derechos

La inflación de los derechos humanos. La conversión de libertades en una lista creciente de reclamos y demandas que tienen consecuencias serias.

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Introducción

La idea de derechos humanos es parte fundamental del discurso actual, razón suficiente como para examinarla con cierta profundidad. Esto es lo que hace Scruton y lo hace con perspicacia.

Su idea es la de una inflación de derechos humanos, una lista creciente de derechos que ya no respetan su idea original. Han sido reinterpretados como reclamos. Y eso cambia totalmente las cosas.


La idea fue encontrada en Scruton, Roger, The Soul of the World. Princeton University Press, pp. 83-87.


Punto de partida

Bajo el subtítulo de Rights Inflation, Scruton presenta la idea de un cambio en los derechos. Esa inflación de los derechos humanos.

Una transformación que va de los derechos a la libertad a los derechos que son reclamos. Gracias a la ambigüedad de la formulación de los primeros ha sido posible pasar a los segundos.

El caso del derecho a la vida

El derecho a la vida es usado como ejemplo de lo anterior. En la Declaración de Independencia de los EEUU, ese derecho significa la libertad de decidir la propia vida sin amenazas contra ella. Impone en otros la obligación de no matar.

No hay dificultad alguna que impida incluir dentro de una lista de derechos esa idea, que es parte de cualquier entendimiento moral y que no tiene necesidad de ser probada.

Pero hay un problema, esa idea del derecho a vivir, ya que puede ser tomada con otro significado. Puede ser interpretada como un derecho a la protección de la vida en contra de lo que sea que la amenace.

El autor usa un ejemplo, el de una enfermedad que pone en riesgo la vida.

Quien la padece puede argumentar que tiene esa enfermedad, pero también que sus derechos han sido violados. Visto así, este derecho obliga a responder quién le debe ayudar y de qué manera se remediará esa violación de derechos.

Un médico que no atiende a esa persona puede ser acusado de violar derechos. El ejemplo muestra lo controvertida que puede ser esta interpretación de derechos como reclamos, pero que no lo es en el caso de entenderlos como libertades.

Si los derechos humanos fuesen entendidos como libertades, entonces ya no se tendría ese problema de inflación.

El asunto de la responsabilidad

Es un asunto de descripción y asignación de responsabilidades, para lo que existen otras y mejores formas.

La inflación de derechos, la que incluye su entendimiento como reclamos de beneficios no específicos, como estándares de vida, salud y educación, que se han infiltrado en la Declaración de Derechos Humanos.

Y, ya que ellos no son específicos en cuanto a la responsabilidad que asignan, sin remedio llevan a la conclusión de que es el Estado quien debe ser su proveedor. Un satisfactor de reclamos que surgen de una forma de interpretar derechos.

La indefinición de los reclamos, su vaguedad, lleva a una «expansión masiva del poder» estatal. Las responsabilidades que antes radicaban en las personas son ahora facultad estatal. La vida social se concentra en los gobiernos.

Para muchos, esto es «moral y políticamente peligroso». Y más aún, la mutación de la interpretación de derechos, dice el autor, lleva a una dirección que es exactamente la opuesta a la que originalmente conducían los derechos en su interpretación original.

Se dirigían a limitar al gobierno y ahora lo expanden. Eran entendidos como libertades, pero ahora son reclamos.

Los derechos no están aislados

Los derechos no son, además, independientes de otros conceptos básicos en las relaciones entre personas y cómo ellas arreglan sus asuntos solucionado conflictos o acordando intereses comunes.

Conceptos como responsabilidad, inmunidad, poder, necesidad, permiso, posibilidad, probabilidad, se usan en el razonamiento sobre deberes y derechos.

Es decir, la noción de derechos no está aislada de otras, con las que trabaja intrincadamente en mecanismos de evaluación y cálculo.

La idea de la justicia, por ejemplo, es parte de estos razonamientos y hace ver que resulta injusto que la persona vea violado su derecho a la propiedad.

