas y el voto razonado de las personas. Eso basta, se piensa, para tener un sistema político bueno.

Como en muchas cosas de política, las buenas intenciones no son suficientes. Hay una gran necesidad de incorporar dosis fuertes de escepticismo para domar al optimismo desenfrenado.

¿Puede la gente gobernarse a sí misma eligiendo por medio del voto a sus gobernantes?

Inyectemos la duda, que es siempre algo sano. La idea del autogobierno es demasiado optimista.

Supone que el voto será razonado, pensado, analizado y calculado racionalmente por la mayoría de los votantes. La realidad no parece apoyar esta idea, como tampoco la de que votarán la inmensa mayoría.

Más aún, la realidad no parece demostrar que las elecciones llevan al poder a gobernantes consistentemente experimentados, sabios y prudentes. Más bien, su elección parece depender de índices de popularidad basados en sentimientos y emociones, alterados por otorgamiento de privilegios a segmentos de peso electoral significativo.

No es sorpresa que la democracia basada en la idea tan color de rosa como la de poder detectar y elegir a los mejores, cause desilusión. Un régimen de ese tipo tiene riesgos graves: dictadores y totalitarios llevados al poder con legitimidad electoral.

Lo que parece hacer falta es introducir al sistema esa dosis de escepticismo sano que haría poner en duda tanta sabiduría popular. Sospechar de todo el que detenta poder es un primera paso. Una sospecha que la idea de la división del poder considera como certeza absoluta: no dejes que quien hace leyes sea juez, ni el que las aplique las haga…

No solo eso, que de por sí es esencial, sino también otra idea que choca con la democracia inocente del autogobierno.

Hay ideas, principios, normas, que no están sujetas a votación popular, ni a alteración gubernamental. Una idea que suele chocar al demócrata inocente.

Ese demócrata que, como un amigo, dice que “en una buena democracia se debe respetar a la mayoría y hacer lo que ella decida con su voto, sea lo que sea y con la aceptación del resto”, Este es el tipo de mentalidad ingenua al que debe temerse quizá como el mayor peligro democrático.

Sin esas ideas no sujetas a voto, llevadas a las leyes y la división del poder, la democracia se convertirá tarde o temprano en otro de esos sistemas a los que quiso combatir. La gente puede gobernarse a sí misma mientras reciba ayuda externa y la comprenda. Ayuda que está en la división del poder y en esas ideas no sujetas a votación.

Cuando los ciudadanos no tengan esas ideas, siquiera en formas simplificadas, y las atesoren como valores incuestionables, con facilidad serán despojadas de la libertad que poseen y abrirán el camino a sistemas de autoridad excedida.

Esto es lo que le sucede a Europa y lo que ha sucedido en las democracias de América Latina.

Y eso tiene sentido porque al final de cuentas, la optimista idea de la capacidad de autogobernarse solamente es posible cuando la gente es libre.

Perder la libertad es perder la posibilidad de gobernarse a sí mismo, que es precisamente lo que sucede cuando el ciudadano se vuelve dependiente del estado de bienestar.

No creo que sea malo en sí mismo ser optimista y tener ideales, al contrario. El problema está en ser ingenuos. Me refiero a eso de que en medio de los lobos, las ovejas deben ser sencillas como palomas, pero astutas como serpientes (Mateo 10: 16).

Post Scriptum

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