Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Distancia Del Problema
Eduardo García Gaspar
15 julio 2015
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea es genial. Su primera impresión es de obviedad, hasta que ella se entiende totalmente.

Y se entiende completamente cuando se ve que a diario se ignora.

El tema bien vale una segunda opinión.

Comencemos por el principio, con una cita:

«… sigue, no obstante, en pie y firme en la filosofía social aquel gravísimo principio inamovible e inmutable: como no se puede quitar a los individuos y dar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria, así tampoco es justo, constituyendo un grave perjuicio y perturbación del recto orden, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar y dárselo a una sociedad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, por su propia fuerza y naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos».

En otras palabras, no hagas lo que otros pueden hacer por sí mismos; no los sustituyas, no les impidas actuar. Deja que ellos se valgan por sí mismos, que solucionen sus problemas; que usen su mente y sus habilidades. No seas paternalista; no regales pescado, enseña a pescar.

Es la idea que modera a la caridad, a la caridad descontrolada. Esa que lleva hasta el extremo de sustituir a la persona cuando hacer eso la anula. Piense usted en la madre que hace ella las tareas y deberes escolares de sus hijos, lo que con buena intención anula el aprendizaje que ellos tendrían.

La idea que orienta a la caridad por los buenos caminos, que son los de no impedir que los otros usen sus talentos para valerse y aprender por sí mismos. Una calificación de reprobado es un mal suceso, pero puede mostrar al hijo las consecuencias de no estudiar. En la próxima ocasión, los padres no tendrán que recordarle que debe estudiar.

Pero hay más. Esa genial idea hace ver que las personas deben valerse por sí mismas en una escala de cercanía, comenzando por la persona misma, siguiendo con quienes están más cerca de ella y aumentando la distancia solo cuando eso es necesario; cuando, y solo cuando, la ayuda de otros más alejados es verdaderamente necesaria.

Piense usted en el caso de un anciano que ya no tiene ingresos, o en el de una mujer que ha resultado embarazada fuera del matrimonio. Bajo ese principio de ayuda ordenada por la cercanía, la primera responsabilidad cae en los familiares más cercanos. Los hijos del anciano; los padres y hermanos de la mujer.

A partir de allí, el círculo de ayuda puede ir creciendo solamente si en realidad es necesario. Puede extenderse a familiares menos cercanos, a amigos cercanos, a vecinos. Incluso a asociaciones caritativas locales. A todos estos antes que a organismos más alejados. Tiene lógica. todo esto.

La tiene porque concibe al ser humano como capaz, hábil, pensante, compasivo. Más aún, permite entender que somos capaces de aceptar y cumplir con responsabilidades.

Pero esa lógica se olvida cuando la caridad se enturbia cegando los ojos de quien desea hacer algo compasivo sin pensarlo bien. El caso extremo de esa caridad enturbiada es el del organismo más alejado de la situación y que interviene cancelando la responsabilidad que debe ser primero de otros.

Piense usted en el caso real de gobiernos que queriendo hacer caridad tiene programas de ayuda a ancianos sin ingresos y a madres solteras. Aunque esos programas pueden ser vistos con beneplácito, eso es sólo la primera impresión.

La realidad es que esos programas están sustituyendo y anulando a las personas que deberían estar a cargo de solucionar esos problemas: familiares inmediatos, amigos cercanos y demás.

Los hijos que tienen la responsabilidad de ayudar al padre anciano cuando este lo necesita, son liberados por el gobierno de esa responsabilidad. La madre soltera que debía aprender algo de su experiencia, se convierte ahora en alguien que exige pagos por cada error que comete. Esto es lo que causa la caridad ciega, una especialidad de los gobiernos benefactores.

El principio al que me refiero se llama subsidiariedad y significa que la responsabilidad de atender una situación está en proporción inversa a la distancia en la que uno se encuentra de esa situación (a menos distancia, más responsabilidad). Y que la intervención de personas menos cercanas es la excepción, no la regla.

Quizás lo anterior pueda entenderse sabiendo el tipo de ciudadanos que así puedan crearse. El principio de subsidiariedad produce ciudadanos que aceptan responsabilidad de los problemas propios y cercanos. El estado de bienestar produce ciudadanos que no aceptan responsabilidades ni siquiera de sus propios problemas personales.

Post Scriptum

La cita es de la Carta Encíclica Quadragesimo Anno (1931) de Santidad Pío XI

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