Derechos como esfera de autonomía

¿Qué se gana con el uso de derechos, un concepto jurídico? Para el autor, eso permite que la persona posea una esfera de autonomía propia, de «soberanía personal», dentro de la que sus decisiones son la ley.

Las esferas de soberanía personal son lo que permite a ellas el aceptar con libertad responsabilidades y así, tener la ventaja de relaciones con acuerdos. Son los límites que, sin son cruzados, significarían una agresión.

Esas esferas de soberanía son lugares desde los que pueden lograrse acuerdos voluntarios. Sin ellas, los acuerdos serían inestables. Las transgresiones a esa esfera de soberanía impedirían la capacidad de que dos personas llegaran a acuerdos que les signifiquen aceptación de responsabilidades.

Los derechos permiten crear una sociedad en la que la regla general es la de relaciones voluntarias. Cada persona en su esfera de soberanía excluye a los demás y, además, crea el nexo entre derecho y responsabilidad.

Esto es lo que le da a los derechos en su interpretación de ser libertades la posibilidad de ser universales.

La inflación de los derechos humanos interpretados como reclamos, al contrario, hace que ellos violen la posibilidad de acuerdos mutuos y están despegados de las nociones de responsabilidad y acuerdos libres.

En resumen

Scruton, entonces, ha proveído una idea comparativa entre dos interpretaciones de los derechos humanos ocasionada por su inflación.

Derechos como libertades

Los derechos como libertades son herramientas que defienden la soberanía personal y permiten acuerdos y responsabilidades libres entre personas soberanas.

Estos derechos como libertades pueden verse como un veto, algo que frena a lo que otros pueden hacer conmigo o tomar de lo mío. Una no interferencia en los asuntos personales y que protege la posibilidad de tener poder en las propias decisiones

Derechos como reclamos

Los derechos como reclamos significan agredir a la esfera de autonomía personal, ya que implican la imposición de una obligación que no es necesariamente aceptada por la otra parte.

Los reclamos, explica Scruton:

«Le decimos a él: aquí hay algo que debes hacer o proveer, incluso aunque el deber de hacerlo no provenga de nada que hayas hecho o de lo que seas responsable. Esta es simplemente una demanda que debes satisfacer. Y eso, a su vez, parece una invasión de sus derechos».

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Y unas cosas más solamente…

Debe verse:

Derechos verdaderos y falsos: su diferencia

Otras ideas relacionadas:

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Sobre el libro tratado:

The Soul of the World

The Soul of the World by Roger Scruton
My rating: 4 of 5 stars
La intención de Roger Scruton, en esta obra, es tomar ideas filosóficas sobre la mente, el arte, la música, la política y las leyes “para definir lo que está en riesgo en las disputas actuales sobre la naturaleza” de las creencias religiosas. En unas 200 páginas, divididas en 8 capítulos, examina ideas que llaman la atención, que, para mí al menos, resultan atrayentes especialmente: la cara humana y la música. La obra desarrolla “una concepción del sujeto con auto conciencia y su mundo”. Y en eso hay una intención notoria: hay cosas en lo humano que trascienden a la ciencia natural. La intencionalidad en una relación yo-tú va más allá de lo que existe en el mundo natural y en eso precisamente puede verse nuestra necesidad religiosa.
Quienes creen que todo lo que puede admitir el estudio de lo humano es la investigación científica, entienden a la persona como un objeto que puede ser explicado. Sin embargo, somos también sujetos y eso significa que podemos ser entendidos, pero por otros caminos, esos que se dirigen a responder a una pregunta “¿por qué?”
El otro libro de Scruton que leí, The Face of Good, contiene tratamientos y argumentos similares y hace que quizá sea posible considerar la lectura de ambos como si fueran dos tomos de una misma obra. En resumen, un libro muy aconsejable para el interesado en defender la naturaleza humana completa, la que contiene una identidad que va más allá de lo físico.
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Libertades convertidas en demandas

Por Leonardo Girondella Mora 

Los derechos humanos —de su sentido original— han sido llevados a otro plano, en el que son comprendidos como demandas sociales que solo pueden ser satisfechas por los gobiernos.

