Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Esencia Humana
Eduardo García Gaspar
2 septiembre 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es simple sentido común. De un sentido común que es poco común. Veamos un ejemplo sencillo.

Ha sido y es tema frecuente el decir que poco o nada separa a los humanos del resto de los animales, especialmente de algunos primates.

¿Es cierto o no? Podemos comenzar señalado algo obvio, pero oculto. E

l mismo hecho de que usemos la palabra «humanos» indica que se reconoce que hay algo que nos diferencia, aunque no se admita.

Decir que «humanos» y «chimpancés» son iguales o casi, apunta que reconocemos que allí hay dos clases reconocidas y distintas a las que se intenta hacer similares o iguales. Acudamos ahora a una idea aristotélica muy útil.

Eso que diferencia del resto a un tipo de cosas, eso es precisamente lo que define a la naturaleza de ese tipo de cosas. No es complicado.

Es lo que nos permite distinguir a un perro de un gato; o a un árbol de una semilla. Quizá no lo podamos verbalizar con total claridad para explicarlo a otros, pero sabemos hacer esas distinciones.

En el caso de los humanos, podemos distinguirlos de plantas, de animales, de todo el resto de cosas. ¿Cómo? Descubriendo las características que son humanas y que no son del resto, es decir, las diferencias.

Las cosas que descubramos de esta manera serán las características que definan (y separen) a los humanos del resto.

Usted puede pensar ahora en alguna de ellas. Hágalo, es un buen ejercicio.

Quizá descubra que solo los humanos pueden escribir música, pero no los bonobos, ni ningún otro animal; o que ningún otro animal forma sindicatos de trabajadores que manifiestan en las veredas de una jungla; o que no hay animal que conozcamos que pida crédito para gobernar dando pensiones a los otros animales de la manada.

Contribuyo con una idea simple. Ningún animal se ha puesto a pensar y proponer qué es lo que lo diferencia del resto de las cosas. Tampoco ha escrito al respecto proponiendo una taxonomía de las cosas. En otras palabras, en ninguna otra especie ni género animal ha existido un equivalente de Platón, o de Aristóteles.

Algo debe haber en los humanos que los separe del resto de los animales. Quizá sea el pensar, es decir, el hacerse preguntas y buscar respuestas. Llámele usted curiosidad intelectual. Quizá como el ver a la luna y descubrir que tiene un ciclo; u observar que hay otro ciclo solar; y medirlos y usarlos.

La pregunta que sigue es la obvia. ¿Sigue siendo humano alguien que no llega a las alturas de Aristóteles? La diferencia entre un chimpancé y Aristóteles es clara, pero queda por ver si existe esa diferencia entre el chimpancé y otros miembros del grupo humano (algunos de los que parecerían apoyar la idea de que no hay diferencias).

¿Las hay? Sí, sí las hay. Es humano todo aquel que pueda pensar, que sea capaz de hablar, leer, preguntar… Si esta es la esencia humana, de allí pueden obtenerse otras conclusiones que son llamativas.

Una de ellas, la de las diferencias no esenciales. Es obvio que hay diferencias entre los humanos. Diferencias físicas, mentales, de gustos, de opiniones. Diferencias que no los separan del grupo humano. Siguen siendo humanos a pesar de tener esas diferencias y eso significa que deben ser tratados como humanos, igual que el resto.

Por lógica que nos parezca la conclusión, ella no es fácil de alcanzar. Se necesita cierto refinamiento mental y, más aún, convencimiento propio. Ni siquiera hoy en día se acepta universalmente esa igualdad esencial humana (si no me cree, vea al Estado Islámico y su modo de tratar a la libertad religiosa).

Hay otro problema, el de los casos en los que el ser humano no tiene capacidad para pensar. El del enfermo con algun padecimiento cerebral, por ejemplo. ¿Es humano? Hoy algunos dicen que no; al igual que dicen que no es humano un embrión en el vientre materno.

¿Ve lo que digo? La idea de la igualdad humana, en su esencia y que deriva en igual trato para todos, aún hoy tiene problemas. Nos escandaliza el tratar a otra raza como inferior, en el apartheid, por ejemplo, pero al mismo tiempo se propone tratar como cosas sin valor humano a los bebés en el vientre materno.

Curiosa situación que muestra otra faceta esencial humana, la de pensar y razonar, lo que sin remedio significa poder encontrar la verdad, pero también sin remedio nos lleva a errores. No creo que otro animal pueda llegar a esa misma posición, la de cometer errores de pensamiento y darse cuenta de ellos y corregirlos.

Post Scriptum

Si le gustó esta columna, quizá también Animales y Humanos: la Diferencia.

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