Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Política de Hamelín
Eduardo García Gaspar
30 noviembre 2015
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Está en el fondo. En la profundidad de las premisas. Esas ideas que suelen permanecer ocultas.

Desde allí, todo lo alteran, sin que sea visible su influencia. Una de ellas es especialmente notable en política.

En la cultura política promedio.

Bien vale una segunda opinión el echar un ojo a una de esas premisas que son invisibles. Se expresa de varios modos, pero en esencia expresa la creencia en gobiernos todopoderosos.

Son ellos quienes definen lo que debe hacerse, los que lo hacen. Pueden hacer todo y, peor aún, deben hacerlo. No hay límites para los gobiernos.

Podría expresarse diciendo que la premisa presupone que los gobiernos son omnicompetentes. Pueden resolver todo problema, cualquiera que este sea. Pueden manejar y conducir a la economía. Pueden llevar a la sociedad a las situaciones más deseables. Solo ellos bastan.

La premisa es necesaria y obligada para toda afirmación que aumenta responsabilidades y funciones de gobierno. Afirmaciones como la de que el gobierno sea el responsable de la rehabilitación de discapacitados. O como cualquier otra que en la práctica haga a los gobiernos responsables de educación, vivienda, pensiones, salud…

La premisa tiene la cualidad de permanecer oculta. Es casi inconsciente en demasiadas mentes. Pero también es limitativa. Cierra la imaginación y se convierte en una creencia que lleva a una sola conclusión: el gobierno debe hacerse cargo de… (y aquí se llena el espacio con lo que sea, como becas para estudiantes).

Entonces sucede algo extraordinario, la opinión política del electorado camina por un camino sin bifurcaciones, que lleva solamente al crecimiento gubernamental. ¿No me cree?

Vea, por ejemplo, el crecimiento del gasto público de su gobierno (un ejemplo, en Argentina creció 67% más que la economía). Hoy escribe Everardo Elizondo (El Norte, GLOSAS MARGINALES / El lenguaje del Fed: la obscuridad como virtud):

«[...] cabe la preocupación sobre el aumento de la carga de la deuda externa. Por ejemplo, en el caso de México, según las cifras de Banxico, en el 2007, la deuda externa del sector público era de 55 mil 355 millones de dólares, y llegó a 147 mil 666 millones en el 2014, para un aumento de 167 por ciento. En los mismos años referidos, la deuda correspondiente al sector privado creció también con rapidez, de 64 mil 302 millones de dólares a 112 mil 697 millones, para un alza de 75 por ciento».

Lo extraordinario es que el electorado mismo no muestra signos de preocupación. Lejos de eso, buena parte de él aprueba ese crecimiento explícitamente.

Les parece imposible que ese camino lleve a un barranco profundo de crisis; algo como el embeleso que causaba el flautista de Hamelín al que se seguía sin remedio.

La premisa del gobierno que todo lo puede y todo lo hace, funciona como una caja que encierra a la mente y nada puede verse fuera de ella. La idea de que un gobierno no se encargue de la educación causa horror. La privatización del petróleo es impensable.

No hay problema que no pueda resolver el gobierno. No hay situación que no deba atender. No hay derecho que no deba hacer cumplir, como el derecho al agua; o el derecho a los anticonceptivos.

Lo que se padece es una situación política crítica que lleva al mismo destino en el que está Grecia. No es razonable bajo ningún aspecto posible suponer que la sociedad mejorará mediante el crecimiento de las responsabilidades y funciones gubernamentales.

Esto no es ideológico, es simple sentido común.

No puede haber sociedades florecientes producidas con déficits públicos, ni con más gasto, a pesar de ser una recomendación de famosos.

La causa es obvia: usted no puede hacer que la sociedad florezca retirando recursos del bolsillo de los ciudadanos. Es imposible. Pero, que se haga con consistencia, es un efecto de la premisa invisible de la que hablo.

De ella, sin darse cuenta, salen ideas como la de impuestos progresivos que tienen aprobación masiva (algo que es injusto, pero que produce horror si se niega).

Esta premisa que lleva a una conclusión única, la de un gobierno cada vez más grande, tiene consecuencias en nuestra libertad: la perdemos continuamente, cada día, sin remedio. Esto es un regreso a épocas pasadas.

La idea del derecho divino es inapelable. Los nuevos gobiernos ilimitados han adquirido ese derecho inapelable, ya no por razones divinas, sino por dogmas laicos también inapelables. Todo basado en esa premisa oculta del estado todopoderoso y que solamente puede explicarse por una terrible ceguera cultural.

Cambiar a esa premisa, sustituirla por otras ciertas y verdaderas, requerirá un cambio cultural y este no puede ser rápido. La pregunta es si el tiempo será suficiente para hacerlo antes de llegar a donde nos lleva el flautista, al despeñadero.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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