Es un cambio de tal manera abismal que ha pasado desapercibido por la mayor parte de las personas, las que sin mucho pensarlo encontraron un día en el que la libertad de expresión pertenecía ya a la misma categoría de cosas como la educación pública gratuita.

Un punto en el que no puede insistirse demasiado. Es el fenómeno de la inflación de derechos humanos apuntado por R. Scruton y que se manifiesta en una lista creciente siempre de demandas y reclamos.

El vuelco del sentido original al nuevo tiene sus consecuencias —las que provienen de las dos formas de entender a los derechos humanos:

• Derechos como libertades: la labor gubernamental es solo ser un instrumento que reconozca esas libertades y defienda a cada ciudadano al aprovecharlas para vivir, trabajar, poseer y, en general, realizar sus ideas y proyectos.

• Derechos como demandas: la labor gubernamental se complica y convierte en una fuente de satisfacción de peticiones y reclamos que, se presupone, mejoran la vida y el bienestar de las personas. Ocasionan el crecimiento del aparato estatal.

Consecuencias de la inflación de los derechos humanos

Quiero en lo que sigue apuntar algunas de las consecuencias que produce el vuelco en el significado de los derechos humanos, cuando dejan de entenderse como libertades y se comprenden como reclamos que solo el gobierno puede satisfacer.

1. Catálogo sin límites

Transformados en demandas sociales, los derechos humanos se convierten en un catálogo ilimitado de peticiones —como bien lo muestran las ideas de los derechos de segunda, tercera y cuarta generación.

2. Imposibilidad de implantación

La enumeración ilimitada de demandas y reclamos es imposible de satisfacer dada la realidad de recursos limitados del gobierno —el que no tiene medios suficientes para atender esa lista infinita y siempre creciente de reclamos.

3. Fomento de malos hábitos

Los derechos concedidos como demandas crean hábitos en las personas, expectativas de recibir por derecho propio y sin necesidad de mostrar merecimiento, esos favores y dádivas —lo que amplía la expectativa futura y que nunca puede satisfacerse.

4. Descontento creciente

La inflación de los derechos humanos hace que la ciudadanía se transformae en una masa de sentimientos de descontento —sin agradecer el recibir lo que se entiende como derecho, lo no recibido aún produce quejas y reclamos de injusticia.

5. Conflictos entre derechos

La creación ilimitada de reclamos y demandas complica la concepción y hace entrar en conflicto a unos derechos con otros —como cuando se altera el derecho de propiedad de unos para dar recursos a otros.

6. Expansión estatal

La creciente lista de reclamos produce un gobierno con poder también creciente que se transforma en un régimen potencial de autoritarismo —lo que es bien expresado en eso de que quien tiene mucho poder para dar también lo tiene para quitar.

7. Clientelismo

El otorgamiento de dádivas que satisfacen esos reclamos se sesgará hacia los sectores que apoyen al gobierno en turno y crearán envidia entre los sectores que no los reciban a su satisfacción.

8. Democracia dañada

Las demandas cambian el sentido de las elecciones democráticas, volviéndolas un concurso de ofertas de favores a sectores con poder de voto —olvidando que los gobiernos tienen la función de gobernar, no la de conceder dádivas.

Resumen

Lo que he querido hacer es, primero, hacer explícito el cambio en el significado de los derechos humanos —los que de ser entendidos como libertades que los gobiernos reconocen y tienen la responsabilidad de proteger, han pasado a ser definidos como una enumeración creciente e ilimitada de demandas sociales.

En segundo lugar, he hecho explícitas algunas de las razones por las que resulta inestable la conversión del gobierno en una agencia satisfactora de esas demandas sociales —insostenible por la carencia de recursos suficientes para satisfacer esas demandas.

[La columna fue actualizada en 2019-12]