Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Discusión Cambió
Eduardo García Gaspar
16 abril 2015
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es muy característico de nuestros tiempos. Es un choque de mentalidades. androjo

Una oposición entre diferentes maneras de pensar.

Algo que incluso ha sido llamado guerra cultural.

Se puede notar muy bien en las discusiones sobre aborto y legalización del matrimonio homosexual.

Es el choque entre personas que piensan de manera muy diferente.

Unos creen que las personas pueden crear su propio código moral y, sobre esa base, definir un estilo de vida propio que merece el respeto de todos. Son los que reclaman tolerancia hacia cualquier forma de pensar.

Ellos piensan que las personas deben liberarse de las formas tradicionales de pensar. Sobre todo, de los códigos tradicionales del moral. Piensan que las personas tienen la capacidad para definir individualmente lo que es bueno y lo que es malo. Están muy bien representados en eso que se llama contracultura.

Los otros piensan prácticamente lo opuesto. Sostiene valores que pueden llamarse tradicionales, confían en la herencia intelectual de generaciones anteriores. No es que quieran evitar el cambio, sino que prefieren las transformaciones graduales en el tiempo.

Son las personas que muestran un gran respeto por los valores y las instituciones tradicionales, las religiones, la familia y, en lo general, eso que se llama Civilización Occidental.

Los dos tipos de opinión se enfrentan muy claramente en terrenos como el del aborto. Quienes lo reprueban y quienes quieren legalizarlo, o lo han ya legalizado, piensan de manera muy diferente. Es el choque entre el conservadurismo y el progresismo.

La mentalidad conservadora piensa que las experiencias de generaciones anteriores está acumulada y muy bien representada es lo que puede llamarse tradición.

Por ejemplo, siglos de experiencia social acumulada de generaciones anteriores muestra que la familia es un concepto central, con el que no se puede jugar aprobando medidas como el matrimonio de personas del mismo sexo.

Del lado opuesto, la mentalidad progresista supone que todo puede ser cambiado ignorando las experiencias de todas las generaciones anteriores. En el caso de la familia, supone que su concepto puede cambiarse sin consecuencias. Esto es lo que le hace defender al matrimonio de personas homosexuales.

El terreno de este choque de mentalidades es lo más profundo que se puede tener dentro de una sociedad. Va mucho más allá de las discusiones sobre diferentes opiniones económicas.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

En tiempos no muy lejanos, la discusión típica política era económica. Argumentaban en pro y en contra partidarios del socialismo y partidarios de la libertad económica. Unos querían regímenes socialistas y otros querían regímenes liberales. Aunque esta discusión se mantiene, el choque de opiniones ha ido a otro nivel más profundo.

Ya no es la planeación económica central versus el liberalismo económico. Ahora, el choque de opiniones es mucho más profundo. Es un choque moral. Un choque de opiniones cuya base es la diferente percepción de la naturaleza humana.

A esto colabora un factor central. Para los conservadores, la religión constituye uno de esos valores tradicionales que deben respetarse y conservarse. Para los progresistas, por el contrario, la religión es un estorbo que impide la realización humana.

Las diferentes concepciones del laicismo ilustran lo que estoy diciendo.

Para el progresista, la religión debe ser desterrada del campo público. Esto es lo que él entiende como laicismo. En cambio el conservador entiende al laicismo como la separación entre Iglesia y Estado, la libertad religiosa. Son dos ideas muy distintas.

En lo general, el progresista es fuertemente materialista. En cambio, el conservador es claramente espiritual, es decir, piensa que el ser humano es más allá que solo materia. No sorprende que ambas formas de pensar entiendan a la sociedad de maneras totalmente diferentes.

Lo que he querido hacer es apuntar que las viejas discusiones económicas han pasado a otro campo.

Un campo de mucho menor importancia de la que tiene la discusión actual y que es al final de cuentas, un choque moral, sobre la definición de lo que es bueno y lo que es malo para ser humano.

Un ejemplo de esto es el diferente entendimiento de la igualdad.

Para el progresista la igualdad es un concepto netamente materialista por lo que no extraña que él entienda al gobierno como un agente igualador en las dimensiones materiales. El conservador por su lado, entiende a la igualdad como una de derechos y que admite desigualdad material.

Post Scriptum

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